Los dirigentes religiosos siguen “tentando a Dios” (Domingo 1º Cuaresma 22 febrero 2026)

“Revestir de irreversibilidad divina a nuestras decisiones es una arrogancia blasfema”

El Espíritu de Dios guía “al desierto” y “en el desierto”, a la vida real y en la vida real

Comentario:Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu” (Mt 4,1-11)

Toda tentación incita a apartarnos del ideal ético, inscrito en la conciencia: “En lo más profundo de su conciencia descubre el ser humano la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la que debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos del corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello” (GS 16). Jesús fue incitado a desviarse del mesianismo que habitaba su conciencia: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19). Las tres tentaciones le incitan a ser el Mesías soñado por el judaísmo: poderoso, rico y lleno de honor y gloria.

Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo” (Mt 4,1; Mc 1,13s; Lc 4, 1s). Mateo subraya la guía “al desierto” (Mt 4,1: “hacia -εἰς-”). Lucas, la guía “en el desierto” (Lc 4,1: “en -ἐν-”). La tentación evidencia el influjo del Espíritu Santo en la naturaleza humana de Jesús para no desviarse. El Espíritu de Dios guía “al desierto” y “en el desierto”, a la vida realmente humana y en la vida real. El Espíritu impulsa a hacerse cargo de la realidad y a trabajar por su humanización.

La primera tentación invita a prescindir de su naturaleza humana:«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”» (4,2-4). Jesús acepta su humanidad real: “comerás el pan con sudor de tu frente” (Gn 3,19). Aceptar la realidad humana es aceptar la “palabra que sale de la boca de Dios”, que nos ha creado capaces y libres para sustentarnos. Tentación vigente en quienes quieren vivir sin trabajar. “Si alguno no quiere trabajar, que no coma… Algunos viven desordenadamente, sin trabajar, antes bien metiéndose en todo. A esos les mandamos y exhortamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con sosiego para comer su propio pan” (2Tes 3,10-12).

Segunda tentación: el diablo lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Es el orgullo del poder que afecta a todo poder (civil y religioso). “Tomar decisiones, en nombre de Dios, absolutamente irreformables para el futuro (en aquello que es contingente), puede ser en la práctica, quitar la palabra a Dios, condenarlo al silencio, hacerlo asumir como suyas, decisiones nuestras… Puedo tirarme del pináculo del templo, e invocar la voluntad de Dios y pretender obligar a Dios a asumir las consecuencias...; pero eso, lo sabemos, es tentar a Dios” (Cf. CURAS CASADOS. Historias de fe y ternura. Moceop. Albacete 2010. P. 180). Vincular celibato y ministerio por ley es tomar una decisión no necesaria evangélicamente. Dios puede orientar después en sentido contrario. Es quitar la palabra a Dios y obligarle a que tome como suyas decisiones nuestras. Estamos exigiendo que Dios se haga cargo de nuestra decisión y de sus consecuencias. Es presunción falsa e intento claro de dominar a Dios para que haga lo que nosotros queremos. Es “tentar a Dios”.

Terera tentación: el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Tentación del “Egoísmo”: vivir para sí mismo, adorarse, eliminar opositores, justificar poder y riqueza, creer que nadie le pedirá cuentas, abuso sin escrúpulo… Jesús responde: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. “Dios es amor” (1Jn 4,8). “A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu” (1Jn 4, 12-13). Espíritu de Amor. Es el culto “en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así” (Jn 4,23). “En la ciudad de Dios reina el Amor. La ciudad mundana se rige por una ley dada por los hombres” (San Agustin).

Oración:Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu” (Mt 4,1-11)

El Espíritu de Dios, Jesús, llenaba tu conciencia:

el Espíritu del Señor está sobre mí,

porque él me ha ungido.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres,

a proclamar a los cautivos la libertad,

y a los ciegos, la vista;

a poner en libertad a los oprimidos;

a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19).

Te contemplamos hoy guiado por el Espíritu “al desierto” (Mt 4,1)

y “en el desierto” (Lc 4,1);

el Espíritu te lleva al espesor de la vida humana;

el Espíritu te inspira cómo debes vivir humanamente.

El Egoísmo te incitó a vivir “como Dios”:

Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”.

Pero tú, “siendo de condición divina,

no retuviste ávidamente el ser igual a Dios;

al contrario, te despojaste de ti mismo

tomando la condición de esclavo,

hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por tu presencia,

te humillaste a ti mismo,

hecho obediente hasta la muerte,

y una muerte de cruz” (Flp 2,6-8).

Tú quieres vivir “como todo hijo de vecino”:

comerás el pan con sudor de tu frente” (Gn 3,19);

la humanidad es “palabra que sale de la boca de Dios”;

él nos hizo y somos suyos” (Sal 100,3),

capaces y libres para sustentarnos.

Si alguno no quiere trabajar, que no coma…

Algunos viven desordenadamente, sin trabajar...

A esos les mandamos y exhortamos, por el Señor Jesucristo,

que trabajen con sosiego para comer su propio pan” (2Tes 3,10s).

El Egoísmo te incitó al poder absoluto:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:

“Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti

y te sostendrán en sus manos,

para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Tú respondes: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

El Hijo del hombre, no has venido a ser servido

sino a servir y a dar tu vida en rescate por todos” (Mt 20,28).

Tentación de todo poder, religioso y civil:

los jefes de los pueblos los tiranizan,

y los grandes los oprimen” (Mc 10,42).

manipulan, exigen lo que les viene bien a ellos,

se rodean de honores, se hacen besar pies y manos,

recaban obediencia absoluta,

no respetan derechos humanos…

imponen leyes inhumanas,

hasta quitan la vida en nombre de Dios.

El Egoísmo te incitó al adorarte a ti mismo:

a procurarte poder y dinero, tesoros del mundo;

a buscar honores y aplausos;

a tener esclavos que te sirvan a todas horas;

a rodearte de aduladores que sólo ven tus derechos…

“Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”:

Tu Dios y nuestro Dios es Amor”;

a Dios nadie lo ha visto nunca.

Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros

y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros:

en que nos ha dado de su Espíritu” (1Jn 4,12-13).

Es el culto “en espíritu y verdad, porque

el Padre desea que lo adoren así” (Jn 4,23):

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre

para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!...

En esto hemos conocido el amor:

en que él dio su vida por nosotros.

También nosotros debemos dar nuestra vida

por los hermanos” (1Juan 3,1.16).

Tú adoras a Dios amando a los hermanos:

viviendo siempre en “espíritu” de amor,

viviendo en “verdad”, sin hipocresía:

respetando los derechos humanos,

obedeciendo los deberes humanos.

rufo.go@hotmail.com

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