Celebramos la novedad exclusivamente cristiana (Domingo 2º de Navidad 4 enero 2026)

En ninguna religión se encuentra esta afirmación: “el Verbo se hizo carne”

“El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS 22).

Comentario:El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,1-18)

Releemos el prólogo del evangelio de Juan, como en la “misa de día” de Navidad. Texto más importante de la revelación cristiana. Himno que celebra lo más sustancial del hecho “Jesús”. Juan lo crea o lo reelabora, como “umbral” o “dintel” de su evangelio. Canta los temas básicos cristológicos: Palabra de Dios encarnada y acampada entre nosotros, luz, don, vida, verdad. Es el programa de todo su evangelio.

Este texto ha sido muy venerado en la historia de la Iglesia. Una especie de sacramental que se leía sobre enfermos y recién bautizados; expresaba la cercanía de Jesús a los que sufren y el don del bautismo que “da poder de ser hijos de Dios” (1,12). Santo Tomás de Aquino, al tratar de prácticas supersticiosas, se pregunta: “¿Es lícito llevar colgadas del cuello fórmulas sagradas?”. Responde: “parece que es lícito llevar colgados al cuello textos sagrados como remedios de enfermedades o de cualquier otro daño” (2ª 2ae, q. 96, art. 4). Entre estos textos destacaban frases de este prólogo. Durante siglos, desde el Misal de san Pío V (año 1570, bula `Quo primum tempore´) hasta el Vaticano II (1965), la misa terminaba con la lectura del prólogo, llamado “el último evangelio”. En algunos países americanos mantienen la costumbre de “evangeliar” a los niños: el sacerdote con la mano extendida sobre ellos lee el prólogo de san Juan.

Todo el prólogo está dedicado a Jesucristo. Creo que para el pueblo sencillo es mejor traducir el “Logos” griego como “Palabra” que como “Verbo”. La versión oficial de la Conferencia Episcopal Española aduce: “es un término consagrado en las traducciones españolas durante diez siglos y presente en obras teológicas y de espiritualidad de habla española”. La gente hoy entiende “Verbo” como categoría gramatical que expresa una acción, una existencia o estado. Los verbos son las palabras más expresivas, los “músculos” del idioma, núcleo de la oración gramatical. Por eso se las llama “verbo”. Pero llamar “Palabra” a Jesús de Nazaret es más inteligible: Jesús es la expresión auténtica, la mejor expresión de Dios.

El contenido se articula en tres partes o estrofas. La primera (vv. 1-5) es la vida trascendente del Logos: proyecto y palabra eficaz, creadora. Canta su preexistencia, divinidad y eficacia creadora y reveladora: “En el principio existía el Verbo…, y el Verbo era Dios… Por medio de él se hizo todo... En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres…”.

Los versículos 6-8 son un paréntesis:Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz…”.

La segunda estrofa (v.9-14) narra la acción de Jesús: “El mundo no le conoció… los suyos no lo recibieron. A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios… Han nacido de Dios”. Proclama el hecho más decisivo: “el Verbo se hizo carne (débil, mortal) y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. La gloria divina pasa ahora del Templo a la Humanidad de Jesús. En ninguna religión se encuentra esta afirmación: “el Verbo se hizo carne”. Es la novedad exclusivamente cristiana, la más peculiar y característica de nuestra teología. Dios se hace presente, visible, palpable en un ser humano, en Jesús de Nazaret. En sus ideales, actividad, opciones…, conocemos el proyecto divino para el ser humano: lo que Dios quiere y lo que Dios no quiere.

Paréntesis segundo (v. 15):Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo»”.

La tercera estrofa (vv. 16-18) resalta la superioridad de la Nueva Alianza.De su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia” (χάριν ἀντὶ χάριτος: “gracia por -en lugar de, en vez de- gracia”). Se dan tres interpretaciones: a) Correspondencia: gracia que corresponde a su gracia. b) Sustitución: gracia que suplanta a otra, que sería el amor de equivalencia. c) Acumulación: una gracia tras otra. Creo que la sustitución es la más adecuada: la gracia (amor gratuito) suplanta al amor humano. “La ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo”. El don de la Ley es inferior porque Moisés no había visto a Dios. “A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito (lit.: el unigénito Hijo: ὁ μονογενής υἱὸς) que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18; 5,37-38; 6,46).

Oración:El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,1-18)

Hoy Jesús, celebramos la humanización de Dios:

oramos hoy con el documento más humano del Vaticano II;

la Constitución pastoral “Gaudium et Spes” (gozo y esperanza)

           humaniza la vida siguiendo tu humanización.

“Tú, el Hijo de Dios, con tu encarnación

 te has unido, en cierto modo, con todo ser humano:

trabajaste con manos humanas,

pensaste con inteligencia humana,

obraste con voluntad humana,

amaste con corazón humano.

Nacido de la Virgen María, te hiciste

verdaderamente uno de los nuestros,

semejante en todo a nosotros,

excepto en el pecado (que deshumaniza).

Cordero inocente, con la entrega libre de tu sangre:

nos mereciste la vida.

En ti Dios nos reconcilió consigo y con nosotros

y nos liberó de la esclavitud del mal,

por lo que cualquiera de nosotros puede decir:

el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20).

Padeciendo por nosotros,

nos diste ejemplo para seguir tus pasos

y abriste el camino, con cuyo seguimiento

la vida y la muerte adquieren nuevo sentido.

Nosotros, conformados con tu imagen de Hijo:

primogénito entre muchos hermanos,

recibimos las primicias del Espíritu (Rm 8,23),

las cuales nos capacitan para cumplir la ley nueva del amor.

Por medio de tu Espíritu…, nos restauramos internamente

hasta que llegue la redención de nuestro cuerpo (Rm 8,23) …

Este es el gran misterio humano:

que la revelación cristiana esclarece a los fieles.

Por ti y en ti, Cristo se ilumina

el enigma del dolor y de la muerte…;

Tú, Cristo, has resucitado;

con tu muerte destruyes la muerte y nos das la vida,

para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu:

¡Abba! ¡Padre!” (GS 22).

“Tú, Verbo de Dios, por quien fue hecho todo:

hecho carne y habitando en la tierra,

entraste como hombre perfecto en la historia del mundo,

asumiéndola y recapitulándola en ti mismo.

Tú nos revelas que Dios es amor (1Jn 4,8):

nos enseñas que la ley fundamental de la perfección humana,

es el mandamiento nuevo del amor.

A los que creen en el Amor:

les das la certeza de que abrir a todos el camino del Amor

y el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal

no es inútil o insignificante.

Al mismo tiempo adviertes que este Amor

no hay que buscarlo sólo en cosas importantes,

sino, primero, en las coyunturas ordinarias de la vida.

Tú, Cristo, sufriendo la muerte por todos nosotros,

nos enseñas con tu ejemplo a llevar la cruz

que la carne y el mundo echan sobre

los que buscan la paz y la justicia.

Tú, Cristo, constituido Señor por tu resurrección:

obras ya por la virtud de tu Espíritu en nuestro corazón,

no sólo despertando el anhelo del siglo futuro,

sino alentando, purificando y robusteciendo

aquellos generosos propósitos

con los que la familia humana

intenta hacer más llevadera su propia vida

y someter la tierra a este fin” (GS 38).

Hoy, Jesús de todos, sentimos tu Bondad y tu Amor,

Bondad y Amor que eres tú, Jesús, “Dios-con-nosotros”.

rufo.go@hotmail.com

También te puede interesar

Lo último

stats