VIERNES SANTO 2ª lect. (30.03.2018): la cruz del amor es el mejor camino de vida

Atrévete a orar: Rufo González
24 mar 2018 - 09:53

Comentario:Acerquémonos con confianza al trono de la gracia” (Heb 4,14-16; 5,7-9)

Invitación a la fe en Jesús

El primer fragmento (4,14-16) invita a la fe en Jesús por su calidad sacerdotal: ser mediador entre el misterio divino y nosotros: “Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios” (v. 14). Jesús no se queda en los santuarios terrestres, inmanentes. No es una imagen inerte hecha por humanos. Su vida resucitada le hace presencia trascendente de Dios. Jesús resucitado abre horizontes nuevos, nos precede en la dicha humana. Fiándonos de él, podemos seguir sus huellas históricas y vivir su esperanza de vida eterna.

Otra razón para mantener la fe es la capacidad de solidaridad que demostró Jesús en su vida: “no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado exactamente como nosotros en todo, menos en el pecado” (v. 15). Su vida histórica avala la solidaridad con la debilidad y la tentación, manteniendo su dignidad humana hasta el final. El pecado es actuar infrahumanamente o por encima de nuestra humanidad como si fuéramos dioses.

Seamos consecuentes

Por eso, acerquémonos con seguridad (“parresía”: claridad, confianza) al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente” (v. 16). Jesús, “trono de la gracia”, nos da su Espíritu, nos abre a la experiencia del Amor, de la fraternidad universal.

El sacerdocio de Jesús es su vida, reveladora de la salvación de Dios (5, 7-9)

El segundo fragmento es del capítulo quinto de Hebreos, leído el Domingo 5º Cuaresma del actual ciclo B. En la fragilidad humana, agudizada frente a la muerte, “Cristo, en los días de su vida mortal (lit.: “de su carne”), a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado” (v. 7). Jesús confía en el amor del Padre que no abandona nunca, y que “puede salvarle de la muerte”. Es el camino a seguir, nos dice al final de la carta: “ofrezcamos sin cesar a Dios, por medio de Jesús, un sacrificio de alabanza, fruto de los labios que confiesan su nombre. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente, pues esos son los sacrificios que agradan a Dios” (13,15-16).

Él, a pesar de ser hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer” (v. 8)

Dios quiere “llevar muchos hijos a la gloria” y “perfeccionar mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación” (2, 10). Voluntad divina es conducir a la vida plena, a la perfección, gloria de Dios. Este camino lo vive y revela Jesús. Hebreos pone en labios de Jesús: “sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo... Entonces dije: ¡he aquí que vengo.. a hacer, oh Dios, tu voluntad!” (10, 15ss). Hacer la voluntad es obedecer (“obaudire”, en griego “hypo-akoé”: oír debajo): ponerse “bajo” una palabra “escuchada”, cumplirla. Para nosotros esa palabra es la vida de Jesús: el amor que vive, las obras que hace, el rechazo del poder, honor y dinero, el servicio...

El final de la “angustia” se hizo gloria

Llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor (“aítios”: causa, origen, guía) de salvación eterna” (v. 9). “Consumación”: perfección, resurrección, respuesta de Dios a su vida. Los que siguen su camino se realizan como él. Así el Resucitado es sacerdote que inaugura la verdad del hombre, la revela y atrae hacia ella intercediendo: “puede salvar plenamente a los que por él se acercan a Dios, porque siempre está vivo para interceder por ellos” (Heb 7, 25).

Homilía hecha oración:Acerquémonos con confianza al trono de la gracia” (Heb 4,14-16; 5,7-9)

Jesús, “trono de la gracia”, dador del Espíritu:

hoy, Viernes Santo, celebramos el camino “angosto” de tu vida;

la enfermedad, los años, la miseria, la incomprensión... nos van acorralando;

la búsqueda de verdad, trabajo, respeto y dignidad... es camino angosto;

evitar el sufrimiento y construir la fraternidad exige:

- “endurecer el rostro” (Lc 9, 51), fuerza interior, coraje, amor.

Hoy te miramos a ti, Jesús, nuestro único Sacerdote:

que has penetrado los cielos, has logrado la alegría plena, la salvación;

tú, el Hijo de Dios, “el que abre el camino de la fe y la perfecciona...,

que soportaste la cruz, sin hacer caso de la ignominia” (Heb 12, 2).

Tu camino era realizar el Reino de Dios:

pedías convertirse al Amor del Padre;

amor que alentaba tu vida y marcaba la ruta de tu actividad;

amor que te llevó a “curar todo achaque y enfermedad del pueblo” (Mt 4, 24);

amor que te autorizaba a saltarte las normas religiosas.

