Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, IV Jueves de Cuaresma

IV Jueves de Cuaresma
IV Jueves de Cuaresma

Tiempo de reconocer la debilidad

IV Jueves de Cuaresma

(Éxodo 32,7-14; Salmo 105; Juan 5,31-47) 

Texto bíblico 

«Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”». Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo” (Ex 32,7-11.13-14). 

Tiempo de reconocer la debilidad 

A menudo se comprueba la debilidad y la quiebra de propósitos y se siente la humillación de la caída. En esas circunstancias, cabe pensar que Dios se ha enfadado de tal forma que ya no es posible el retorno. Si el texto bíblico describe de forma antropomorfa a quien nadie ha visto jamás, también vemos cómo busca la forma de perdonar, restablecer la relación con su pueblo, restaurar la alianza, y comenzar, de nuevo, el trato íntimo y amoroso. Jesucristo explicitará aún más la actitud entrañable de Dios, cuando ante la pregunta «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?», contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22).  

Jesús, sensible a los que se reconocen débiles 

Desde el primer momento, Jesús se presenta proclamando el “año de gracia del Señor”. En Él se cumplen las profecías (Is 42,1-4: Mt 12,18-20). Si en algo destaca la conducta del Nazareno, es precisamente en su actitud compasiva, misericordiosa, entrañable, sobre todo para quien se arrepiente de su pecado y reconoce humildemente su debilidad. María canta que Dios “enaltece a los humildes” (Lc 1,52). 

Propuesta 

“Os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz” (Ef 4,1-3).

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