Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo IV Miércoles de Cuaresma

IV Miércoles de Cuaresma
IV Miércoles de Cuaresma

Tiempo de discernir la voluntad de Dios

IV Miércoles de Cuaresma

(Isaías 49,8-15; Salmo 144; Jn 5,17-30) 

Texto bíblico 

“«En verdad, en verdad os digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió»” (Jn 5, 19-20.30). 

Tiempo de discernir la voluntad de Dios 

El salmista valora la ley del Señor más que el oro: “Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas. Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo (Sal 118, 14.72.127). La Cuaresma es tiempo propicio para la escucha de la Palabra, para discernir lo que Dios quiere para cada uno

Jesús, obediente a la voluntad divina 

Hay cristianos que tienen mucho miedo a pedir que se cumpla el querer de Dios para ellos, pues piensan que en ese caso les puede acontecer lo que no desean. Pero ¿quién puede querer algo mejor que Dios para cada ser humano? Jesús demuestra la sabiduría de abrazar el querer de Dios, su Padre, pues Él no hace nunca nada por su propia cuenta, sino aquello que ve y oye que desea su Padre. “Dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8,28-29). Este es uno de los secretos por los que Jesús actúa de una manera concreta, más allá de la lógica humana, porque en todo desea llevar a término la voluntad de su Padre.

Propuesta

“Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6, 9-10).

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