La causa de tu vida no fue eliminar el “pecado”, sino el sufrimiento:

sufrimiento que acarrea el no Reinado de la vida, la verdad, la justicia, la paz, el amor...;

por suprimir el sufrimiento te jugaste la vida ante la ley (Mc 3,1-6; Lc 13,10-17; Jn 5,1-18);

el núcleo de tu evangelio fue la dicha humana:

- compartir, servicio mutuo, amor sincero, confianza en el bien,

- esperanza en el amor de Dios más fuerte que la muerte.

[Entiéndase “pecado” como no cumplir las leyes religiosas. Jesús relativizó toda ley en orden al bien de la persona. Su lucha contra el pecado se entiende desde su amor al prójimo; Jesús quiere fundamentalmente eliminar el sufrimiento. La sensibilidad ante el sufrimiento es el criterio determinante de salvación o perdición (Mt 25,31-46; Lc 10,31-32; 16,19-31), no la actitud ante el pecado, la fe, la religión o incluso ante Dios mismo].

Ni tú, Jesús, ni tu Padre del cielo, amáis el sufrimiento:

el cielo quiere nuestra felicidad, la felicidad de todos;

en el trabajo por ser felices nos encontramos contigo y con el Padre :

“el hombre notificó a los dirigentes que era Jesús quien le había dado la salud.

Precisamente por esto empezaron los dirigentes judíos a perseguir a Jesús,

porque hacía aquellas cosas en día de precepto.

Jesús replicó:

- `mi Padre, hasta el presente, sigue trabajando y yo también trabajo´”(Jn 5, 15-17).

Cuántas veces dirías con el salmista:

“bendice a Yahvé, alma mía...,

él, que todas tus culpas perdona, y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida de la fosa y te corona de amor y de ternura...;

hace obras de justicia y otorga el derecho a todos los oprimidos...;

clemente y compasivo, tardo a la cólera y lleno de amor;

no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata ni nos paga según nuestras culpas;

como se levanta el cielo sobre la tierra, así de grande es su amor...;

como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos;

cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahvé” (Salmo 103).

La experiencia del amor del Padre fue el origen de tu opción vital:

su amor misericordioso te hizo solidario con quienes sufrían;

su amor hizo que te dolieran los enfermos, los leprosos, los marginados;

su amor te complicó la vida por la verdad, por la libertad, por la salud,

por la alimentación, el trabajo para todos...

El Padre no quiso tu sufrimiento para “satisfacer” su honor mancillado:

quiso tu amor para hacer felices a sus hijos;

ese amor te acarreó el sufrimiento por parte de quienes no aman,

- de quienes prefieren acaparar, dominar, vivir sólo para sí.

Hoy, Viernes Santo, queremos acercarnos al “trono de gracia”, a tu corazón:

que tu “sangre y agua”, tu vida y tu Espíritu, empapen nuestras personas;

que el Amor del Padre dinamice nuestra vida como la tuya.

Amén. Así sea.

ORACIÓN UNIVERSAL

POR LA IGLESIA

Oremos, hermanos, por “los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de unidad y de paz” (LG 9). Ellos son la convocatoria, la Iglesia. Pidamos que sean fieles al Evangelio y se renueven constantemente bajo la acción del Espíritu Santo, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que a través de Cristo, tu Hijo, nos has manifestado tu amor. Como Jesús, queremos curar, alimentar y vivir fraternalmente. Queremos ser convocados por tu amor para hacer posible tu Reino de vida, de paz, de alegría, de realización de todos. Confiamos en tu gracia para llevar la cruz del amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR EL PAPA

Oremos, hermanos, por el Papa Francisco, obispo de Roma, para que impida el clericalismo; ayude a crear comunidades fraternales, servidas por hermanos y hermanas que “no dominen ni se aprovechen de su autoridad, sino que sean servidores de todos” (Mc 10,43); invite a “no olvidarnos de los pobres”; “confirmándonos en la fe a nosotros, sus hermanos” (Gál 2, 10; Lc 22, 32), diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, cuyo Espíritu habita en la Iglesia y en nuestros corazones, te pedimos ahora por el obispo de Roma, el papa Francisco. Que tu Espíritu lo consuele y lo fortalezca para que nos ayude a seguir las huellas de Jesús, animándonos a participar solidariamente en el anuncio del Evangelio, en la vida comunitaria, en la extensión de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LOS MINISTROS DE LA IGLESIA Y POR LOS FIELES

