Testimonio de amistad
2 de enero: San Basilio y san Gregorio Nacianceno
Sé consciente de la presencia de Cristo en ti.
“Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban” (Mc 16, 19-20).
No es casual que la Ascensión del Señor acontezca en la cima del Monte de los Olivos, con Getsemaní quedando como escabel de sus pies, el lugar de la traición en la amarga noche de su arresto. Y resuena el salmo: “Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies»” (Sal 109, 1).
La Ascensión de Jesús a los cielos no significa que el Señor se desentienda de la humanidad; por el contrario, la humanidad permanece para siempre en Dios. A su vez, la presencia de Cristo sigue entre nosotros en la Eucaristía, en su Palabra, en el prójimo, cuando dos o más se reúnen en su nombre y en el corazón de cada creyente. “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).
Por este misterio, la humanidad asciende a lo más alto del cielo en Jesús, el Hijo del Hombre, quien nos precede: “No se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar” (Jn 14, 1-2).
Sé consciente de la presencia de Cristo en ti.
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