Domingo 22º TO (31.08.2014)
Introducción: “tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16, 21-27).
“Desde entonces empezó Jesús” (Mt 16,21) es la fórmula narrativa de Mateo (4,17) para iniciar una nueva etapa. Ahora Jesús empieza a explicar el destino lógico de su vida: ir a Jerusalén, padecer, ser ejecutado y resucitar. En Jerusalén residen el poder religioso y los tribunales de justicia, apedrean y matan a los profetas (Mt 23,37; Lc 13,34; Lc 13,33: “No puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén”). Allí está el Sanedrín, Gran Consejo de “senadores” (aristocracia terrateniente), “sumos sacerdotes” (aristocracia religiosa) y “letrados” (aristocracia intelectual). Dinero, religión y cultura aliados contra el proyecto de Jesús, la fraternidad reunida por el Amor del Padre a través del Hijo.
Jesús sabía que los fariseos habían decidido eliminarle por curar en sábado (Mt 12,14). Igualmente conocía la historia de los profetas, especialmente la del Bautista. Es lógico que intuyera el peligro. Su formulación concreta se ha hecho tras los acontecimientos. Pedro reacciona contra el pronóstico. Según la tradición popular judía, el Mesías no debía sufrir, sino triunfar de sus enemigos de forma fácil con el apoyo de Dios, tal como lo enseña toda teología. Imbuido de la mentalidad popular sobre el Mesías, triunfante y glorioso, dice: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte” (16,22). Jesús le dice que “piensa como los hombres, no como Dios”. Tener la fe de Jesús (“tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”), supone aceptar su vida concreta como el modo de vida que Dios quiere. Las obras de Jesús: curar, procurar comida y vestido, sentar a la mesa, servir humilde y fraternalmente a todos, etc. contradicen la vida real del pueblo y sus instituciones. Los dirigentes, que se creen representantes de Dios, se enfrentan con quien denuncia la situación, le harán padecer, le condenarán a muerte... Su fe en el amor del Padre le lleva a esperar la vida tras la muerte, la resurrección.
Para Jesús la mentalidad de Pedro cae en la tercera tentación: gloria y poder a cambio de adorar al enemigo de Dios: el dinero, el egoísmo, el poder que esclaviza. Son los “dioses” que gobiernan la institución judía. Sus dirigentes los “adoran”, los buscan, participan en el expolio del pueblo, visten lujosamente, se distinguen con títulos pomposos, se hacen llamar hipócritamente bienhechores. Por eso contesta a Pedro con la expresión “quítate de mi vista, Satanás...”. Literalmente: “vete (o ponte) detrás de mí, Satanás”. No le rechaza, sino más bien le invita, como a los dos hermanos, a “venid detrás de mí” (Mt 4,19). Pedro, como Satanás, ha intentado apartarle del Amor. Le ha querido llevar al poder triunfante en el mundo. Con el poder económico y político, mirando para otro lado de la pobreza y humillación, el triunfo está asegurado. Los dirigentes religiosos, sus templos y leyes serán revestidos de poder, dinero, brillo y honores. Los pobres recibirán limosnas que dejan en la misma situación de dependencia. La fraternidad, la igualdad, la libertad, el acceso a la cultura, el compartir las decisiones, etc. seguirán en manos de los mismos y de sus sucesores hereditarios o a dedo. Jesús le reconvierte para que vuelva al lugar del discípulo: ir con él.
A continuación Jesús expone las vías que van en su misma dirección, el “venirse conmigo”:
a) negarse a sí mismo: renuncia a toda ambición personal, al egoísmo, al medro privativo;
b) cargar con su cruz: aceptar el sufrimiento que lleva la fraternidad, el ser perseguido por quienes creen amenazada su situación de poder y privilegio, incluso ser eliminado;
c) seguirle: trabajar por el reino de Dios y su justicia, anunciar el amor de Dios, dar vida al enfermo y al hambriento, crear comunidades de iguales en dignidad, desarrollar los talentos, compartir...
