Preces de los Fieles (D. 5º Cuaresma B 2ª lect.18.03.2018): Jesús obedece al Espíritu de Amor

Atrévete a orar: Rufo González
14 mar 2018 - 11:58

Cristo, en los días de su vida mortal, presentó con gran clamor y lágrimas oraciones y súplicas al que podía salvarle de la muerte, y fue escuchado en atención a su obedienciaros, en toda celebración, presentamos oraciones y súplicas al Padre, al Hijo y al Espíritu. Ellos siempre nos salvan del sinsentido, del mal y de la muerte. Como Jesús, decimos: “venga a nosotros tu reino”.

Por la Iglesia:

- que sea obediente al Espíritu de Jesús;

- que su vida, sus comunidades, sean evangelio del Reino.

Roguemos al Señor: “venga a nosotros tu reino”.

Por quienes presiden las iglesias (Papa, obispos, presbíteros...):

- que se parezcan a Jesús por su honradez y bondad;

- que presidan el amor, el diálogo, la libertad, la decisión comunitaria...

Roguemos al Señor: “venga a nosotros tu reino”.

Por los gobernantes civiles:

- que sirvan a los ciudadanos con honradez y generosidad;

- que cuiden de todos, especialmente de los más débiles.

Roguemos al Señor: “venga a nosotros tu reino”.

Por las organizaciones sociales:

- que trabajen honradamente por los derechos y deberes humanos;

- que cuiden la igualdad, el trabajo para todos, la dignidad humana...

Roguemos al Señor: “venga a nosotros tu reino”.

Por los enfermos, migrantes, sin techo y sin trabajo...:

- que sean el centro de nuestra preocupación y esfuerzo;

- que se unan y compartan sus inquietudes y dedicación.

Roguemos al Señor: “venga a nosotros tu reino”.

Por esta celebración:

- que nos ayude a obedecer las inspiraciones del bien;

- que nos fortalezca en la lucha y esfuerzo por el reino de la vida.

Roguemos al Señor: “venga a nosotros tu reino”.

Tu reino, Señor, es voluntad de Dios: promover la vida para todos; buscar y descubrir la verdad de las cosas; vivir seducidos por el Amor inquebrantable de Dios, que quiere para todos su hijos salud, alimento, trabajo, fraternidad... Esta es la vida verdadera, la vida definitiva que esperamos y tú, Señor, nos darás, aunque sea más allá de la muerte. Tú, que vives por los siglos de los siglos.

Amén.

Rufo González

Leganés (Madrid)

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