Obra del escultor catalán Xavier Bartumeus El peregrino del Pueblo Español de Barcelona es Francisco de Asís

Xavier Bartumeus
Xavier Bartumeus

Hace dos años, los responsables del Pueblo Español de Barcelona encargaron al escultor Xavier Bartumeus (Manresa, Barcelona, 1965) la figura de un Peregrino para instalarla en el espacio dedicado a Galicia

La respuesta de Xavier fue afirmativa. Lo que no sabían los promotores es que su petición coincidía con un proceso personal de conversión a la fe, con la figura de san Francisco como testigo

"Cuando hice la figura, se me rompió tres veces porque tenía miedo; lloré y todo. Te desesperas cuando ves que no te sale, cuando la tienes erguida y de pronto se te cae. Hasta que cogí valor y pedí fuerzas"

"Me piden un peregrino y yo hago un san Francisco peregrino". Aceptar la propuesta de la escultura del peregrino suponía para Xavier un doble reto, espiritual y artístico, aunque después él los uniría

Por la cruz de Tau supo lo que era un franciscano seglar y dijo: "no es que quiera, es que necesito ser franciscano seglar". Desde entonces está en formación para ingresar en la Orden Franciscana Secular (OFS)

(Antena Conventual).- Hace dos años, los responsables del Pueblo Español de Barcelona encargaron al escultor Xavier Bartumeus (Manresa, Barcelona, 1965) la figura de un Peregrino para instalarla en el espacio dedicado a Galicia. En pleno proceso de conversión y de la mano del Cántico de las criaturas, el artista representó en la imagen a san Francisco de Asís y, como aviso para caminantes, colocó visiblemente en ella el símbolo franciscano de la tau.

La cita es en la entrada del Pueblo Español de Barcelona, un museo arquitectónico al aire libre ubicado en la montaña de Montjuïc que reproduce, a escala real, más de un centenar edificios, plazas y calles de diferentes regiones de España. No podía ser en otro sitio mejor, porque allí nos espera la escultura en bronce del Peregrino, instalada a los pies de una escalinata que recrea uno de los rincones más emblemáticos de Santiago de Compostela.

Dentro del complejo, cuando llegamos a la región de Galicia, un grupo de escolares con sus profesores atiende las explicaciones de un guía. Como la intervención se alarga, aprovechamos para sentarnos al aire libre, en una mañana fría pero soleada, en las sillas de una terraza. Prácticamente solos, por la ausencia de turistas, y en un marco incomparable, comienzo a preguntar al Xavier Bartumeus pintor y escultor, pero sobre todo al converso y creyente, con la figura de san Francisco de Asís como hilo conductor. Lo que empezó como entrevista, pasó por conversación y acabó en confesión.

Xavier Bartumeus
Xavier Bartumeus

Xavier conoce muy bien el Pueblo Español. En los bajos de una de las reproducciones arquitectónicas de Cataluña tuvo durante varios años el taller de pintura, donde también exponía sus cuadros. Como con otros artistas, era una práctica habitual de la dirección para dinamizar el ambiente. «Sin salir de Barcelona, vivía en un ambiente rural», evoca. Consagrado como pintor, allí empezó a coquetear con la escultura. «Vi una salida a mi espiritualidad por un medio que no conocía», reconoce. Prueba de ello es el monje en la reproducción de la iglesia de Taüll, realizado según la iconografía de Olot, «con el que comenzó mi proceso para aprender a hacer esculturas, y por eso le tengo mucho cariño», y un Quijote de hierro en el exterior.

"Llegué a Dios por el arte"

Xavier dejó el Pueblo Español e instaló su taller en unos bajos de la calle Bailén de Barcelona, en el corazón del Eixample, donde también expone. Un día sonó el teléfono. Al otro lado surgió una pregunta: «¿Te atreverías a hacer un peregrino?». La nueva dirección del Pueblo Español le encargaba otra escultura, esta vez para introducir al visitante en la región de Galicia.

La respuesta de Xavier fue afirmativa. Lo que no sabían los promotores es que su petición coincidía con un proceso personal de conversión a la fe, con la figura de san Francisco como testigo. «A partir del monje de Taüll, empecé a estudiar vidas de santos y me convertí. Llegué a Dios por el arte. Y llegué a san Francisco por el trabajo que me ha dado el arte, por la humildad que requiere ser un artista verdadero: trabajo, proceso, paciencia. Vas viendo que cada cosita es importante, que cada cosita es parte de Dios. Con san Francisco empecé viendo películas y a leer libros, y me enamoré de su figura».

