Los convertidos al Amor comparten la misión de Jesús (Domingo 3º TO A 25 enero 2026)

La metáfora “pescadores de hombres” alude a la labor de rescatar gente que vive de modo inhumano

El “amor primero” produjo pastoral democrática

Comentario:Convertíos porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 4, 12-23)

Para meditar el evangelio, conviene hacer “composición del lugar” (San Ignacio): visión imaginativa de espacio, tiempo y otras circunstancias, del hecho o dicho evangélicos que vamos a considerar. Dato inicial del salto de Jesús a la arena pública: “al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea”. Cierran la boca del Bautista y salta el Espíritu: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando; volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu” (Lc 4,1.14).

El hecho de “retirarse a Galilea” cuadra con el espíritu de Jesús. Galilea era la región más pobre de Israel. Mayoría de campesinos, pescadores, mendigos, endeudados. Campo muy necesitado del Reino de Dios: reino de justicia, de libertad, de realización personal y social. Hoy siguen este espíritu muchos misioneros de Jesús: eligen como campo de evangelización los barrios y pueblos más pobres.

Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún”. Un pueblo pesquero y pequeño, a la orilla del lago de Galilea, en la zona norte y oeste de Israel. Según Mateo, Cafarnaún se consideraba como “su ciudad” (Mt 9,1). Algunos textos suponen que allí vivía ya su familia, madre y hermanos (Mt 17,25; Mc 3,31). Nazaret está en la región de la tribu de Zabulón, Cafarnaún en la de Neftalí. No era la “Galilea de los gentiles” en la época de Jesús, primera mitad del s. I. Era una región hebrea. Jesús dispone: “No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel” (Mt 10,5s). El evangelista piensa en una época posterior, cuando los misioneros se abren a los gentiles. “Junto al mar, al otro lado del Jordán”. Alusión al lago de Genesaret, mar de Tiberíades. Se le llama “mar” por su vasta dimensión (21 km. de norte a sur, 12 de este a oeste en lo más ancha, y 42 m. de profundidad). Ensanchamiento del río Jordán, agua dulce. Por aquí vivió Jesús casi todo su ministerio.

Para apoyar el mesianismo de Jesús, se aduce un texto de Isaías: “¡No habrá ya oscuridad para la tierra que está angustiada! En otro tiempo humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló” (Is 8,23-9,1). Convierte el texto en mesiánico, comentando lo que ocurría entonces en las primeras iglesias: Jesús era una luz grande, brillaba en medio de la miseria y la muerte.

La predicación coincide con la de Juan Baautista: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (Mt 3,2). El evangelio de Marcos, más explícito: “Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio»” (Mc 1,14-15). Es el tiempo mesiánico: Jesús es la intervención directa de Dios en nuestro mundo. Volverse hacia él, mirarle, escucharle, aceptar su vida, es entrar en el reino de Dios, el modo de vida que Dios quiere, concordante con nuestra naturaleza.

Jesús llama a los primeros discípulos. Dos parejas de hermanos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan). En los relatos de Lucas (5,1-11) y Juan (1,35-50), el proceso vocacional parece más complejo. Jesús llama, no lo piden los discípulos, como ocurría con los maestros judíos. No exige renuncia al estado matrimonial. Llama al reino, y deja en opción libre el estado civil. “Estaban echando la red en el mar”. Dato realista es el tipo de “red” (ἀμφίβληστρον: amphiblestron): “red de mano”, llamada esparavel, atarraya, tarraya, rallo o rail. Suele usarse en la orilla, a pie o con barca en aguas poco profundas donde se ven los peces. Eran, pues, pescadores modestos, de utensilios básicos.

La metáfora “pescadores de hombres alude a la labor de rescatar gente que vive de modo inhumano: hacerles consciente de sus esclavitudes y de su dignidad humana, abrirles a ideales humanos, dignos de los hijos de Dios. “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. Siguen el anuncio y la vida del “reino de los cielos o de Dios”. Para explicar este modo de vida y realizarlo, “recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. Sumario de su vida: evangelio y curación de toda dolencia.

Al grupo se van uniendo hombres y mujeres. Les da a sentir el amor del Padre. Comparte con ellos su proyecto vital. Les enseñas la Buena Noticia del reino, cura enfermedades y dolencias del pueblo. Su evangelio es el amor del Padre: reino de Dios y amor de Dios es lo mismo. Dios reina al sentir su amor incondicional, al orientar la vida desde su amor, al amarnos “como él nos ama”.

Los convertidos a este Amor comparten su misión: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Libraréis del desamor a las personas, pondréis vuestra vida al servicio de los hermanos. La libertad y el amor encontraron acomodo mutuo: el amor impide dominio, privilegios, pleitesía. El amor “no impone más cargas que las indispensables” (He 15,28).

Este amor “primero” produjo pastoral democrática: hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea. La propuesta les pareció bien a todos y eligieron… Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando” (He 6,3-6). Pastoral que se prolongó en la Iglesia durante siglos:: “Que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo” (Tradición Apostólica de Hipólito s. III). “Nadie sea dado como obispo a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el consentimiento del clero, del pueblo y de los hombres públicos” (Papa Celestino I 422-432. Carta a obispos de Vienne).“El que ha de estar al frente de todos debe ser elegido por todos” (San León Magno 440-461. Cartas 10, 13 y 14). “Lo que concierne a todos, debe ser tratado y aprobado por todos” (Principio eclesial tradicional, vigente en el primer milenio).

