El Espíritu nos hace uno en Cristo, dignos, cristianos y cristianas, de recibir carismas y ministerios Pentecostés (09-06-2019)

Diversidad de carismas, servicios y funciones

Comentario: “...la manifestación del Espíritu para el bien común” (1Cor 12,3b-7.12-13)

Leemos hoy dos fragmentos del capítulo 12 de 1Corintios. Para valorarlos adecuadamente hay que leer los versículos 1-3a, no leídos: “Acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos,que sigáis en la ignorancia (12,1). Sabéis que, cuando erais gentiles, os sentíais impulsados a correr tras los ídolos mudos (12,2). Por ello os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice: `¡anatema sea Jesús!´” (12,3a). “Ídolos mudos” son imágenes de artesano, sin espíritu vital (Hab 2, 18-19). También hay otros “ídolos” que sentimos contrarios a nuestra fe: supersticiones, miedo a la libertad, ideales fundados en el egoísmo, en la soberbia, en el dominio de la personas, en todo lo que no concuerda con el amor de Jesús. Pablo constata diversos “espíritus” de su época, que se agitan en la interioridad personal y grupal y que no concuerdan con el espíritu de Jesús.

Jesús “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien” (He 12,38)

Es un dato evangélico la conexión de Jesús y el Espíritu de Dios. Ante la acusación contra Jesús de que está movido por el espíritu del mal, Satanás (“enemigo del ser humano”), Jesús apela a sus obras buenas y generosas, gratuitas, expresivas del amor de Dios. No verlo así es negar la evidencia, llamar “mal” al “bien”, “blasfemar contra el Espíritu Santo” (Mt 12, 22-32; Mc 3, 20-30; Lc 11, 14-23; 12,10). No es cuestión de “palabra”, sino de vida buena: curar, alimentar, amar incondicionalmente, perdonar, aceptar y recuperar al descarriado, etc. De aquí surge un principio para distinguir cuándo una idea o una conducta procede del Espíritu Santo: “Por ello os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice: `¡anatema sea Jesús!´ y nadie puede decir `Jesús es Señor´ sino por el Espíritu Santo” (12,3). “Renegar de Jesús” no procede del Espíritu Santo, y “reconocerle Señor”, sí.

Diversidad y unidad para el bien común

Los vv. 4-6, reconocen la diversidad (de carismas, servicios y actividades) y la unidad de origen en un mismo Espíritu, un mismo Señor y un mismo Dios (Trinidad divina) que lo activa todo en todos (v. 4-6). Los dones para ser auténticos tienen que ser buenos (realizar al ser humano y liberar del mal). Por eso son regalos del amor del Dios “que hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5, 45). “Carismas, ministerios y actuaciones”, repartidos en diversas personas, son para “provecho común”, patrimonio familiar. Lo aclara el versículo 7: “a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (synforon, de synfero: llevar con...). Es lo propio del Padre-Madre de Jesús, que ama a todos, y sus dones son para toda su familia.

En los vv. 8-11, no leídos hoy, se enumeran los dones: “hablar con sabiduría, hablar coninteligencia, el don de la fe, don de curar, hacer milagros, profetizar, distinguir loa buenos y malos espíritus, diversidad de lenguas, don de interpretar lenguas”. El versículo 11 apostilla que “el mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”.     

El segundo fragmento leído (vv. 12-13) vigoriza la dimensión comunitaria de la Iglesia comparándola con el cuerpo humano. “Así es también Cristo”, dice atrevidamente. Los cristianos en conjunto son el “Cristo total”. En todos habita el mismo Espíritu: “hemos sido bautizados en un mismo Espíritu... todos hemos bebido de un solo Espíritu”. Aquí enumera a “judíos y griegos, esclavos y libres”. En la carta a los Gálatas explicita “varón o hembra”, pues “todos sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28). Es la unidad y la complementariedad que se da en la Iglesia, sin distinción de raza, sexo o condición social. La Iglesia necesita reconocer la capacidad de los cristianos, hombres y mujeres, para desempeñar cualquier ministerio, si el Espíritu lo concede: somos uno en Cristo y complementarios en la tareas.

Oración: “...la manifestación del Espíritu para el bien común” (1Cor 12,3b-7.12-13)

Jesús resucitado, Señor y Dios mío:

celebramos hoy la entrega de tu Espíritu a lo discípulos;

realizas así el proyecto del Padre:

como el Padre me ha enviado, así también os envío yo;

recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,21-22).