Termina el texto aportando unos argumentos de apoyo al seguimiento:
a) vivir para sí es perder la vida; vivir para Jesús, para su Reino, es ganar el Amor, la vida auténtica.
b) ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? Por mucho que tengamos, si no vivimos en Amor, no somos nada (1Cor 13, 3).
c) habrá plena satisfacción para quienes sigan su camino: el Amor jamás desaparecerá (1Cor 13,8).
ORACIÓN: “tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16, 21-27)
Jesús educador del Reino del Amor:
Te contemplamos hoy explicando a los discípulos tu camino,
para “encontrar la vida”, para realizarnos humanamente.
A Pedro no le cabe en la cabeza tu camino:
realizar el reino de Dios desde la pobreza y el desprendimiento;
liberar a los oprimidos de las normas sociales y religiosas;
abrir los ojos del Amor por encima de todo precepto humano;
igualar en dignidad y dicha a todos;
trabajar por crear y compartir bienes para todos;
hermanar a todos en el amor gratuito del Padre.
Estos ideales se oponen a los ideales de este mundo
Pablo se lo repite a sus comunidades:
“No os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente,
para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios,
lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12, 2).
Los valores de este mundo son la ley del fuerte, rico e inteligente;
vivir a lo grande, indiferentes a la miseria y esclavitud de los demás...
A Pedro, como a nosotros, no nos cabe en la cabeza tu camino:
“padecer mucho” de parte de los dueños del dinero, de la religión y la cultura;
“ser ejecutado” sin ver el éxito de la igualdad, la libertad y la fraternidad;
“resucitar” a otra vida es incomprensible, disparatado, “sólo se vive una vez”.
Con dureza, Jesús de todos, reprendes a Pedro y a nosotros:
“quítate de mi vista, Satanás... ponte detrás de mí”.
Nos recuerdas tu tentación: gloria y poder de este mundo,
a cambio de adorar al enemigo de Dios, el dinero, el egoísmo...;
fuerzas incompatibles con el Amor del Padre.
Para ir contigo y colaborar en tu reino de vida propones:
- negarse a sí mismo: renunciar a toda avaricia personal, egoísta;
vivir sin lujo, en mesa sencilla y compartida;
evitar lo que nos aleja de los más pobres, y toda vanidad.
- cargar con nuestra cruz: aceptar los inconvenientes del Amor:
desde la intemperie del pobre hasta el desprecio de los instalados;
desde el rechazo del rico hasta la incomprensión del pobre con corazón de rico;
desde la expulsión social hasta la persecución y eliminación física.
- Seguirte es trabajar por el reino del Padre-Madre Dios:
vivir el Amor, ser agradecidos y solidarios;
desarrollar y compartir nuestras capacidades y bienes;
procurar el reconocimiento de la igual dignidad;
recuperar la libertad y la alegría del amor;
ayudarnos mutuamente en toda ocasión, especialmente en necesidad.
Tu seguimiento, nos dices hoy, es “encontrar” la vida verdadera;
movernos por nuestros intereses es “perder” la vida;
aunque tengamos el mundo a nuestro servicio...
La realización personal auténtica pasa por realizar la vida para todos:
viviendo en amor agradecido a quien nos da gratuitamente la vida;
desarrollando un mundo de libertad, de fraternidad y de igualdad humanas;
trabajando porque haya verdad, justicia (todos tengan lo necesario) y paz.
“El Hijo del Hombre pagará a cada uno según su conducta”:
la realización personal se va haciendo así reino de Dios;
nuestro amor cultiva “la dignidad humana, la unión fraterna, la libertad...;
frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo..;
volveremos a encontrarlos limpios y transfigurados...;
cuando venga el Señor, se consumará su perfección” (Vat. II, GS 39).
Cristo Jesús:
Ayúdanos a dialogar responsablemente:
sobre los criterios y actitudes básicas de tu evangelio,
sobre la libertad de los hijos de Dios,
sobre las reformas que hoy necesita tu Iglesia.
Muévenos a todos, Señor:
a escucharnos y expresarnos libremente;
a “no imponernos otras cargas más que las indispensables”;
a ser responsables de tu misión conforme al don recibido;
a confiar en el amor del Padre, manifestado en ti, su Hijo, Señor Jesús.