Xavier Bartumeus
Xavier Bartumeus

Xavier recuerda con emoción aquellos momentos, que ocurrieron hace dos años. A veces le cuesta encontrar las palabras exactas que puedan definir esos sentimientos tan íntimos, pero no tiene ningún pudor en confesar que es un converso. La soberbia propia del artista fue dando paso a la humildad «franciscana» del creyente.

«Todo fue providencial, ¿cómo no voy a acabar creyendo?», se pregunta. «Me piden un peregrino y yo hago un san Francisco peregrino. Porque cuando me lo piden se mezcla con mi idea de san Francisco y lo meto todo ahí, no se me ocurre otra manera».

Aceptar la propuesta de la escultura del peregrino suponía para Xavier un doble reto, espiritual y artístico, aunque después él los uniría. «Cuando hice esa figura, sabía muy poco de san Francisco, solo sabía que lo quería. Lo poco que sabía es que era un hombre que amaba todo», reconoce. Lo que hizo es relacionar la peregrinación con la naturaleza, «con la obra de Dios que te rodea», y para ello se inspiró únicamente en el Cántico de las criaturas. «No sabía más de san Francisco y por eso me inspiré en ese poema. Me imaginaba al peregrino con viento y con lluvia, calado hasta los huesos, pero agradeciéndoselo a Dios. Luego, con el sol que le secaba y le calentaba. Después, con el fuego. Mirando las estrellas. Y siempre agradeciéndolo a Dios».

Pero a continuación llegó la parte técnica, un proceso creativo donde se mezcla el genio con la destreza, la fe en uno mismo con la realidad del material utilizado, el deseo con la inspiración. «Me pasé medio año para aprender a pasar del plano al volumen. Empecé a investigar lo que es el Camino de Santiago, la peregrinación, comencé a adquirir espiritualidad, y eso me hizo cambiar muchas veces el dibujo, lo repetí treinta veces», reconoce con humildad.

"Diálogo entre san Francisco y yo"

Le dejo hablar sobre el proceso creativo: «Cuando hice la figura, se me rompió tres veces porque tenía miedo; lloré y todo. Te desesperas cuando ves que no te sale, cuando la tienes erguida y de pronto se te cae. Hasta que cogí valor y pedí fuerzas». Y le pregunto si en el taller había diálogo entre la obra y su creador: «Cada día lo acariciaba y le daba un abrazo. Para mí no era solo una escultura, estaba representando algo mucho más importante, como si me estuviera viendo. Cuando no me salía, le decía al acabar el día: “hoy no te abrazo”.

Xavier Bartumeus
Xavier Bartumeus

Pero cuando me salía con la mueca o el gesto que quería, le decía: “gracias”. Y me iba. Era como si abrazara a un amigo que está más allá, me entiende y sonríe: “que te va a salir, tranquilo”. Había familiaridad. Había un diálogo entre san Francisco y yo, incluso con Dios, aunque sea un poco osado decirlo».

Xavier se extiende para evocar aquel tiempo como un momento fundante de su vida como escultor creyente. «Pedía a Dios: “haz que me salga la nariz, por favor”. Fue un diálogo constante. Estaba contento mientras hacía la escultura. Lo pasé mal, pero fui feliz, y llegaba a casa satisfecho. En aquella época empecé a rezar, cuando nunca lo había hecho antes. Y ya ves, ahora llevo un rosario en la muñeca».

El artista convertido a la escultura y a la fe, y viceversa, se explaya en la reflexión sobre ambos quehaceres, íntimamente relacionados en su persona: «No quiero decir que lo que hacen mis manos sea obra de Dios, pero hay un vínculo. Dios es el gran escultor, el gran artista, el verdadero artista. El arte es un gran símil para entender a Dios. Cuando me planteo un cuadro o una escultura no puedo evitar pensar en Dios en el momento en que él se plantea crear el mundo con un barro metafórico. Somos, en un grado subatómico, lo que debió pensar Dios al formar el mundo. Siempre he visto al arte de verdad de esta manera. Noto muy cercano a Dios cuando trabajo. Y cuando me alejo, también se me aleja Dios».

Y llegó la hora de instalar la escultura en el Pueblo Español. Inicialmente se hizo en resina acrílica, que al reaccionar con el agua forma una pasta muy dura y adquiere la apariencia de piedra. Pero es resina, al fin y al cabo, por lo que no se pueden evitar los destrozos. «Era piedra artificial, pero quebradiza, y se llevaban como regalo un dedo, como recuerdo, la nariz. Uno se llevó la mano y tenía que ir rehaciendo esos desperfectos. Por eso, ante tantas mutilaciones, propuse hacerla en bronce». Para evitar nuevas acciones vandálicas, la idea fue aceptada por la dirección y en ello Xavier también vio una mano providente: «A los gamberros nos los trajo Dios. Fue la manera de que entendieran que había que hacerla en bronce, ni siquiera en mármol. Todo esto se ha hecho durante la pandemia y ha sido un poco milagro haberlo conseguido».

