Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Desde la Cruz del Señor puedes interpretar de otra manera tu dolor.
“Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?». Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». (Jn 7, 45-46)
“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 13-16).
Hay muchas personas que están descontentas con su trabajo. Jesús se deja clavar en la cruz, quedando sujeto al madero. Son pocos los que pueden elegir su cultura, sociedad o lugar donde vivir, mientras que a un inmenso número de personas se les impone la tarea, el exilio o la pobreza. Al contemplar a Jesús clavado en la cruz, podemos trascender y transfigurar la realidad, convirtiéndola en redención y solidaridad. Jesús no escoge el lecho del madero, pero lo transforma en fuente de vida: "Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto."
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador se encarnase y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad, concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección gloriosa” (Oración del Domingo de Ramos).
Desde la Cruz del Señor puedes interpretar de otra manera tu dolor.
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