Preces de los Fieles (D. 21º TO 23.08.2015)
Hoy Jesús nos invita a tomar una decisión. No podemos estar entre dos aguas:
ser cristianos de nombre, de apariencia, de ritos sociales..., pero no de verdad:
-no creemos en su amor incondicional;
-desconocemos su Evangelio;
-no nos complicamos la vida ayudando a los más débiles;
-no participamos en la comunidad cristiana habitualmente;
-“nos echamos atrás y no vamos con Jesús”.
Tomemos una decisión diciendo: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por la Iglesia:
- que anuncie con alegría el Evangelio de Jesús;
- que existan comunidades verdaderas, convertidas y convencidas del Evangelio.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por los dirigentes de la Iglesia:
- que promuevan la participación libre y responsable en la Iglesia y en la sociedad;
- que sean elegidos por los hermanos libre y conscientemente.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por las vocaciones cristianas:
- que sean cultivadas en libertad y ayuda mutua;
- que sean reconocidas, valoradas, respetadas.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por la madurez de los cristianos:
- que sean iniciados en el conocimiento y la celebración;
- que todos sean escuchados, puedan intervenir, se les tenga en estima.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por los más necesitados de la sociedad:
- que sean el centro de nuestra atención comunitaria;
- que confíen en los cristianos, testigos del amor de Jesús.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por nuestra celebración:
- que experimentemos el amor personal e incondicional de Jesús;
- que tenga consecuencias en nuestra vida familiar, de trabajo, amigos...
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Es verdad. “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios”, el Hijo, el consagrado con su Espíritu. Eso quieres hacer de nosotros: consagrarnos con tu Espíritu, hacernos hijos de Dios y hermanos de todos los hijos de Dios. Que digamos sí al Espíritu que nos habita por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González
ser cristianos de nombre, de apariencia, de ritos sociales..., pero no de verdad:
-no creemos en su amor incondicional;
-desconocemos su Evangelio;
-no nos complicamos la vida ayudando a los más débiles;
-no participamos en la comunidad cristiana habitualmente;
-“nos echamos atrás y no vamos con Jesús”.
Tomemos una decisión diciendo: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por la Iglesia:
- que anuncie con alegría el Evangelio de Jesús;
- que existan comunidades verdaderas, convertidas y convencidas del Evangelio.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por los dirigentes de la Iglesia:
- que promuevan la participación libre y responsable en la Iglesia y en la sociedad;
- que sean elegidos por los hermanos libre y conscientemente.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por las vocaciones cristianas:
- que sean cultivadas en libertad y ayuda mutua;
- que sean reconocidas, valoradas, respetadas.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por la madurez de los cristianos:
- que sean iniciados en el conocimiento y la celebración;
- que todos sean escuchados, puedan intervenir, se les tenga en estima.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por los más necesitados de la sociedad:
- que sean el centro de nuestra atención comunitaria;
- que confíen en los cristianos, testigos del amor de Jesús.
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Por nuestra celebración:
- que experimentemos el amor personal e incondicional de Jesús;
- que tenga consecuencias en nuestra vida familiar, de trabajo, amigos...
Roguemos al Señor: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Es verdad. “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios”, el Hijo, el consagrado con su Espíritu. Eso quieres hacer de nosotros: consagrarnos con tu Espíritu, hacernos hijos de Dios y hermanos de todos los hijos de Dios. Que digamos sí al Espíritu que nos habita por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González