Xavier Bartumeus
Xavier Bartumeus

"Un ser entrañable, bajito"

Ahora es cuestión de esperar al proceso de oxidación y al consiguiente cambio de color. Xavier confía que eso ocurrirá más pronto que tarde, teniendo en cuenta la humedad de Barcelona y la salinidad del mar, dada la proximidad de la ubicación de la escultura con el puerto. Mientras tanto, él continúa con su labor escultórica y su impronta creyente. También con su compromiso social a través la organización cultural Universo de Trapo, que desarrolla iniciativas artísticas con fines solidarios para proyectos comunitarios de desarrollo.

Después del (San Francisco) Peregrino realizó las figuras de los apóstoles para la parroquia Nuestra Señora de Belén, en plenas Ramblas de Barcelona («El apostolado fue el último toque de conversión. A partir de ahí empecé a considerarme primero creyente y después pintor y escultor»), y actualmente está acabando un San José y un San Pascual Bailón para la iglesia del Santísimo Sacramento de la calle Aragón.

Pero su amor por san Francisco no acaba en el Pueblo Español. Cuando tenga más conocimientos de su figura, quiere realizar una escultura más elaborada de su persona: «Mi idea es acabar haciendo una escultura de san Francisco con todo el sentimiento que me provoca hacerlo cercano, como lo estoy viviendo, un ser entrañable, bajito y lleno de Dios que se acerca a ti. Necesito hacer esa figura congraciada con la naturaleza. Ahora no me atrevo a hacer mi interpretación. No sé cuándo, pero tengo que hacerla». Y el segundo proyecto que tiene pendiente, cuando se pueda viajar, es peregrinar a Asís para conocer la tierra de san Francisco. Para eso me ofrezco como guía, si tiene a bien. Así quedamos mientras seguimos conversando camino de la Plaza de España. Aunque antes nos veremos en la inauguración de su exposición de pinturas sobre la Divina Comedia de Dante en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona, prevista para el mes de mayo.

Cruz de tau

Todo empezó por una tau

Sin él saberlo entonces, todo empezó por una tau, la cruz con la que firmaba san Francisco y que se ha convertido en un símbolo franciscano universal. Hace veinte años, un amigo suyo que hizo el Camino de Santiago le trajo una tau como recuerdo. Sin conocer su significado, él se la ajustó al cuello y desde entonces no se ha desprendido de ella. Con el tiempo, ese objeto se ha convertido en la llave que le ha abierto las puertas a la fe a través de la figura de san Francisco.

Pronto unió la conversión a la oración, y un día que estaba rezando en la parroquia de la Concepción, en la calle Aragón, donde acude asiduamente, un sacerdote capuchino colaborador, al verle la tau, preguntó a Xavier si era terciario franciscano. «Le contesté que no y que no sabía qué era eso. Me lo explicó un poco y se me encendió todo. Entonces dije: no es que quiera, es que necesito ser franciscano seglar». Desde entonces está en formación para ingresar en la Orden Franciscana Secular (OFS).

En la misma iglesia vivó otra escena gracias a la tau. «Me siento a rezar, como hago muchas veces. Una chica se pone al lado y me ve la tau. “Es que le quiero invitar al retiro Emaús”, me dice. No sabía lo que era eso. Me hizo gracia porque rimaba con mi apellido. No había oído hablar antes del pasaje de Lucas. Esa chica no estaba loca, la veía contenta, emocionada. Entonces no la conocía de nada, pero acepté. Me dijo: “El día anterior yo estaba llorando y un señor me regalo una tau, y al verle con ella tuve la necesidad de invitarle”. Qué cachondo es Dios cuando se sirve de estas cosas».

En las dos últimas décadas, Xavier solo se ha quitado la tau en dos ocasiones: para hacer un molde perfecto con ella y colocarla visiblemente en el morral que lleva el (San Francisco) Peregrino del Pueblo Español, como un sello o una marca («si puedo meter la tau, la meto en todos los sitios»), y para usarla en la imagen del San Pascual Bailón de la capilla de la adoración nocturna femenina. «Como lleva la hostia sagrada en la mano, he hecho una cruz y en medio he puesto la tau, es un guiño».

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