Jesús, tu vida es la mejor noticia, la mejor “epifanía”, del Misterio divino Los cristianos (la Iglesia), llamados a ser “Epifanía” del Señor

Epifanía
Epifanía

"Clericalismo y celibato obligatorio, contrasignos, entre otros, del Amor de Dios"

"Jesús mismo no puso esta condición previa en la elección de los Doce, como tampoco los Apóstoles para los que ponían al frente de las primeras comunidades cristianas"

También los gentiles son coherederos” (Ef 3, 2-3a.5-6)

Esta carta,atribuidaa Pablo. recoge enseñanzas orales suyas, escritas por algún discípulo. El fragmento de hoy está dentro de un paréntesis del cap. 3. El versículo primero se une al v. 14 para “doblar las rodillas ante el Padrey pedirle ser robustecidos por medio de su Espíritu...para que Cristo habite por la fe en sus corazones, y el amor sea nuestra raíz y nuestro cimiento” (vv. 1.14-21).

El paréntesis, los vv. 2-13,tiene dos partes bien diferenciadas. La primera (vv. 2-7) narra algunos rasgos del misterio de Cristo. La segunda (vv. 8-13), el modo y tiempo de su realización. La lectura de hoy pertenece a la primera parte (Ef 3, 2-3a.5-6). En primer lugar dice: “Supongo que habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles” (v. 2). “La gracia de Dios” es un término muy paulino que condensa el regalo que recibe el que acepta a Jesús. Este regalo es la nueva situación vital (“gracia, en la cual nos encontramos”, Rm 5,2),que incluye la presencia del Espíritu de Dios en la persona: “habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!». Ese Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos..., coherederos con Cristo...” (Rm 8,15ss).

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Epifanía
Epifanía

Esta “gracia es el “misterio” de Dios revelado en Jesús, y que Pablo ha recibido del mismo Jesús resucitado, según sus escritos: “Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, sobre el cual acabo de escribiros brevemente” (v. 3). En la carta a los Gálatas claramente reconoce esta revelación tan singular: “Pablo, apóstol no de parte de hombres ni por mediación de ningún hombre, sino por Jesucristo y Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos... Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; pues yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo” (Gál 1,1.11-12).

En segundo lugar se insta a leer y ver la comprensión que tiene Pablo de este misterio: “Leedlo y veréis cómo comprendo yo el misterio de Cristo” (v. 4). Misterio “que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas” (v. 5). Misterio que lleva en sus entrañas el Amor universal e incondicional de Dios: “que también los gentiles son coherederos(“sin-clero-nóma”), miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (v. 6). Los gentiles son los no judíos. Ya todo creyente persona en Jesús, recibe el Espíritu que da conciencia de su dignidad. Los cristianos son “sin-clero-nóma”: “conjuntamente clero”, “suerte”, “porción”, de Dios. Cualidad común, usurpada por los dirigentes de la Iglesia, llamándose “clero” en exclusiva.

Celebramos la Epifanía (manifestación) de Jesús. El plan de Dios se ha manifestado en Jesús. Creyendo a Jesús, recibimos su Espíritu. Hay signos de Dios en la belleza misteriosa de la naturaleza, pero su “voluntad, su proyecto de vida humana”, se descubre claramente en la historia de Jesús. Su expresión “en Cristo” o “en el Señor” marca la relación de filiación y fraternidad, derivadas del amor de Dios manifestado y vivido por Jesús, y transmitido a los seres humanos.

Jesús es “epifanía” el Amor de Dios. Su vida trabaja para que nosotros, disfrutando de su filiación y fraternidad, viviendo como miembros de su cuerpo, seamos también “epifanía” del Amor de Dios. Su llamada “puerta estrecha... que lleva a la vida” (Mt 7,13s; Lc 13,24), es filiación y fraternidad. De aquí: “todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lc 14,33). Es la pobreza de espíritu, la mansedumbre frente a la violencia, el llorar con los que lloran, el “hambrear” la realización de todos, el ser compasivos y limpios de corazón, el trabajar por la paz, el soportar la cruz que lleva consigo el Amor... (Mt 5,3ss).