Es el Espíritu de vida, de luz, de bien, de armonía...:

el espíritu de Dios que se cernía sobre la faz de las aguas” (Gén 1,2);

el aliento de vida que insufló Dios en la nariz del hombre (Gén 2,7);

el espíritu que se posa sobre los profetas (Is 11,2ss);

el que vino sobre el corazón de tu madre, María (Lc 1,15);

el que en el Jordán bajó como una paloma sobre Ti (Lc 3,22);

el que te llevó al desierto, y con cuya fuerza volviste a Galilea (Lc 4,1.14);

el que te alentó a cumplir la Escritura que acababas de leer (Lc 4, 18-21);

el Espíritu que el Padre del cielo da a los que le piden” (Lc 11,13); 

el “dedo de Dios” con el que liberas del mal (Lc 11,20).

Este Espíritu fue tu corazón, tu espiritualidad profunda:

cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios” (Rm 8,14);

tú, Jesús de Nazaret, viviste habitado y guiado por el Espíritu de Dios;

en tu vida, en tu acción, en tu persona vemos al Hijo Amado, lleno del Espíritu;

el Espíritu que te impulsó a vivir como vivías:

- restaurando la vida disminuida o en peligro;

- devolviendo la dignidad a quienes la han perdido o se la han arrebatado;

- conectando a todos con el Amor creador de todo bien.

Tu vida, Jesús de todos, habitada por el Espíritu divino:

no estuvo centrada en la religión, la ascética, la virtud;

el centro de tu existencia fue la defensa de la vida: 

el cuidado de los enfermos;

el acercamiento a los marginados;

la liberación de diversas esclavitudes; 

la mesa compartida con todos;

la comunicación del amor del Padre Dios;

la invitación a trabajar por un mundo más humano, fraternal...

Tu señorío fue servir para “que tengamos vida abundante (Jn 10,10):

nadie puede decir: `Jesús es Señor´, sino por el Espíritu Santo”;

Espíritu que nos hace servidores como tú:

que nos nutre con tu amor y nos configura para servir;

que nos sostiene en el amor comprometido;

que nos perfecciona con la unidad del Misterio-Amor.

Ven, Espíritu de Jesús, céntranos en lo sustantivo de la vida:

queremos dejarnos impactar y herir por lo que ocurre y nos rodea;

no queremos “pasar de largo” ante el dolor y la miseria (Lc 10, 30-37);

queremos defender y alentar los derechos y deberes humanos:

derecho a la vida, a la salud, a la libertad, a la familia;

derecho a comer y beber, a saber y disfrutar de la cultura;

derecho a la vida religiosa libremente aceptada...

Que tu Espíritu nos fortalezca para ser testigos de tu Amor:

respetando y cuidando todo lo bueno de la vida; 

corrigiendo la exclusión injusta en la sociedad y en las iglesias;

ayudando a los más débiles a superarse y a sentarse a la mesa común;

fomentando la humildad, la transparencia, la igual dignidad...

Preces Fieles (Pentecostés C 2ª Lect. (09-06-2019): Diversidad de carismas, servicios y funciones

Dirijamos hoy nuestra oración al Espíritu Santo, que nos hace presente a Jesús resucitado, que reza con nosotros llamando Padre-Madre al Misterio de.Dios. A la invitación de “Oremos”, respondemos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Por la Iglesia universal:

- que proclame la Buena Noticia del Reino con palabras y con vida transparente; 

- que se preocupe principalmente por los pobres y los más débiles. 

Oremos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Por el Papa Francisco:

- que , como Francisco de Asís, oiga la voz de Jesús: “ve y restaure mi casa en ruinas”;

- que tenga fuerzas para enfrentarse al abuso de poder, la vanagloria, la corrupción moral. 

Oremos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Por nuestras sociedades:

- que  no haya abuso de poder, discriminación injusta, ni venganza; 

- que brillen en generosidad, diálogo, hospitalidad, respeto a todo lo bueno.

Oremos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Por los problemas más actuales de la Iglesia:

- por la libertad de las iglesias locales para elegir a sus pastores;

- por la desaparición de símbolos de poder y dignidad mundanos;

- por el sucesor de Pedro:que deje de ser jefe de Estado, no conforme con el Espíritu de Jesús;

- por la reconciliación de las iglesias cristianas;

- por la solución evangélica de problemas pendientes: sacerdotes casados, la mujer en la Iglesia...

Oremos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Por nuestra comunidad:

- que reine  entre nosotros la alegría del Evangelio, la sencillez del amor transparente; 

- que la norma de vida sea el Evangelio, nos escuchemos, nos dejemos guiar por el Amor.

Oremos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Por esta celebración:

- que el Espíritu Santo nos llene con su amor;

- que ilumine y fortalezca nuestras decisiones.

Oremos: “Ven, Espíritu divino, Ven”.

Ven, Espíritu Santo; llena nuestro corazón; enciende en nosotros el fuego de tu amor.

Recréanos con tu libertad amorosa.

Por Jesucristo, nuestro Señor...

Amén.

Jaén, junio 2019

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