El coro de los mil
Cada uno de ellos diferente, como los instrumentos de una orquesta humana, con sus historias, sus grandezas y sus heridas, poniendo su voz para Dios en una melodía que dirige nuestro manager: el Espíritu Santo
Dirigir un coro de 1000 personas es una bendición de Dios. Hace pocos días cantábamos juntos en el Bernabeu, tras el Papa León, todos llenos de ilusión.
El Cardenal D, José Cobo me hizo el encargo de reunir y dirigir este Coro, imagen de la variada Iglesia Diocesana de Madrid. Y así se reunieron más de 25 nacionalidades diferentes, con cantantes de 9 a 89 años. Provenían de esos coros parroquiales que semana tras semana animan su comunidad con la guitarra o el instrumento que puedan tener; coros polifónicos, coros escolares, de la ciudad y de los pueblos, todos juntos cantando sencillamente a Dios con un solo corazón y una sola fe.
Dificultades no faltaron: mira que es difícil ocultar un coro de 1000 personas y 80 músicos, jeje, pero ahí detrás estaban, con horas de espera, ensayos, con más o menos micros, sin escuchar mucho, aunque no se les nombrase, imprevistos a los que enfrentarse con gran cantidad de improvisación y buen humor. Pero nada les quitó la sonrisa y la ilusión, sabiendo que estaban al servicio de la Iglesia. Y llegó el Papa León, les escuchó y les saludó con mucho cariño. Y Dios les vio a cada uno de ellos, cantantes de Dios que llenan el mundo de alegría y de música. Y les sigue animando a todos a seguir cantando, siempre cantando. No por su éxito y su gloria, sino cantando para Dios y los hermanos. Cada uno de ellos diferente, como los instrumentos de una orquesta humana, con sus historias, sus grandezas y sus heridas, poniendo su voz para Dios en una melodía que dirige nuestro manager: el Espíritu Santo.
Invité como solistas a músicos que han contribuido con su inmensa discografía a la banda sonora de nuestras vidas: Luis Alfredo (Tan cerca de mí, qué te puedo dar, No adoréis a nadie...), Chito Morales (Brotes de Olivo: aleluya de la tierra…), , Migueli (Somos una familia…), Maite López... También contacté con Juan Antonio Espinosa y Palazón, que por achaques no pudieron venir, pero se sintieron agradecidos. Un sencillo homenaje a los que tanto aportaron, y la Iglesia aún les debe un momento de gratitud... A ellos se unieron otros noveles como Laraland (su coro de chicas es el más delicado y exquisito del panorama nacional), Nacho de Hakuna, y un grupo de cantantes del mundo de los salesianos y otros solistas, aunque muchísimos del coro podrían haber ocupado ese lugar; y a su tiempo lo ocuparán. Tuvimos el honor de acompañar a los padres Luispo y Ozores , que con otros sacerdotes y amigos cantaron los temazos de Convivium y Petrus…
También había cantantes del mundo de los musicales como María Virumbrales o Esther Izquierdo y el maestro Julio Awad al piano, director de grandes musicales en España durante los últimos 25 años.
La Orquesta Cruz Diez dirigida por el maestro Manuel Jurado es un ejemplo de las personas que llegan a Madrid y se abren camino con esfuerzo y tesón, aportando su arte, llegados de Venezuela y otros países. Y así contagiaron frescura y juventud.
También contamos con la Banda Pop Bosco, liderada por Adrián Rivas, que llevan años dinamizando encuentros. Un gracias muy grande merece la Congregación Salesiana, que colaboraron de manera institucional aportando personal; profesores y niños, organización y producción. La Inspectoría Salesiana Santiago el Mayor y la de las Salesianas María Auxiliadora, se han movilizado artística y pastoralmente por el Papa y al servicio de la Iglesia Diocesana, como D. Bosco siempre les enseñó.
David Bustamante, todo energía, Diana Navarro, tan sencilla y profunda, y Daniel Diges, que es pura sensibilidad, también aceptaron mi invitación y colaboraron con todo el cariño, a pesar de sus apretadas agendas. También desde aquí agradezco a Santi con su divertido humor y a Jorge Blas con su sorpendente magia, el haber aceptado mi llamada. Todos ellos son grandes artistas y rezo para que el papa León les reciba y les bendiga como merecen, con gratitud y cariño por parte de la Iglesia.
Ismael Olivas es un joven coreógrafo de Albacete que educa a cientos de chavales en el bello arte de la danza y él ha sido nuestro rápido y generoso coreógrafo. Aunque sabemos que en la Iglesia Católica occidental este arte no es muy apreciado, incluso a veces denostado, es cierto que para ocasiones festivas como esta, el Bernabeu no hubiera sido lo mismo sin los 100 estilizados minions que llenaron todo de elegancia, armonía y juventud. Porque ellos rezan bailando. Qué alegría tenerles. La Iglesia también es su hogar.
Y un grupo de 1200 personas pues necesita organización, “producción”. Leto y todo el equipo anda que no sudaron tinta y vertieron lagrimas para echar esto adelante. Y así fue. Gracias a todos ellos que de manera silenciosa y anónima mantuvieron el orden y la ilusión. Cayetana, desde el ayuntamiento nos ayudó en todo momento; hasta el Cabildo de Córdoba nos prestó las 1200 sillas para ensayar por medio de la intervención de algunos amigos Fenicios S.A.…y Tantas personas que lo hicieron posible. Gracias, gracias, de corazón.
Son muchos mensajes de los coreros que me han llegado contándome cuán bonita y profunda ha sido esta bella y dura experiencia de cantar, bailar o tocar para el Papa León y la Iglesia Diocesana de Madrid. Cantar juntos, sentirnos hermanos es un regalo de Dios. Ya lo decía el propio León.
Este domingo 21 a las 12h una pequeña representación de 300 (¡!), nos reuniremos a cantar en la misa de gratitud a las 12 h, con el Arzobispo y Cardenal D. José Cobo. Canciones sencillas y de siempre para que toda la asamblea cante a Dios.
Vente a a rezar y cantar con nosotros. Porque el que canta reza dos veces, y el que a la vez danza, tres. (Esta vez no bailamos, no te pongas nervioso). Cantemos, cantemos.
(Y en Navidad, qué, ¿Cantamos? Esa es… otra historia!)
