Josep Solé, el organista de los papas: "Tocar bajo la cúpula de Miguel Ángel es un acto de oración"
"Saber que el mundo observa y que el Santo Padre está a pocos metros crea una inmensa presión. Para un creyente, el Papa no es solo una figura representativa, sino el Vicario de Cristo en la Tierra", señala el músico catalán
"Tocar bajo la cúpula de Miguel Ángel no es solo una actuación musical, sino un acto de oración que se extiende mucho más allá de los muros de la basílica". Y esa sensación la puede experimentar desde 2021, cuando fue nombrado organista para las celebraciones litúrgicas del Papa, Josep Solé Coll, nacido en nacido en Sabadell (Barcelona), y que lleva dos décadas en Roma, adonde llegó desde la ciudad catalana para incorporarse al personal de la Basílica Pontificia de Santa María la Mayor, de donde pasaría a la de San Pedro de 2012 a 2018, como organista titular adjunto.
Formado musicalmente en Barcelona, donde estudio piano antes de trasladarse a al Ciudad Eterna, para cursar estudios de órgano en el Pontificio Instituto de Música Sacra, reconoce que, más que miedo escénico por su exposición mundial al tocar el órgano en todas las celebarciones que preside el papa, lo que siente es "una «tensión sagrada» que surge de la conciencia del misterio celebrado. Saber que el mundo observa y que el Santo Padre está a pocos metros crea una inmensa presión. Para un creyente, el Papa no es solo una figura representativa, sino el Vicario de Cristo en la Tierra. Tocar durante sus celebraciones significa ponerse al servicio de un acto divino. Esta conciencia exige una concentración absoluta. Pero en cuanto suena el primer acorde, la música se impone y el miedo se transforma en energía."
"Dado que las celebraciones del Papa se retransmiten a nivel mundial, la música llega a millones de personas. Siento una profunda obligación de dar ejemplo de excelencia artística, porque la belleza es la forma más importante de evangelización", señala el sacerdote en entrevista con Katholisch. "Mis colegas del Coro de la Capilla Sixtina y yo somos conscientes de que la calidad de nuestro servicio puede elevar el corazón de los oyentes de todo el mundo".
Sabe, pues, de su responsabilidad, lo que también, para llegar hasta ahí, habla de un reconocimiento a su valía, un honor y distinción que no está al alcance de la mayoría. Pero él lo vive con una clave que le permite seguir con los ies en el suelo: "Sin duda, es un hito prestigioso, pero en la música sacra, el concepto de «reconocimiento» tiene un significado diferente. No lo veo como un trofeo para exhibir, sino como una llamada al servicio. Los años que pasé en Santa María la Mayor fueron fundamentales porque me enseñaron disciplina y rigor; hoy, mi papel en las celebraciones litúrgicas del Santo Padre me exige unir todo lo que soy —tanto como músico como creyente— y ponerlo al servicio de la Iglesia".
Un servicio en el que ha podido conocer a tres pontífices. "Benedicto XVI tenía requisitos específicos; él mismo era músico, y su hermano Georg Ratzinger fue Kapellmeister en Ratisbona durante treinta años. Con el papa Francisco, gran amante de la música, inicialmente interpretamos piezas como la Misa Criolla de Ramírez, pero fueron opciones experimentales que pronto abandonamos, ya que la música «clásica» u operística a menudo no es inherentemente litúrgica y no se adapta al rito. En cuanto al papa León, sabemos que canta, y canta muy bien; en cuanto al resto, aún lo estamos conociendo. En cualquier caso, nuestra colaboración siempre se ve facilitada por el Maestro de Ceremonias para las celebraciones litúrgicas papales.
Y aunque es consciente de la singularidad de tocar el órgano en la basílica a la que se dirigen mayoritariemente los ojos de la cristiandad, Josep Solé rconoce haber albergado siempre un deseo: tocar en la catedral de Notre-Dame de París. "No solo por el icónico instrumento o la tradición de la improvisación y la música de órgano, sino también por la refinada liturgia que allí se celebra. Allí se encuentra la unión perfecta entre la excelencia artística y el ritual, donde la música es pura oración. Mi esperanza es que cada celebración pueda aspirar a esta síntesis: unir belleza y liturgia para elevar cada alma a lo divino mediante la evangelización del arte".