Bienaventuranzas
1 de febrero: IV Domingo del Tiempo Ordinario
Bienaventuranzas
“Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor. Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor” (Sof 2, 3. 3,12).
“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mt 5, 3-4).
Hoy se proclama la esencia de la enseñanza de Jesús, quien subió al monte a la manera de Moisés en el Sinaí; se sentó, como gesto de autoridad, y pronunció las Bienaventuranzas. Él mismo se hizo Monte, teofanía, manifestación y revelación de la Buena Noticia, en contraste con las tablas de la Ley. Mientras Moisés recibe de Dios los preceptos, Jesús es quien proclama las Bienaventuranzas.
El profeta define al resto de Israel como un pueblo humilde y pobre. En la enseñanza evangélica destaca la llamada a la humildad. María reconoce en su Magnificat que Dios ha mirado su humildad. Jesús, en otros pasajes, afirma: «Los últimos serán los primeros» y «el que quiera ser señor, que sea vuestro servidor».
En el ejercicio del discernimiento, una clave para saber si se avanza por el camino auténtico es valorar la humildad con la que se vive. Mañana celebramos los cuarenta días del nacimiento de Jesús, y sus padres acuden al templo para presentar la ofrenda, según lo prescrito por la Ley. La ofrenda son dos tórtolas. Se comenta que la razón es la pobreza; yo, más bien, creo que es porque ofrecen al verdadero Cordero.
Reitera en tu corazón las Bienaventuranzas.
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