El poder ahogó el Amor “primero”. Los dirigentes eclesiales se mundanizaron, contrariando el pensar de Jesús: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,42-45). El primer milenio desembocó en el “Dictatus Papae” (Gregorio VII): “el Papa es señor absoluto de la Iglesia, el Papa es señor supremo del mundo, la Iglesia romana no erró ni errará jamás”. Fue el Papa que impuso el celibato obligatorio a los clérigos. A pesar de la protesta general del clero. “Contra este decreto se levantó improvisamente con violencia todo el grupo de los clérigos afirmando que el herético era el Papa por cultivar una doctrina absurda. Él ha olvidado la palabra del Señor que dice: `no todos pueden entenderlo sino sólo aquellos a los que les ha sido concedido´. Y el Apóstol: `si no saben vivir en continencia, se casen´. El papa quiere constreñir a los hombres de manera violenta a vivir como ángeles, negando el camino habitual de la naturaleza; habría dejado libre salida para la fornicación y para la inmundicia. Si él insiste en mantener su idea, estarían más dispuestos a abandonar el sacerdocio que a dejar a la mujer y entonces él habría necesitado conseguir ángeles para dirigir la iglesia de Dios (al rechazar a los hombres)” (Anales, del monje Lamberto cronista, s. XI).

Hoy, la Iglesia vuelve los ojos al Evangelio: crece la conciencia de la consagración bautismal, “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3,26-28). La sinodalidad está haciendo reverdecer el pensar de Jesús, la participación, el respeto a los carismas, el amor que impide dominio y pleitesía, el amor que “no impone más cargas que las indispensables” (He 15,28).

Oración:Convertíos porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 4, 12-23)

Jesús, lleno del Espíritu de Dios:

contemplamos hoy el inicio de tu ministerio;

antes “surgió un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan:

venía como testigo, para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él” (Jn 16-7).

Juan urgía el cambio de mentalidad:

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»;

confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis;

pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo...

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Mt 3,2.6.11).

La detención y la muerte de Juan te afectaron mucho:

al enterarte de que habían arrestado a Juan

te retiras a Galilea,

te estableces en Cafarnaún” (Mt 4,12s).

Abrazas sus mismas palabras:

comienzas a predicar diciendo:

«Convertíos, porque está cerca

el reino de los cielos»” (Mt 4,17).

Su muerte te sorprende en pleno ministerio:

Al enterarte, te marchas en barca,

a solas, a un lugar desierto” (Mt 14,13);

compartes tu dolor con el Padre del cielo,

           fortaleces tu arriesgado espíritu de profeta.

Te contemplamos, Jesús, “paseando junto al mar de Galilea:

 ves a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés,

que estaban echando la red en el mar…

Les dices: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y te siguieron.

Y pasando adelante ves a otros dos hermanos,

a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano,

que estaban en la barca repasando las redes…,

los llamas, e inmediatamente dejaron la barca y a su padre

y te siguieron” (Mt 4,18-22)..

Con ellos inicias tu servicio pastoral:

recorriendo toda Galilea, enseñando en sus sinagogas,

proclamando el evangelio del reino y curando

toda enfermedad y toda dolencia…” (Mt 4,23).

Al grupo se van uniendo hombres y mujeres:

les das a sentir el amor del Padre,

compartes con ellos tu proyecto vital;

les enseñas la Buena Noticia del reino de Dios;

curas enfermedades y dolencias del pueblo.

Tu evangelio es el amor del Padre:

reino de Dios y amor de Dios es lo mismo;

Dios reina cuando sentimos su amor incondicional,

           cuando su amor orienta nuestra vida,

           cuando nos amamos “como él nos ama”.

Los convertidos a este Amor comparten tu misión:

Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”;

libraréis del desamor a las personas;

pondréis vuestra vida al servicio de los hermanos;

la libertad y el amor encontraron acomodo mutuo:

           el amor impide dominio, privilegios, pleitesía;

           el amor “no impone más cargas que las indispensables” (He 15,28).

Este amor “primero” produjo pastoral democrática:

hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama,

llenos de espíritu y de sabiduría,

y los encargaremos de esta tarea;

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron…

Se los presentaron a los apóstoles y

ellos les impusieron las manos orando” (He 6,3-6).

Pastoral que se prolongó en la Iglesia:

“Que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable,

haya sido elegido por todo el pueblo”

(Tradición Apostólica de Hipólito s. III).

“Nadie sea dado como obispo a quienes no lo quieran.

Búsquese el deseo y el consentimiento del clero,

del pueblo y de los hombres públicos”

(San Celestino I 422-432. Carta a obispos de Vienne).

“El que ha de estar al frente de todos debe ser elegido por todos”

(San León Magno 440-461. Cartas 10, 13 y 14).

“Lo que concierne a todos, debe ser tratado y aprobado por todos”

(Principio eclesial tradicional, vigente en el primer milenio).

El poder, Jesús, ahogó el Amor “primero”:

el primer milenio trajo el “Dictatus Papae” (Gregorio VII):

“el Papa es señor absoluto de la Iglesia,

el Papa es señor supremo del mundo,

la Iglesia romana no erró ni errará jamás”.

Hoy, tu Iglesia vuelve los ojos al Evangelio:

crece la conciencia de la consagración bautismal;

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

Cuantos habéis sido bautizados en Cristo,

os habéis revestido de Cristo.

No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer,

porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3,26-28)..

Queremos, Jesús de todos, participar de tu misión:

aviva nuestro espíritu con la libertad de tu Espíritu;

fortalece nuestros dones y carismas al servicio comunitario;

que todos podamos realizarnos en tu seguimiento.

Ven, Espíritu de Cristo, y conviértenos a tu reino, a tu Amor.

rufo.go@hotmail.com

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