4 de octubre: XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
4 de octubre: XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
Texto evangélico
Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». (Mt 21, 33. 37-41)
Comentario
El texto evangélico tiene en el profeta Isaías un paralelo: «La viña del Señor del universo es la casa de Israel, y los hombres de Judá, su plantel preferido. Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada» (Is 5, 7). Ambos textos, referidos al pueblo escogido por Dios como propiedad suya, describen hasta qué punto llegó la infidelidad y la violencia de los israelitas.
Sin embargo, cuando la imagen de la viña parece condenada sin remedio —porque en ella no solo se dan agraces, sino que se llega a matar al hijo del dueño—, Jesús personaliza la imagen de la vid («Yo soy la vid») y se entrega a sí mismo en el cáliz de la Cena: «Tomad y bebed, esta es mi sangre».
Son muchas las imágenes que representan la infidelidad, no solo de Israel, sino de cada ser humano. Mas Jesús ofrece su vida para perdonar a todos los pecadores, porque no ha venido al mundo para condenar, sino para salvar. Ante esta reacción de Dios de donarnos a su Hijo, solo cabe responder con amor. «Amor saca amor», dirá Santa Teresa. «Amor con amor se paga», dice el apotegma popular.
Propuesta
Hoy es san Francisco de Asís, momento de convertirse.
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