Seminarista
Seminarista Josh Appelgate

El clericalismo vigente es un contrasigno de la “Epifanía del Señor”. Los dirigentes miran más a sus leyes que al Evangelio. A muchos se les puede aplicar esta invectiva evangélica: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí” (Mt 23,5ss).

Contrasigno llamativo es también el celibato obligatorio para algunos ministerios, sabiendo que “el Nuevo Testamento, en el que se conserva la doctrina de Cristo y de los apóstoles, no exige el celibato de los sagrados ministros, sino que más bien lo propone como obediencia libre a una especial vocación o a un especial carisma (Mt 19,11-12).

Jesús mismo no puso esta condición previa en la elección de los Doce, como tampoco los Apóstoles para los que ponían al frente de las primeras comunidades cristianas (1Tim 3,2-5; Tit 1, 5-6)” (Sacerd. Caelibatus, 5). Hoy, los derechos humanos concuerdan con el proceder evangélico y eclesial primero (GS 26; art. 16 ONU 1948).

Oración: “También los gentiles son coherederos” (Ef 3, 2-3a.5-6)

Jesús, proyecto salvador de Dios:

Dios quiere que todas las personas se realicen (1Tim 2,4),

liberándose de cualquier mal,

desarrollando sus capacidades en plenitud,

disfrutando la “herencia, suerte, porción” de Dios.

Hoy, Epifanía de Jesús, reconocemos:

que también los gentiles son coherederos,

miembros del mismo cuerpo,

y partícipes de la misma promesa en Jesucristo,

por el Evangelio”.

La vida real contradice el proyecto divino:

fanatismos ideológicos y religiosos;

imposiciones interesadas de los más fuertes...;

racismo pertinaz;

nacionalismos excluyentes;

diferencias injustas de estamentos sociales;

violencia y odio contra los diferentes...

Jesús, hermano de todos:

tu vida sigue siendo la mejor noticia;

la mejor “epifanía” (manifestación) del Amor:

paciente, benigno; que no tiene envidia,

no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta;

no se irrita; no lleva cuentas del mal;

no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1Cor 13,4-7).

Jesús, hay mucha decepción en la Iglesia:

muchos no la viven como hogar tuyo;

hay excesivo apego a la ley e intolerancia a la crítica;

sigue la exaltación casi idolátrica a sus responsables;

existe servilismo, obediencia ciega, “el jefe siempre tiene razón”...

El clericalismo denostado sigue vigente:

miran más a sus leyes que al Evangelio;

muchos “lo que hacen es para que los vea la gente:

alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto;

les gustan los primeros puestos en los banquetes

y los asientos de honor en las sinagogas;

que les hagan reverencias en las plazas

y que la gente los llame rabbí. ”;

hasta “prohíben casarse” (1Tim 4,3) a sus servidores,

sabiendo que “el Nuevo Testamento,

en el que se conserva la doctrina de Cristo y de los Apóstoles,

no exige el celibato de los sagrados ministros,

sino que más bien lo propone como obediencia libre

a una especial vocación o a un especial carisma (cf. Mt 19, 11-12).

Jesús mismo no puso esta condición previa en la elección de los Doce,

como tampoco los Apóstoles para los que ponían

al frente de las primeras comunidades cristianas (1Tim 3, 2-5;Tit 1,5-6)”

(Enc. Sacerdotalis Caelibatus, 5).

Jesús, amor de Dios a la humanidad:

hoy, día de la Epifanía, queremos subrayar tu amor universal;

amor que fue tu camino, Espíritu que movió tu vida entera.

Queremos que tuAmor mueva a toda la Iglesia:

que “el Espíritu Santo nos ayude a reconocer

los diferentes carismas en las comunidades cristianas;

y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales

dentro de la Iglesia Católica” (Intenciones del Papa enero 2024);

para que ella siga proponiendo tu Evangelio;

para que tenga coraje de reformarnos y reformarse en “Evangelio”.

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