La travesía de la vida
9 de enero: Tiempo de Navidad
Escucha la Palabra como dirigida a ti.
“Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).
«Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados» (Is 40,1-2).
El creyente tiene la referencia permanente de la Palabra de Dios. “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, nos parecía soñar. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Recoge, Señor, a nuestros cautivos como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas” (Sal 125, 1-6).
“Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera. Misericordia, Señor, que desfallezco;| cura, Señor, mis huesos dislocados. Tengo el alma en delirio, y tú, Señor, ¿hasta cuándo? Estoy agotado de gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas. Mis ojos se consumen irritados,| envejecen por tantas contradicciones” (Sal 6,2-8).
Escucha la Palabra como dirigida a ti.
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