La “nobleza” sacerdotal y laica preguntan por el poder, no por la verdad. Les preocupa controlar y quedar bien. Son “sepulcros blanqueados”. Por eso carecen de autoridad
Jesús desenmascara la hipocresía clerical (Domingo 26º TO A 27.09.2026)
La “nobleza” sacerdotal y laica preguntan por el poder, no por la verdad. Les preocupa controlar y quedar bien. Son “sepulcros blanqueados”. Por eso carecen de autoridad
Comentario: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña” (Mt 21, 28-32)
El capítulo 21 de Mateo narra dos jornadas de Jesús en Jerusalén. El primer día llega “humilde, montado en una borrica… Entró en el templo y echó fuera a los que vendían y compraban en el templo… Sumos sacerdotes y escribas se indignaron... Dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche” (Mt 21,1-17). A la mañana siguiente vuelve a la ciudad, entra en el templo y se pone a enseñar. Los “sacerdotes y ancianos del pueblo”, profesionales de la religión (nobleza sacerdotal) y seglares escogidos entre la aristocracia (nobleza laica), se le enfrentan: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
Con una contrapregunta, Jesús desenmascara la hipocresía de estos dirigentes. A ellos no les preocupa la verdad, sino el poder. Podían preguntar por qué hacía esto, o discutir la bondad o malicia de “limpiar” el templo de vendedores y compradores. Ellos preguntan por el poder, autorización, nombramiento de predicador, título acreditativo… Al preguntarles de “dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de los humanos”, contestan que no saben. Lo que no quieren es reconocer la verdad. Sólo les preocupa dominar, controlar y quedar bien ante la gente. No son claros y transparentes. Ocultan orgullo, abusos, envidia, egoísmo… Son “sepulcros blanqueados”. Por ello carecen de autoridad.
Jesús, que se niega a contestarles directamente, responde con tres parábolas: los dos hijos (21,28-32), los viñadores homicidas (21,33-46) y el banquete del reino (22,1-14). Con ellas les deja claro tres cosas: a) no hacen la voluntad divina; dicen sí, pero es no. b) Han usurpado el poder de Dios imponiendo preceptos humanos. c) Son capaces de quitar de en medio a quien se opone a sus pretensiones. “Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta” (Mt 21,46). En el fondo sabían que Jesus tenía razón. Pero prefieren los intereses propios y de la institución, antes que la verdad y la libertad de los hijos de Dios. Sigue siendo actualidad en nuestra Iglesia. El poder clerical sigue sometiendo el hombre al sábado (la ley), frente al criterio básico de Jesús: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). El celibato obligatorio es paradigma de esta realidad. Sólo el opcional es evangélico y humano. Ningún ministerio, según Jesús, exige soltería por el reino de Dios.
Leemos hoy la parábola de los dos hijos. El padre les pide que vayan a trabajar a la viña. Uno dice: “No quiero”. Pero va a trabajar. Malas palabras, pero buena conducta. El segundo responde: “Voy, señor”.Pero no va. Buenas palabras, mala conducta. La enseñanza de Jesús concuerda con los profetas y con el sentir más humano: Lo decisivo no está en las palabras sino en los hechos. Ellos son la verdad, la “roca”, que realiza la vida. “Aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre” (Is 1,15ss). “Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, mientras su corazón está lejos de mí, y el culto que me rinde se ha vuelto precepto aprendido de otros hombres” (Is 29,13). “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca... El que no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena” (Mt 7,24s).
Oración: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña” (Mt 21, 28-32)
Humanísimo Jesús:
lo que cada ser humano oye en su interior,
resuena hoy en tus palabras como voz del Padre:
“hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.
Para tu Padre y nuestro Padre “somos hijos” (1Jn 3,1):
palabra expresiva de su inmenso cariño y ternura;
aunque no le conozcamos, nos quiere.
Con San Pablo “estamos convencidos de que
ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados,
ni presente, ni futuro, ni potencias,
ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura,
podrá separarnos del amor de Dios manifestado en ti,
Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8,38-39).
En toda conciencia habita su llamada:
a compartir con el que no tiene,
a hacer la paz y no preparar la guerra,
a sentir llanto y gozo de los demás como propio,
a ser transparentes y de buena intención siempre,
a desarrollar nuestros talentos para bien de todos,
a ser amigos de la verdad, de la realidad de las cosas…
¡Cuántas veces nos pasa lo que al segundo hijo!:
con los labios decimos “voy Señor”;
hacemos procesiones con tu imagen;
demostramos nuestros buenos deseos;
Jesús de la claridad, ilumina nuestra mente:
“No todo el que me dice “Señor, Señor”
entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad de mi Padre
que está en los cielos” (Mt 7,21).
“El amor se ha de poner más en las obras
que en las palabras”, dice san Ignacio (EE, 230).
Jesús de la verdad, queremos “trabajar en tu viña”:
luchando contra el hambre;
respetando la libertad y dignidad de las personas;
poniendo paz en medio del odio y la venganza;
colaborando con la verdad y la vida de todos;
no exigiendo más que tu Evangelio;
cambiando leyes y tradiciones no evangélicas e
incompatibles los derechos humanos;
abrazando y comprendiendo a todo marginado.
Cristo Jesús: ayúdanos a vivir tus palabras:
“En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas
van por delante de vosotros en el reino de Dios.
Porque vino Juan a vosotros enseñándoos
el camino de la justicia y no le creísteis;
en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron.
Y, aun después de ver esto, vosotros
no os arrepentisteis ni le creísteis” (Mt 21,31s).
Publicanos y prostitutas son humildes
aceptando su condición pecadora;
la llamada del Bautista no cayó en saco roto;
muchos cambiaron de vida, como Zaqueo
tras recibirte en su casa (Lc 19,1-10).
Queremos, Jesús de todos, seguir tu camino:
“ser misericordiosos como nuestro Padre” (Lc 6,36);
Padre que “ve la opresión de su pueblo…;
oye sus quejas, conoce sus sufrimientos…;
baja a librarlo, a sacarlo, a llevarlo a una tierra
fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel” (Ex 3,7s);
“que hace salir su sol sobre malos y buenos,
y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45).
rufo.go@hotmail.com
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