Oremos, hermanos, por todos los que ejercen algún servicio en las comunidades cristianas: obispos, presbíteros, diáconos, catequistas, teólogos, miembros de cáritas, monitores..., para que todos se consideren hermanos y servidores de la comunidad según su carisma y vocación, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que por el bautismo nos has ungido con tu Espíritu como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Tenemos a Cristo por Cabeza, estamos revestidos con la misma dignidad y libertad de hijos de Dios, y a todos invitas a amar como Cristo nos amó (LG 9). Te pedimos por las relaciones dentro de la Iglesia: que no sean de poder de ministros sobre los fieles, sino de servicio mutuo según los carismas que el Espíritu distribuye, pues “todos somos uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28). Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LOS CATECÚMENOS

Oremos por quienes se preparan a recibir el bautismo de forma consciente y libre. También son “catecúmenos” los bautizados siendo niños sin conocimiento ni libertad, y quieren ahora recibir el Evangelio, actualizar su fe e incorporarse activamente a la Iglesia. Por todos ellos hacemos esta oración, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que sigues llamando al seguimiento de Cristo a todo hombre y mujer. Ilumina con tu Espíritu a todos los que buscan sentido y camino de vida. Que quienes desean oír y conocer el Evangelio encuentren maestros y guías que les conduzcan al modo de vida que nos abrió tu Hijo Jesús y que sigue alimentando con su Espíritu de amor. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Oremos para que “todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de unidad y de paz” (LG 9), vivan unidos en el amor del Padre, manifestado en la vida de Cristo, y colaboren en la cura, alimentación y fraternidad de todos los seres humanos, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que quieres que todos los creyentes en tu Hijo vivamos unidos en el amor, manifestado en la vida de Jesús de Nazaret, ilumina a todos los “cristianos” (ortodoxos, protestantes, anglicanos...) para que encontremos la unidad del evangelio de los pobres, respetando las diversas experiencias, valorando sobre todo los principios creadores de la gracia y comunión personal, por encima de nuestras instituciones externas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR EL PUEBLO JUDÍO

Oremos por quienes siguen fieles a la Alianza de Abrahán, Moisés y los Profetas, el pueblo que enseñó a Jesús el Amor de Dios a la vida, a los seres humanos, especialmente a los pobres. Para que crean en el amor de Jesús, judío como ellos, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que durante mucho tiempo hablaste a la humanidad por los profetas de Israel entre los cuales sobresalió Jesús de Nazaret. Nosotros creemos que él es el “reflejo luminoso de tu esplendor e impronta de tu ser” (Hebr 1,1-3), el Hijo amado. Ilumina, Dios nuestro, a los que hoy siguen esperando a tu Mesías, para que lo encuentren en la cruz del Amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LOS QUE NO CREEN EN CRISTO

Oremos, hermanos, por todas las religiones. Para que sean factores de humanización, de sentido y de paz entre las personas, se respeten y valoren entre ellas, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que quieres que todas las personas vivan bien y se realicen en sus diversas culturas. Ilumina nuestra vida y fortalece nuestro espíritu para respetar todo lo bueno, todo lo que hace humanidad, todo lo que aporta vida, salud, cultura, justicia, bienestar. Especialmente te pedimos, Padre, humildad y colaboración para respetar y curar la vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LOS QUE NO CREEN EN DIOS

Oremos, hermanos, por los que llamamos ateos, teóricos y prácticos: los que no creen o viven como si no creyeran en el Amor del Padre universal. Pidamos que mantengan conciencia y libertad, dignidad humana, digna del máximo respeto, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, “cuya gloria es el ser humano viviendo” (San Ireneo), danos un corazón como el tuyo, que respete la inteligencia y libertad humanas. Que tu Espíritu nos haga testigos de tu amor ante los no creyentes, para que crean en tus obras de amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LOS GOBERNANTES

Oremos, hermanos, por los políticos, por quienes se sienten llamados a cuidar los bienes comunes para que todo ser humano encuentre acogida social, respeto y protección comunitaria, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, que nos has llamado a vivir en comunidad. Ayúdanos a tener conciencia comunitaria, a procurar realizarnos en la ayuda mutua, en la participación social. Bendice nuestra convivencia, ilumina a todos los pueblos para que aprendan a elegir gobernantes honestos, transparentes, solícitos del bien común y preocupados por los más débiles. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

POR LOS ATRIBULADOS

Oremos, hermanos, por los más vulnerables de la sociedad: enfermos, víctimas de las guerras, parados, perseguidos por sus ideas y por trabajar por la justicia, refugiados, marginados sociales, degradados por la miseria física o moral, emigrantes... Para que los tratemos como Tú, diciendo: “la cruz del amor es el mejor camino de vida”.

Dios Padre todo bondadoso, envía tu Espíritu de consuelo y fortaleza sobre todas las personas que pasan por cualquier calamidad o injusticia. Que encuentren en tu Iglesia, en nosotros, acogida, comprensión, misericordia, ayuda... para que puedan alcanzar la dignidad que merecen como hijos tuyos y hermanos de Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Rufo González

Leganés (Madrid)

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