28 de abril: IV Martes de Pascua

Trinidad Juan
Trinidad Juan

28 de abril: IV Martes de Pascua

Texto evangélico

“Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno». (Jn 10, 22-30)

Comentario

Desde el texto, podemos observar, por un lado, la cronología en la que se enmarca el pasaje: la fiesta de la Dedicación del Templo; y por otro, la circunstancia climática del invierno. A partir de estas dos referencias, se puede interpretar que Jesús se presenta como el nuevo Templo y que, en su humanidad, pasea por el pórtico más cálido, el de Salomón.

Continúa el pasaje del Buen Pastor, en el cual se revela el amor con que Él cuida a sus ovejas. Estas escuchan su voz porque Él las conoce, las ama y da la vida por ellas, estableciendo un paralelismo con la profecía de Ezequiel: “Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—. Buscaré a la oveja perdida, recogeré a la descarriada, vendaré a la herida y fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia” (Ez 34, 15-16).

A su vez, la imagen del Buen Pastor revela la identidad divina, tanto de Jesús como del Padre: “Yo y el Padre somos uno”. En el designio de Dios, las ovejas que siguen la voz del Señor no perecerán, haciendo resonar las palabras del salmista: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre” (Sal 22, 1-3).

Propuesta

El Señor asegura su acompañamiento.

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