PRECES DE LOS FIELES A LA DIGNIDAD COMÚN (D. 12º TO C 23.06.2013)

Conscientes de que “todos somos uno en Cristo Jesús”, unamos nuestras súplicas, aquí,
“donde dos o más nos reunimos en su nombre, y Él se hace presente”.
Oremos diciendo: Reaviva en nosotros tu Espíritu.

Por los poderes de este mundo:
que se conviertan al Amor del Padre-Madre que quiere a todos,
y tiene predilección por los más débiles.
Roguemos al Señor: Reaviva en nosotros tu Espíritu.

Por los que presiden la Iglesia -el Papa, los obispos, los presbíteros y diáconos-:
que reconozcan la dignidad común de todos los cristianos y estén de verdad a su servicio, consultándoles, teniendo en cuenta su opinión y libertad,
fomentando sus capacidades al servicio del bien común.
Roguemos al Señor: Reaviva en nosotros tu Espíritu.

Por todos los cristianos:
que sintamos nuestro bautismo como empaparnos del Espíritu de Jesús,
que nos habita a todos, nos hace “uno” con Jesús,
a quien podemos representar, anunciar y hacer crecer en nosotros y en los demás.
Roguemos al Señor: Reaviva en nosotros tu Espíritu.

Por los más desgraciados de la vida: “los que tienen a todos los poderes en contra”,
los que no cuentan para nada y “casi no son”, los excluidos del trabajo,
los desahuciados de la vivienda, los encarcelados, los enfrascados en las drogas y otros vicios,
los heridos y enfermos...:
que les llegue el Amor desinteresado de quienes se dejan guiar por el Espíritu divino.
Roguemos al Señor: Reaviva en nosotros tu Espíritu.

Por nuestra comunidad celebrante:
Que no haya entre nosotros “judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni hembra,
porque todos nosotros somos uno en Cristo Jesús”.
Que seamos solidarios entre nosotros y con toda la humanidad,
“anunciando el Evangelio y proclamando la libertad de los hijos de Dios,
rechazando todas las esclavitudes,
respetando santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión...,
encomendando a todos al Amor de todos...” (GS 41).
Roguemos al Señor: Reaviva en nosotros tu Espíritu.

Acepta, Padre-Madre de la humanidad, nuestra súplica.
Te la hacemos con el mismo Espíritu de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro,
que vive por los siglos de los siglos. Amén.

Rufo González
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