Rufo González
“Desde entonces empezó Jesús” (Mt 16,21) es la fórmula narrativa de Mateo (4,17) para iniciar una nueva etapa. Ahora Jesús empieza a explicar el destino lógico de su vida: ir a Jerusalén, padecer, ser ejecutado y resucitar. En Jerusalén residen el poder religioso y los tribunales de justicia, apedrean y matan a los profetas (Mt 23,37; Lc 13,34; Lc 13,33: “No puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén”). Allí está el Sanedrín, Gran Consejo de “senadores” (aristocracia terrateniente), “sumos sacerdotes” (aristocracia religiosa) y “letrados” (aristocracia intelectual). Dinero, religión y cultura aliados contra el proyecto de Jesús, la fraternidad reunida por el Amor del Padre a través del Hijo.
Jesús sabía que los fariseos habían decidido eliminarle por curar en sábado (Mt 12,14). Igualmente conocía la historia de los profetas, especialmente la del Bautista. Es lógico que intuyera el peligro. Su formulación concreta se ha hecho tras los acontecimientos. Pedro reacciona contra el pronóstico. Según la tradición popular judía, el Mesías no debía sufrir, sino triunfar de sus enemigos de forma fácil con el apoyo de Dios, tal como lo enseña toda teología. Imbuido de la mentalidad popular sobre el Mesías, triunfante y glorioso, dice: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte” (16,22). Jesús le dice que “piensa como los hombres, no como Dios”. Tener la fe de Jesús (“tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”), supone aceptar su vida concreta como el modo de vida que Dios quiere. Las obras de Jesús: curar, procurar comida y vestido, sentar a la mesa, servir humilde y fraternalmente a todos, etc. contradicen la vida real del pueblo y sus instituciones. Los dirigentes, que se creen representantes de Dios, se enfrentan con quien denuncia la situación, le harán padecer, le condenarán a muerte... Su fe en el amor del Padre le lleva a esperar la vida tras la muerte, la resurrección.
Para Jesús la mentalidad de Pedro cae en la tercera tentación: gloria y poder a cambio de adorar al enemigo de Dios: el dinero, el egoísmo, el poder que esclaviza. Son los “dioses” que gobiernan la institución judía. Sus dirigentes los “adoran”, los buscan, participan en el expolio del pueblo, visten lujosamente, se distinguen con títulos pomposos, se hacen llamar hipócritamente bienhechores. Por eso contesta a Pedro con la expresión “quítate de mi vista, Satanás...”. Literalmente: “vete (o ponte) detrás de mí, Satanás”. No le rechaza, sino más bien le invita, como a los dos hermanos, a “venid detrás de mí” (Mt 4,19). Pedro, como Satanás, ha intentado apartarle del Amor. Le ha querido llevar al poder triunfante en el mundo. Con el poder económico y político, mirando para otro lado de la pobreza y humillación, el triunfo está asegurado. Los dirigentes religiosos, sus templos y leyes serán revestidos de poder, dinero, brillo y honores. Los pobres recibirán limosnas que dejan en la misma situación de dependencia. La fraternidad, la igualdad, la libertad, el acceso a la cultura, el compartir las decisiones, etc. seguirán en manos de los mismos y de sus sucesores hereditarios o a dedo. Jesús le reconvierte para que vuelva al lugar del discípulo: ir con él.
A continuación Jesús expone las vías que van en su misma dirección, el “venirse conmigo”:
a) negarse a sí mismo: renuncia a toda ambición personal, al egoísmo, al medro privativo;
b) cargar con su cruz: aceptar el sufrimiento que lleva la fraternidad, el ser perseguido por quienes creen amenazada su situación de poder y privilegio, incluso ser eliminado;
c) seguirle: trabajar por el reino de Dios y su justicia, anunciar el amor de Dios, dar vida al enfermo y al hambriento, crear comunidades de iguales en dignidad, desarrollar los talentos, compartir...
