Última hora:
Operación al Papa

El Dios verdadero es Amor limpio (Domingo 29º TO A 18.10.2026)

Líbranos, Jesús libre, de todo fanatismo

La dignidad humana no depende de ningún “César”, es don del Creador

Comentario: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,15-21).

El episodio lo narran los tres sinópticos(Mc 12,13-17; Mt 22,15-21; Lc 20,25-27). El envío de “discípulos con herodianos (partidarios de Herodes)” procede de los sumos sacerdotes, escribas y ancianos, es decir, del Sanedrín. Los que le preguntaron “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?” (Mt 21,23). “Al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta” (Mt 21, 45s). La religión y la política se unen contra la libertad de Jesús. Los que buscan encumbramiento, poder, dinero, prestigio…, es decir, egoísmo, se confabulan contra quien busca verdad, libertad, igualdad, mesa común, bien de todos. A quien pone en cuestión su egoísmo lo declaran enemigo.

No tienen inconveniente en adular hipócritamente: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias”. Son capaces de declaran benefactor, eminencia o excelencia… a quienes les apoyan, aunque sepan que son unos indeseables, dictadores, tiranos, violentos, explotadores... Con Jesús no les vale. Nota su artimaña y los desenmascara: “¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis?” (v. 18).

El alto clero judío y los herodianos aceptaban el tributo. Así gozaban de libertad y poder para dominar al pueblo. Reconocer “divino” al César le parecía al Sanedrín una ofensa al Dios, único Señor de Israel. Si Jesús estaba a favor, le acusarían de colaboracionista con los romanos, contrario al pueblo. Si decía que no pagaran, los herodianos le acusarán de enemigo del César. Acusación muy grave entonces. Fue la acusación definitiva que empujó a Pilato a entregarlo a la cruz: “Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César” (Jn 19,12).

Jesús pide ver una moneda, y pregunta de quién es la imagen y la inscripción. “Del César”, le dicen. “Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Este apotegma de Jesús se ha interpretado como división de poderes entre los gobernantes políticos y religiosos. No está clara la pretensión de Jesús. Por una parte parece evidente que Jesús insta a obrar en conciencia. Si usan la moneda y su inscripción, que reconoce “divino” al César (“Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”) honestamente están reconociendo que su “Dios” es el César. Pero en teoría dicen que sólo hay un único Señor, el Dios de Israel. Por eso son hipócritas: proclaman una verdad que en la práctica están negando. De hecho a Jesús le acusan de que “hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey” (Lc 23,2). Probablemente Jesús no era partidario de pagar el tributo por suponer la divinización de Augusto. “Dad al César lo que es de él” sería limitar al gobernante a su ámbito político, económico. No hay que aceptar la inscripción sobre su “divinidad”.

“Dad a Dios lo que es de Dios”. Esta segunda parte quita la divinidad al César. Jesús demuestra su libertad proclamando, contra el credo de Roma, la verdad de que su Dios no es el César. Éste no da la vida ni sus capacidades radicales: de amar, de crear, de vivir libremente, de conocer la igualdad creatural de origen, naturaleza y destino. Vivir el amor y la bondad en todo es “adorar a Dios en espíritu y verdad” (Jn 4,23). La dignidad del ser humano no depende de ningún César. Es don del Creador. El Vaticano II constata que “crece la conciencia de la dignidad del ser humano, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables… El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, está presente en esta evolución. El fermento evangélico despertó y despierta en el corazón del ser humano esta irrefrenable exigencia de su dignidad” (GS 26).

Oración: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 15-21)

Señor Jesús, sumos sacerdotes, escribas y ancianos:

“al oír tus parábolas, comprendieron que hablabas de ellos.

Y, aunque intentaban echarte mano,

temieron a la gente, que te tenía por profeta” (Mt 21, 45s).

Envían a sus discípulos con amigos de Herodes:

su hipocresía les lleva a adularte:

“Maestro, sabemos que eres sincero

y que enseñas el cami­no de Dios conforme a la verdad;

sin que te importe nadie,

porque no te fijas en las apariencias”.

Te hacen una pregunta envenenada:

“¿es lícito pagar impuesto al César o no?”.

Si dices que sí, colaboras con los romanos,

aceptas al “César, hijo del divino Augusto”.

Si dices que no, los herodianos te acusarían

de rebelde y enemigo del César.

Destapas su falsedad y mala intención:

“¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis?”.

Les pones ante la moneda romana:

que vean la imagen y la inscripción,

que reconozcan la soberanía del César.

“Dad al César lo que es del César”:

las monedas del impuesto llevan su imagen,

son suyas y a él le pertenecen.

“Dad a Dios lo que es de Dios”:

para ti el César no es Dios;

el César no da la vida ni sus capacidades radicales:

amar, crear, vivir libremente,

igualdad de origen naturaleza y destino;

nuestra dignidad no depende de ningún César,

es don del Creador.

Vivir su amor y bondad en todo es:

“adorar a Dios en espíritu y verdad” (Jn 4,23).

El Dios verdadero es Amor limpio:

“hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mt 5,45);

hace “crecer la conciencia de la dignidad del ser humano,

de su superioridad sobre las cosas

y de sus derechos y deberes universales e inviolables…

Su Espíritu divino, que con admirable providencia

guía el curso de los tiempos

y renueva la faz de la tierra,

está presente en esta evolución.

El fermento evangélico despertó

y despierta en el corazón del ser humano

esta irrefrenable exigencia de su dignidad” (GS 26).

Tú, Cristo Jesús, has vivido esta tensión:

“No tentarás al Señor tu Dios”

sujetándole a tu voluntad,

queriendo que legitime tus privilegios,

utilizando su amor para tu egoísmo.

“No sólo de pan vive el hombre,

sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

“Sólo a Dios adorarás”,

no al poder, a la gloria y al dinero (Mt 4,1-13).

Esta tensión entre fe y política es de siempre:

en cada época reviste formas distintas;

un extremo quieren relegar lo religioso al templo,

la fe no debe hablar en ámbitos públicos,

y menos, criticar la actuación política,

incluso prohíben toda manifestación religiosa.

Otro extremo intenta imponer su religión:

identificando su “nación” con “religión”;

copresidiendo los políticos las celebraciones religiosas;

dando sacramentos a todos indiscriminadamente;

intercambiando favores por interés político y económico;

silenciando abusos comunes para perpetuarse en el poder.

El fanatismo común no les deja ver la verdad:

unos y otros, Señor Jesús, te quitarán de en medio;

unos y otros siguen eliminando a personas honradas.

Líbranos, Jesús libre, de todo fanatismo:

ayúdanos a vivir la libertad humana,

a respetar a toda persona,

a amar como el Padre Dios nos ama,

a dejarnos conducir por tu Espíritu.

rufo.go@hotmail.com

También te puede interesar

Lo último

stats