En la eucaristía sentimos el Amor que “disculpa, confía, espera, aguanta sin límites” (1Cor 13,7)
Toda Eucaristía es una “aparición” del Resucitado (Domingo 2º Pascua A (12.04.2026)
En la eucaristía sentimos el Amor que “disculpa, confía, espera, aguanta sin límites” (1Cor 13,7)
Comentario: “llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio” (Jn 20,19-31)
Las apariciones evangélicas son una elaboración literaria de la experiencia pascual. Siguen este esquema: presencia inesperada de Jesús, reconocimiento y envío a su tarea. La experiencia interior, espiritual, sobrenatural, se expresa con símbolos. Hoy dos apariciones: sin Tomás y con Tomás.
“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana”: Recuerda al Éxodo, “la noche en que veló el Señor para sacarlos de la tierra de Egipto” (Ex 12,42), al “primer día” (Gn 1,4) para resaltar el comienzo de la nueva creación. “Los discípulos (hombres y mujeres -Jn 6, 66; Lc 10, 1-12-) estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Temen que hagan con ellos lo que con Jesús.
“Jesús se puso en medio”. Es fuente de vida, punto de referencia, factor de unidad. Estando así Jesús, el cristiano, célibe o casado, no “anda dividido” (1Cor 7,34), a pesar de la opinión coyuntural paulina, utilizada por el clericalismo para fijar su ideología celibataria. El cristiano tiene el mismo unificador de Jesús: «“amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser” … “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” …» (Mc 12,30s). Ningún amor humano puede competir con el Amor divino, “vínculo de la unidad perfecta” (Col 3,14).
“Paz a vosotros”. Su Amor lleva paz y perdón... inmerecidos. Esperarían reproches por su huida, su abandono, su miedo. Ni una queja a Pedro, el amigo que negó ser tu discípulo (Jn 18, 17ss) e incluso conocerle (Lc 22, 56ss). Sienten la presencia del Amor predicado (Lc 6,27-36). Amor resumido por Pablo, como el que “disculpa, confía, espera, aguanta sin límites” (1Cor 13, 7).
“Les enseñó las manos y el costado”, cicatrices de la pasión, signos de su amor hasta la muerte. El que vive es el mismo que murió en la cruz. Señales que indican la permanencia de su proyecto vital.
“Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Se cumple la promesa de Jesús: “volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 16, 22).
Repite el saludo para entregarles la misión prometida: “paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Misión que procede del Padre: “como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo” (Jn 17, 18). Por eso “sopló” (Gn 2,7) para infundirle su aliento de vida, su Espíritu. Crea la nueva condición humana: “nacer de Dios” (Jn 1, 13). Los capacita para “hacerse hijos de Dios” (Jn 1, 12) y actuar como el Hijo de Dios.
“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados...”. El grupo cristiano ofrece gratis el amor del Padre a la humanidad como Jesús. Obtendrá la misma respuesta que Jesús. Habrá quien lo acepte y entre en el grupo, tras romper con la injustica del mundo. La comunidad le dirá que su pasado ya no pesa sobre él, que Dios le perdona al infundirle su Espíritu. A quienes lo rechazan, les dirán que han elegido el mal libremente. El Amor sigue esperando. Difícil mantenerse en desamor. Jesús dice que los que cuidan del necesitado están en su Amor, y les asegura dicha eterna: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25,34-36). Quien ama con obras está siguiendo la voluntad divina, aunque no lo sepa.
La segunda aparición con Tomás empieza aludiendo a la eucaristía, celebrada ya cada ocho días: “A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros»” (v. 26). Tomás es persona práctica y necesita ver para creer. Jesús le muestra sus cicatrices: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (v. 27). Tras ver las cicatrices, el evangelio no dice que las tocara, Tomás hace su acto de fe: “¡Señor mío y Dios mío!”. Así se sabe que seguimos a Jesús: por las cicatrices que dejan el servicio a los más vulnerables. La Iglesia no convence por boato, poder, riqueza de sus templos, vestimenta de sus clérigos… Bien lo saben los propagandistas de la campaña para declaración de la renta: sólo resaltan el servicio, lo mejor de la Iglesia. Nada dicen de sus sombras: imposición del celibato a clérigos occidentales, negativa a las mujeres en ciertos ministerios, la moral sexual, no a la democracia en asuntos evangélicamente libres, su trato a los sacerdotes casados, marginación del Evangelio cuando organiza viajes papales (leer: “Viaje del Papa a España y el Evangelio Marginado. F. Vilabrille. RD 27 marzo 2026) …
Oración: “llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio” (Jn 20, 19-31)
Jesús resucitado:
Asistimos a una de las primeras reuniones de tu Iglesia;
tu muerte ha revitalizado a tu grupo, a tu comunidad;
tu Amor vivo, resucitado, sigue creando la fraternidad.
Han padecido desconcierto y miedo:
temieron ser detenidos y ejecutados como Tú;
algunos huyeron de la comunidad buscando otra vida;
otros se reúnen “en una casa con las puertas cerradas”.
La fe en tu amor les está poniendo en pie:
mujeres y hombres, discípulos, reviven tus palabras:
“no os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.
Dentro de poco, el mundo no me verá;
pero vosotros me veréis y viviréis,
porque yo sigo viviendo” (Jn 14,18ss).
Tu Amor revive al “cenar en tu memoria”:
sienten que “te pones en medio”, fuente de vida y de unidad;
no hay reproches lógicos por haber huido y abandonado;
ni te quejas a Pedro, amigo a quien querías confiar el grupo,
que negó (Jn 18,17ss) incluso conocerte (Lc 22,56ss);
tu amor “disculpa, confía, espera, aguanta sin límites” (1Cor 13, 7);
tu presencia lleva paz, alegría, perdón... inmerecidos.
Sintieron tu “Paz a vosotros”, en lo profundo del alma:
recuerdan cicatrices del Amor en tus “manos y costado”;
“se llenan de alegría”, como les había prometido:
“volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón,
y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 16, 22).
Tu Amor “sopló sobre ellos”:
infundes tu Espíritu que llama a la misión:
“Como el Padre me ha enviado así también os envío yo;
recibid el Espíritu Santo;
a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados;
a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.
Tu mismo Espíritu sigue hoy alentando:
“perdonad pecados... retened pecados”;
seguimos ofreciendo el amor del Padre;
obtenemos respuestas similares;
hay quien lo acepta y entra en el grupo cristiano;
la comunidad le dice que su pasado ya no pesa sobre él;
se siente perdonado y disfruta la nueva vida;
se activa la confianza en el amor del Padre.
A los que rechazan el Amor:
les hacen conscientes de su actitud;
la casa del Amor estará siempre abierta,
como el hogar del Padre, que espera la vuelta del hijo
que libremente la abandonó (Lc 15,11-32).
Sabemos, Jesús, que quienes cuidan del necesitado
están en tu Amor,
y les aseguras su dicha eterna:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre;
heredad el reino preparado para vosotros
desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer,
tuve sed y me disteis de beber,
fui forastero y me hospedasteis,
estuve desnudo y me vestisteis,
enfermo y me visitasteis,
en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25,34-36).
Quien ama con obras hace la voluntad de Dios,
aunque no lo sepa.
Jesús Resucitado:
¡“Señor mío y Dios mío”!
tu Amor es nuestra paz,
el fundamento, la confianza radical de nuestra vida.
rufo.go@hotmail.com
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