La Iglesia tiene mucho de hipocresía y legalismo, heredad de escribas y fariseos
La alternativa de Jesús: vivir movido por el Espíritu de Amor (Domingo 6º TO A 15 febrero 2026)
La Iglesia tiene mucho de hipocresía y legalismo, heredad de escribas y fariseos
Comentario: “Habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo” (Mt 5, 17-37)
Leemos hoy parte de la interpretación de la Ley que hizo Jesús, según Mateo. Introducción (vv. 17-20): “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir (καταλῦσαι), sino a dar plenitud (πληρῶσαι)” (v. 17). Jesús no ha venido a cumplir la letra de la ley, sino su “espíritu”. La ley es mediación del Amor de Dios, camino para “ser perfecto como el Padre del cielo” (Mt 5,48). Esto a veces pasa por su incumplimiento literal, cuando lo exige el Amor (Lc 10,25ss: parábola samaritano). No todos los preceptos importan igual. En el reino de los cielos hay grados de perfección.
Lo esencial de la introducción: “si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (v. 20). “Escribas”: especialistas en Biblia y Leyes. Los “fariseos” surgieron en el s. II a. C. Su nombre en hebreo (perushim) significa “separados”. Su ideal era cumplir la Ley y las tradiciones orales. “La justicia de escribas y fariseos” es la observancia externa de la ley. Jesús criticó “esta justicia”: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados!... Por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad” (Mt 23,27-28). “Invalidáis la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís…” (M c 7,13). “Aprended lo que significa `Misericordia quiero y no sacrificio´” (Mt 9,13). Para Jesús, el amor a Dios y al prójimo “sostienen toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,40). “Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas” (Mt 7,12). En el juicio final sólo cuenta el amor al prójimo para escuchar: “benditos de mi Padre” o “apartaos de mi” (Mt 25,31-46). La Iglesia tiene mucho de hipocresía y legalismo, heredad de escribas y fariseos. La marginación de sacerdotes casados y de la mujer es un singo claro de hipocresía y legalismo.
Leemos cuatro interpretaciones, enmarcadas en “habéis oído que se dijo… Pero yo os digo”. “Se dijo” es voz pasiva divina: “Dios dijo”. De hecho, los mandamientos citados proceden del Sinaí. Jesús propone su interpretación al mismo nivel: “yo os digo”. “Enseñaba con autoridad y no como los escribas” (Mt 7,29). La autoridad procede de su persona, Hijo de Dios.
a) “No matarás” ((Ex 20,13; Dt 5,17). Quien sigue a Jesús se deja llevar de su Espíritu. Acepta que el mandamiento, la voluntad de Dios, no es sólo “no matar”, sino amar, cuidar, resolver los conflictos desde el amor, perdonar… Hasta el punto de no poder acercarnos a Dios sin acercarnos a sus hijos.
b) “No cometerás adulterio” (Ex 20,14). Jesús recurre al deseo: “todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (v. 28). Tesis común en su época: “el que tiene una intención pura en el amor, no mira a ninguna mujer para cometer adulterio con ella” (“Testamentos de los Doce Patriarcas”, del canon bíblico de la Iglesia armenia ortodoxa). “`El ojo del adúltero espera la noche [neshef], diciendo: Ningún ojo me contemplará, y dirige su mirada clandestinamente´ (Job 24,15) … No dirás: Solo quien actúa con su cuerpo es adúltero. Aquel que es adúltero con sus ojos es llamado adúltero, como está escrito: `El ojo del adúltero´” (Midrash Rabbá sobre el Levítico, 23. Talmud de Babilonia. S. V).
c) “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio” (v. 31). Cita de Dt 24,1. Mateo expresa la conducta de una comunidad judeocristiana de finales del s. I. Rechazan el repudio fácil, por cualquier causa. Pero practican el divorcio en caso de adulterio de la mujer: “yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima (πορνείας)- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio” (v. 32). La misma excepción en Mt 19,9. En griego clásico y en el NT, “porneia” significa toda conducta sexual desordenada: adulterio, prostitución, incesto... Deriva de “pornē” (prostituta), y “pernēmi” (vender). Su idea es de explotación sexual, no correcta éticamente.
d) “No jurarás en falso y “Cumplirás tus juramentos al Señor” (vv. 33-37). Claramente se propone no jurar en ninguna situación. Así lo repite la Carta de Santiago: “no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena” (Sant 5,12). La Iglesia no respeta este deseo de Jesús.
Oración: “Habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo” (Mt 5, 17-37)
Escuchamos, Jesús, tu palabra:
“os digo que si vuestra justicia no es mayor
que la de los escribas y fariseos,
no entraréis en el reino de los cielos” (v. 20).
“El reino de los cielos” es tu alternativa de vida:
vivir movido por tu Espíritu de amor;
compartir nuestros bienes con los necesitados;
llorar con los que lloran y llorar nuestro egoísmo;
abrazar la no violencia activa en defensa de la vida;
desear el ajustamiento, la realización, de todos;
empatizar con los necesitados y débiles;
afrontar la vida siempre con buena intención;
promover la convivencia respetuosa y pacífica;
responder como tú a quien nos hace sufrir:
“sufrir por hacer el bien es una gracia de Dios...
También tú, Cristo, padeciste por nosotros,
dejándoos un ejemplo para seguir sus huellas...
No encontraron engaño en tu boca…
No devolvías insulto cuando te insultaban;
sufriendo no proferías amenazas;
te entregabas al que juzga rectamente” (1Pe 2,20ss).
Esta vida supera “la justicia de escribas y fariseos”:
los “escribas” conocían bien las Escrituras y la Ley;
los “fariseos” se consideraban “separados”
por cumplir la ley en su literalidad;
unos y otros no tenían tu corazón, tu Espíritu:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas,
que os parecéis a los sepulcros blanqueados!...
Por fuera parecéis justos, pero por dentro
estáis repletos de hipocresía y crueldad” (Mt 23,27-28).
“Invalidáis la palabra de Dios con esa tradición
que os transmitís…” (M c 7,13).
Para ti, Jesús, la esencia de la Ley es el amor:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...
Este mandamiento es el principal y primero.
El segundo es semejante a él:
`Amarás a tu prójimo como a ti mismo´.
En estos dos mandamientos se sostienen
toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,37-40).
“Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar,
te acuerdas allí mismo de que tu hermano
tiene quejas contra ti,
deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero
a reconciliarte con tu hermano,
y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5,23s).
“Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros,
hacedlo vosotros con ellos;
pues esta es la Ley y los Profetas” (Mt 7,12).
En el juicio final, sólo el amor al prójimo escuchará:
“benditos de mi Padre” o “apartaos de mi” (Mt 25,31-46).
Tu felicidad, Cristo Jesús, es amar como nos amas:
amor que lleva a no despreciar nada creado,
que cuida sobre todo a los más débiles,
que trata con igual dignidad todos,
que dice la verdad sin poner a Dios por testigo,
que “no impone más cargas que las indispensables”,
que sirve humilde y voluntariamente,
que lucha por cambiar las situaciones de injusticia,
que busca amor y vida para todos.
rufo.go@hotmail.com
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