Cristo del amor: ¡Ayúdanos a amar de verdad! (Domingo 30º TO A 25.10.2026)

Toda práctica religiosa (oración, ayunos, procesiones, santiguarse y persignarse, romerías, velas, arrodillarse y caminar arrodillado, cilicios...) vale menos que amar a Dios y a sus hijos

Ante la multitud de preceptos (AT: 613; Código canónico 1792), brilla la respuesta sencilla de Jesús: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12)

Comentario: “Estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,34-40)

Un fariseo pregunta a Jesús un tema típicode expertos en la Ley. Había 248 mandamientos positivos y 365 negativos. Suman 613 preceptos. Escribas y fariseos viven obsesionados por cumplir la ley y las tradiciones judías. Algunos rabinos hacían cómplice de su obsesión al mismo Dios que, decían, en los ratos libres, se dedica al estudio de la Ley.

El Mesías lograría la fidelidad de todos a la ley y a sus preceptos más insignificantes. La ley obliga siempre. Ser religioso es cumplir la ley tal como está y se interpreta por maestros. En las escuelas veían que era imposible recordar todo, y, por tanto, practicarlo. De aquí la preguntan que le hacen a Jesús. En el fondo desconfían de la interpretación de Jesús.

Había rabinos que distinguían preceptos “grandes y pequeños”. Otros pensaban que todos son importantes. Así lo reconoce el IV libro de los Macabeos (canónico para la Iglesia ortodoxa): “la transgresión de la ley, ya sea en asuntos pequeños o grandes, es de igual importancia” (4Mac 5,20). Optar por una opinión no compartida por sectores conservadores y decisivos del judaísmo era peligroso. “Le preguntaron para ponerlo a prueba” (v.35).

Jesús contesta citando el Deuteronomio: “Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,5). Es parte del “Shemá Israel”, la oración más sagrada del judaísmo, sacada del Deuteronomio (6,4-9; 11,13-21 y Números (15,37-41). Oración que los judíos recitan por la mañana y por la noche, antes de dormir y en momentos llenos de religiosidad. Oración escrita en diversos objetos para recordar su importancia y manifestar su fe (puertas, muñecas, filacterias…).

Jesús añade otro mandamiento que no está en el “Shemá Israel”. Pero sí en la Escritura, en el libro del Levítico: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Lo llama mandato “segundo”. Pero lo califica de “semejante al primero” (homoios: semejante, igual, parecido). Para Jesús tiene valor y rango idénticos. Pone al mismo nivel la religión y la ética. El amor a nuestros semejantes es un precepto no sólo humano, ético, sino también divino. No puede separarse el amor al Creador del amor a sus criaturas, especialmente a sus hijos. Lo vieronclaro las comunidades cristianas. Basta recordar Mt 25,31-46; 1Jn 3,14-15; 4,20-21... Jesús nos pide asimilar nuestro amor al amor de Dios: amor universal,desin­teresado, ilimitado (Mt 5,43-48; Lc 6,27-38; 10,30-37; Sant 2,1-9).

Los tres sinópticos narran este episodio y cada uno lo matiza de modo singular.

Para Mateo: “En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,40). Los libros de la Ley y los Profetas son el escrito total de la alianza. El amor al Creador y a sus criaturas es el único modo de ser fiel a la alianza con Dios.

Para Mar­cos vivir esos dos amores “vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc 12,33). Toda práctica religiosa (oración, ayunos, procesiones, santiguarse y persignarse, romerías, velas, arrodillarse y caminar arrodillado, cilicios...) vale menos que amar a Dios y a sus hijos.

Para Lucas: “haz esto y tendrás la vida” (Lc 10,28). Lo aclara la parábola del buen samaritano. Amar al prójimo es amar al herido, al necesitado. El sacerdote y el levita, profesionales de la religión, “pasaron de largo”. Ni uno ni otro “tienen la vida” que los humanos deben tener. “Vida” que coincide con la propuesta de Jesús.

Oración: “Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas” (Mt 22, 34-40)

Tu evangelio, Jesús, va al fondo, a lo esencial:

un practicante fervoroso de tu religión te pregunta:

“Maestro, ¿cual es el mandamiento principal de la Ley?”.

Tu respuesta es clara y positiva:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,

con toda tu alma, con toda tu mente”.

Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas”.

Para Mar­cos vivir esos dos amores:

“vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc 12,33).

toda práctica religiosa vale menos que amar a Dios y a sus hijos.

Lucas reconoce “haz esto y tendrás la vida” (Lc 10,28):

y lo aclara con la parábola del buen samaritano;

amar al prójimo es amar sobre todo al herido, al necesitado;

el sacerdote y el levita, profesionales de la religión,

“pasaron de largo”.

Ni uno ni otro “tienen la vida” que Jesús propone.

Ante la multitud de preceptos (613 mandamientos)

ante nuestro código eclesial (1792 cánones),

brilla tu respuesta sencilla y comprensible:

“Estos mandamientos sostienen la ley y los profetas”.

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros

como yo os he amado” (Jn 15,12).

Los primeros cristianos lo tuvieron claro:

- “En esto conocerán todos que sois discípulos míos:

si os amáis unos a otros” (Jn 13,35);

-“toda la ley se cumple en una sola frase, que es:

amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gal5,14);

- “sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida

porque amamos a los hermanos” (1Jn 3,14-15);

- “amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios,

y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor...

Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano,

es un mentiroso;

pues quien no ama a su hermano, a quien ve,

no puede amar a Dios, a quien no ve” (1Jn 4,7-8. 20

Cristo del amor: ¡Ayúdanos a amar de verdad!:

a creer que tú amas a todos: nadie carece de tu amor;

a participar de tu amor respetando a toda persona;

abriendo los ojos a toda necesidad,

ayudando a quien nos necesite,

queriendo siempre el bien.

rufo.go@hotmail.com

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