Preces de los Fieles (D. 20º TO (16.08.2015)
Hoy Jesús nos invita a alimentarnos de su vida: “yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.
Participando de la eucaristía nos ponemos en camino seguro de vivir la verdadera vida.
Pidamos vivir en su seguimiento diciendo: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder” (San Ignacio de Loyola).
Por la Iglesia:
- que imite a Jesús en desprendimiento y humildad;
- que sus leyes y normas respeten los derechos humanos y evangélicos.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por los gobernantes:
- que respeten los derechos humanos;
- que promuevan la solidaridad, la mesa compartida.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por las víctimas de la violencia:
- que sean acogidas y protegidas por todos;
- que nuestras puertas estén siempre abiertas a su requerimiento.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por nuestras fiestas populares:
- que expresen la alegría del encuentro y la fraternidad;
- que todos seamos responsables y cuidemos los bienes comunes.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por los bienhechores sociales:
- que sientan la alegría de dar en favor de los más pobres;
- que sus donaciones sean bien administradas.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por nuestra eucaristía:
- que seamos capaces de revivirla, dinamizarla, participar;
- que sintamos la presencia de Jesús en medio de nosotros.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Esta es nuestra esperanza y nuestra fe: “Siguiéndote a ti, Señor nuestro, nosotros nunca nos podemos perder”. Tú eres “nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida” por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González
Participando de la eucaristía nos ponemos en camino seguro de vivir la verdadera vida.
Pidamos vivir en su seguimiento diciendo: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder” (San Ignacio de Loyola).
Por la Iglesia:
- que imite a Jesús en desprendimiento y humildad;
- que sus leyes y normas respeten los derechos humanos y evangélicos.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por los gobernantes:
- que respeten los derechos humanos;
- que promuevan la solidaridad, la mesa compartida.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por las víctimas de la violencia:
- que sean acogidas y protegidas por todos;
- que nuestras puertas estén siempre abiertas a su requerimiento.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por nuestras fiestas populares:
- que expresen la alegría del encuentro y la fraternidad;
- que todos seamos responsables y cuidemos los bienes comunes.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por los bienhechores sociales:
- que sientan la alegría de dar en favor de los más pobres;
- que sus donaciones sean bien administradas.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Por nuestra eucaristía:
- que seamos capaces de revivirla, dinamizarla, participar;
- que sintamos la presencia de Jesús en medio de nosotros.
Roguemos al Señor: “Siguiéndoos, mi Señor, yo nunca me podré perder”.
Esta es nuestra esperanza y nuestra fe: “Siguiéndote a ti, Señor nuestro, nosotros nunca nos podemos perder”. Tú eres “nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida” por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González