Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Invoca a María.
“En verdad, en verdad os digo: Quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre” (Jn 8, 51).
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios». El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones” (Gn 17, 4-9).
Desde una mirada al horizonte, la promesa de Dios a Abraham tiene la mejor concreción en María, la madre de Jesús, el Rey de paz. Ella ha sido constituida madre de muchos pueblos, y d ella nació el Rey de reyes, porque en la Nazarena se ha complacido el Creador y la ha hecho sello de Alianza.
María canta: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. | Desde ahora me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1, 46-48). Ella es la expresión de la Alianza consumada, por parte de Dios y por la aceptación de su Sierva: “Hágase en mí, según tu Palabra”.
Estamos en la Semana, llamada de Pasión, los fieles acuden a contemplar a la Madre Dolorosa, y en ella descargan sus sufrimientos y esperanzas. Es de sabios cobijarse en buen puerto cuando arrecia la tormenta.
Invoca a María.
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