Última hora:
Vox rompe con la Iglesia

El Espíritu divino intima los Derechos humanos también en la Iglesia (D. 6º Pascua 10.05.2026)

“Estamos dispuestos a defender los derechos de la persona humana y no sólo los de la Iglesia”

“Cada uno está llamado a respetar los derechos fundamentales de cada persona”

Comentario:No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros” (Jn 14,15-21)

Los “discursos de despedida” (Jn 13,31-17,26) son las últimas voluntades de Jesús. Empiezan tras salir Judas del cenáculo (13,31). Jesús ve su final como glorificación, anuncia su partida del mundo, les da el “mandamiento nuevo”, predice la negación de Pedro (13, 31-38). Los capítulos 14-16 son el núcleo. Terminan con la oración `sacerdotal´ a favor de los discípulos actuales y futuros (Jn 17).

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (v. 15). Afirmación del Libro de la Sabiduría para la Ley de Dios: “el amor es la observancia de sus leyes” (Sab 6,18). También en Juan: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (15,10). Igual en las cartas de Juan: “En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos” (1Jn 5,3; 2Jn 6). Refranes populares reflejan esta convicción humana: “Si bien me quieres, Juan, tus obras me lo dirán”, “Obras son amores y no buenas razones”, “No hay predicador como Fray Ejemplo”, “El amor y la fe, en las obras se ven”.

El Hijo y el Espíritu transmiten el Amor del Padre:el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre” (Jn 16,27s). El Espíritu Santo es enviado para la misma misión: recordar y enseñar el Amor del Padre. Lo dicen las cuatro citas del “Paráclito”: 1) “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros” (v. 16). 2) “El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho” (14,26). 3) “Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí” (15,26). 4) “Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré” (16,7).

El texto griego son dos oraciones copulativas: yo le pediré al Padre y os dará otro Paráclito”, terminadas por una oración final (“para que esté siempre con vosotros”). La palabra “paráclito” aparece cinco veces en el Nuevo Testamento, todas en escritos de Juan (Jn 14, 16.26; 15,26; 16,7; 1Jn 2,1). Son dos raíces griegas: “pará” (junto a), y “kaléo” (llamar). Traducción literal latina es “advocatus” (“ad”: “junto a”, y “vocatus”: “llamado”), “abogado” en castellano). “Abogado” es el llamado para iluminar, defender, sostener, animar...

En la oración sacerdotal, Jesús acepta su abogacía: Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura” (Jn 17,12). La primera carta de Juan reconoce al Resucitado como “Paráclito” de los pecadores ante el Padre: “si alguno peca, `tenemos a uno que abogue´ (tenemos un Paráclito: παράκλητον ἔχομεν) ante el Padre: a Jesucristo, el Justo” (1Jn 2,1).

El otro Paráclito, que esté siempre con vosotros es “el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros” (v. 17). La razón de enviar “otro Paráclito” es para “no dejarnos huérfanos” (v. 18). Es decir, para no perder la conciencia de hijos de Dios, contagiada por Jesús: “El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Rm 8,16). Creyendo a Jesús, recibimos el Espíritu que hace “ver y vivir” el Amor del Padre: “Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (vv. 19-21).

Oración:No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros” (Jn 14,15-21)

Hoy, Jesús resucitado, invitas a contemplar:

tu nueva presencia, el Espíritu que nos habita.

Te oímos decir:

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.

Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito,

que esté siempre con vosotros,

el Espíritu de la verdad.

El mundo no puede recibirlo,

porque no lo ve ni lo conoce;

vosotros, en cambio, lo conocéis,

porque mora con vosotros y está en vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.

Dentro de poco el mundo no me verá,

pero vosotros me veréis y viviréis,

porque yo sigo viviendo.

Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre,

y vosotros en mí y yo en vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda,

ese me ama;

y el que me ama será amado por mi Padre,

y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14,15-21).

Creer en Ti, Jesús, es acceder al Amor del Padre:

por ti hemos obtenido el acceso a esta gracia,

en la cual nos encontramos” (Rm 5,2);

tu Espíritu da testimonio a nuestro espíritu

de que somos hijos de Dios” (Rm 8,16);

nos convence de la fraternidad universal.

Creemos, Jesús resucitado,

que tu Espíritu acompaña la historia humana;

que es siempre válido lo que dices a los discípulos:

muchas cosas me quedan por deciros,

pero no podéis cargar con ellas por ahora;

cuando venga él, el Espíritu de la verdad,

os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,12-13);

que los “derechos y deberes humanos” son evangelio,

“buena noticia”, voluntad del amor del Padre;

incluidos en tu misión: “yo he venido para que

tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10);

Gracias, Jesús resucitado, porque este “evangelio”

es proclamado hoy por quienes presiden la Iglesia:

- “Estamos dispuestos a defender en primer lugar

los derechos de la persona humana

y no sólo los de la Iglesia” (Pablo VI, clausura Vat. II).

- “El camino de la iglesia es el ser humano” (J. Pablo II: “RH”, 14).

- “Los derechos y los consiguientes deberes...

son el fruto de un sentido común de la justicia,

válidos para todos los tiempos y todos los pueblos”

(Benedicto XVI. Discurso en la ONU 18.04.2008)

- “Cada uno está llamado a contribuir con coraje y determinación...

a respetar los derechos fundamentales de cada persona…

El Evangelio mismo nos invita a dirigir la mirada

a los más pequeños…” (Francisco. 70 aniversario

Declaración Universal de Derechos Humanos. 11.12.2018).

Danos, Cristo Jesús, a sentir la fuerza de tu Espíritu:

tu “otro abogado”, que “está con nosotros”, y nos defiende,

nos anima a aceptar y respetar los derechos humanos

en la Iglesia y en la sociedad civil;

nos hace testigos de tu amor servicial a todos.

rufo.go@hotmail.com

También te puede interesar

Lo último

stats