Termina el texto aportando unos argumentos de apoyo al seguimiento:
a) vivir para sí es perder la vida; vivir para Jesús, para su Reino, es ganar el Amor, la vida auténtica.
b) ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? Por mucho que tengamos, si no vivimos en Amor, no somos nada (1Cor 13, 3).
c) habrá plena satisfacción para quienes sigan su camino: el Amor jamás desaparecerá (1Cor 13,8).
ORACIÓN: “tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16, 21-27)
Jesús educador del Reino del Amor:
Te contemplamos hoy explicando a los discípulos tu camino,
para “encontrar la vida”, para realizarnos humanamente.
A Pedro no le cabe en la cabeza tu camino:
realizar el reino de Dios desde la pobreza y el desprendimiento;
liberar a los oprimidos de las normas sociales y religiosas;
abrir los ojos del Amor por encima de todo precepto humano;
igualar en dignidad y dicha a todos;
trabajar por crear y compartir bienes para todos;
hermanar a todos en el amor gratuito del Padre.
Estos ideales se oponen a los ideales de este mundo
Pablo se lo repite a sus comunidades:
“No os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente,
para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios,
lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12, 2).
Los valores de este mundo son la ley del fuerte, rico e inteligente;
vivir a lo grande, indiferentes a la miseria y esclavitud de los demás...
A Pedro, como a nosotros, no nos cabe en la cabeza tu camino:
“padecer mucho” de parte de los dueños del dinero, de la religión y la cultura;
“ser ejecutado” sin ver el éxito de la igualdad, la libertad y la fraternidad;
“resucitar” a otra vida es incomprensible, disparatado, “sólo se vive una vez”.
Con dureza, Jesús de todos, reprendes a Pedro y a nosotros:
“quítate de mi vista, Satanás... ponte detrás de mí”.
Nos recuerdas tu tentación: gloria y poder de este mundo,
a cambio de adorar al enemigo de Dios, el dinero, el egoísmo...;
fuerzas incompatibles con el Amor del Padre.
Para ir contigo y colaborar en tu reino de vida propones:
- negarse a sí mismo: renunciar a toda avaricia personal, egoísta;
vivir sin lujo, en mesa sencilla y compartida;
evitar lo que nos aleja de los más pobres, y toda vanidad.
- cargar con nuestra cruz: aceptar los inconvenientes del Amor:
desde la intemperie del pobre hasta el desprecio de los instalados;
desde el rechazo del rico hasta la incomprensión del pobre con corazón de rico;
desde la expulsión social hasta la persecución y eliminación física.
- Seguirte es trabajar por el reino del Padre-Madre Dios:
vivir el Amor, ser agradecidos y solidarios;
desarrollar y compartir nuestras capacidades y bienes;
procurar el reconocimiento de la igual dignidad;
recuperar la libertad y la alegría del amor;
ayudarnos mutuamente en toda ocasión, especialmente en necesidad.
Tu seguimiento, nos dices hoy, es “encontrar” la vida verdadera;
movernos por nuestros intereses es “perder” la vida;
aunque tengamos el mundo a nuestro servicio...
La realización personal auténtica pasa por realizar la vida para todos:
viviendo en amor agradecido a quien nos da gratuitamente la vida;
desarrollando un mundo de libertad, de fraternidad y de igualdad humanas;
trabajando porque haya verdad, justicia (todos tengan lo necesario) y paz.
“El Hijo del Hombre pagará a cada uno según su conducta”:
la realización personal se va haciendo así reino de Dios;
nuestro amor cultiva “la dignidad humana, la unión fraterna, la libertad...;
frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo..;
volveremos a encontrarlos limpios y transfigurados...;
cuando venga el Señor, se consumará su perfección” (Vat. II, GS 39).
Cristo Jesús:
Ayúdanos a dialogar responsablemente:
sobre los criterios y actitudes básicas de tu evangelio,
sobre la libertad de los hijos de Dios,
sobre las reformas que hoy necesita tu Iglesia.
Muévenos a todos, Señor:
a escucharnos y expresarnos libremente;
a “no imponernos otras cargas más que las indispensables”;
a ser responsables de tu misión conforme al don recibido;
a confiar en el amor del Padre, manifestado en ti, su Hijo, Señor Jesús.
Rufo González