Todos los difuntos comparten ya la Vida (Todos los Fieles Difuntos 02.11.2026)

“Cristo murió por todos... En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien al misterio pascual” (GS 22)

En el corazón de Dios hay lugar para todos: “en la casa d e mi Padre hay muchas moradas”

Comentario: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Jn 14,1-6)

Estamos en el cenáculo. Situación crítica: Jesús acaba de anunciar la traición de Judas (Jn 13, 21. 26), su vuelta a la casa del Padre: “Hijitos, me queda poco de estar con vosotros... «Donde yo voy no podéis venir vosotros»” (Jn 13,33), la negación de Pedro (Jn 13,37-38). El grupo está confuso, apenado. Jesús siente lo mismo. Ve cerca la muerte violenta. Lo que más angustia al ser humano, y a quienes le quieren y tienen un proyecto común. Los acontecimientos los desbordan.

Jesús pone cordura, sentido y esperanza: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”. Son los más firmes fundamentos para un creyente. Ni apatía, evasión o pasotismo. Calma activa del responsable, que hace lo que puede, y cree mucho en el amor de Dios. Esta fe recuerda el salmo 27: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?… Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”(Sal 26,1.14).

“En la casa de mi Padre hay muchas moradas…; me voy a prepararos un lugar”. Más adelante les dice: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo” (Jn 14, 16-19). Es la “visión” de la fe.

A través de la fe viva en Cristo nos hacemos “morada” de Dios: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23). Creer y vivir en Amor nos hace pasar a la “vida en Cristo”, a la vida definitiva, a morar en la casa del Padre. “Morada”, según Juan, es comunión con Cristo y con el Padre en el Espíritu, que es “morada definitiva” para quien sigue creyendo. La muerte física es una circunstancia por la que atraviesa nuestra “morada”. La resurrección de Cristo y la venida del Espíritu ha adelantado la “morada” de la casa del Padre.

La muerte no es separación del alma y el cuerpo. El ser humano es una unidad personal, un cuerpo animado, una realidad unitaria con dimensiones corporales y espirituales (intelectivas, volitivas, afectivas...). La muerte transforma nuestra existencia. Al morir, según nuestra fe, entramos en una vida nueva, como la de Jesús, el Viviente. Es propuesta de Jesús “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn 11,25-26).

Jesús les va preparando el camino: “Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”

Más aún: Jesús es “el camino, la verdad y la vida”. Se lo dice a Tomás y a todos. Mirarle a él, aceptar su impulso vital, su Espíritu, y conducir nuestra vida según su Espíritu, es el Camino, la Verdad de la vida humana y la Vida que no termina. Tenemos confianza en el Amor de Dios, manifestado en Jesús. Creemos que en “el corazón de todos actúa su gracia de modo invisible... A todos su Espíritu ofrece la posibilidad de que, en la forma que sólo Dios conoce, nos asociemos a su misterio pascual” (GS 22).

Oración: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Jn 14,1-6)

Recordamos hoy, Jesús, a todos los difuntos:

a quienes compartían tu “memoria”

y a quienes no la compartían.

Esperamos que todos encuentren tu Misterio

de bondad, de perdón, de acogida...

Misterio que Tú, Jesús, llamabas “Padre bueno”:

explicado en tus parábolas de bondad inverosímil,

manifestado en tu conducta con publicanos y pecadores,

con mujeres de la vida y con fanáticos violentos,

con marginados de toda clase.

Misterio de bondad que deslumbró a Pablo:

“estoy convencido de que ni muerte, ni vida,

ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro,

ni potencias, ni altura, ni profundidad,

ni ninguna otra criatura

podrá separarnos del amor de Dios manifestado

en Cristo Jesús, nuestro Señor” Rm 6,38-39).

En el corazón de tu Dios hay lugar para todos:

“en la casa de mi Padre hay muchas moradas”,

tantas como personas, hijos suyos todos.

Nosotros, Jesús, somos conscientes:

de estar habitados por el Espíritu divino;

nos creemos “morada” donde habita tu amor;

“ninguno de nosotros vive para sí mismo

y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor;

si morimos, morimos para el Señor;

así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor” (Rm 14,7-9).

La bondad del Padre no excluye a nadie:

“hace salir su sol sobre malos y buenos,

y manda la lluviaa justos e injustos” (Mt 5,45);

perdona siempre, como el padre del hijo pródigo (Lc 15,11ss).

Tu relación, Jesús, con Dios marca una intimidad única:

intimidad que compartes con nosotros al darnos tu Espíritu;

“cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo,

nacido de mujer, nacido bajo la ley,

para rescatar a los que estaban bajo la ley,

para que recibiéramos la adopción filial.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones

el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!»” (Gál 4,4-6).

Estamos seguros que tu amor ha buscado

el modo de llenar de alegría a todos;

en “el corazón de todos actúa su gracia de modo invisible…

A todos tu Espíritu ofrece la posibilidad de que,

en la forma que sólo Dios conoce,

nos asociemos a tu misterio pascual” (GS 22).

Gracias por nuestra esperanza.

Gracias, Señor, por nuestros difuntos,

que comparten ya tu Vida definitiva.

rufo.go@hotmail.com

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