Nos aseguras tu presencia en la comunidad mínima: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)
Jesús, “puerta” a la vida auténticamente humana (Domingo 4º PASCUA 26.04.2026)
Nos aseguras tu presencia en la comunidad mínima: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)
Comentario: “Os digo: yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10,1-10)
“Jesús les puso esta `comparación´, pero ellos no entendieron de qué les hablaba”. Juan no usa el término “parábola” (παραβολή: de “pará”: “junto a” y “bállō”: “lanzar”): resorte pedagógico que “se lanza” junto de una verdad. Juan (Jn 10,6; 16,25.29) usa otra palabra: παροιμία (“pará”: “junto a” y οἴομαι: esperar). Es un recurso literario que da una imagen a lo que no la tiene, para entenderlo mejor. Suele traducirse por “comparación”, alegoría, suposición, ilustración real o ficticia…
Jesús confronta su pastoreo al de los “fariseos”. En Jn 10,19, se les llama “judíos”, dirigentes espirituales del pueblo, en su mayoría procedentes del fariseísmo. Se desentienden de la vida real: alimentación, salud, convivencia buena y libre... Sólo atienden a la vida religiosa: cumplir la Ley, según la interpretan los dirigentes del Templo. “Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí” (Mt 23,5-7). Jesús se enfrentó a ellos claramente: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Anuláis el mandato de Dios…. Invalidáis la palabra de Dios con esa tradición…; y hacéis otras muchas cosas semejantes” (Mc 7, 8-9.13). También los dirigentes de la Iglesia han degenerado en normas y costumbres ajenas, e incluso contrarias (celibato obligatorio, marginación de la mujer…), al “mandamiento de Dios”.
La alegoría del buen pastor se inspira en costumbres de Palestina. Las ovejas de un pueblo se cobijan en un mismo redil con un “vigilante” nocturno. Por la mañana cada pastor va a por sus ovejas para llevarlas a pastar. Las conoce y ellas conocen su voz y le siguen. A veces, alguien salta la tapia para robar o matar. A éstos las ovejas no los conocen, no siguen su voz, ni el guarda les abre la puerta. La alegoría ya estaba diseñada en el libro de Ezequiel (c. 34) y en el Salmo 23.
Jesús se presenta como “la puerta de las ovejas”. Alude a la “Puerta de las ovejas” (Jn 5,2) que hay en la muralla de Jerusalén, primera que rehicieron los sacerdotes tras volver de Babilonia (Neh 3,1-2). Era la puerta de entrada de las ovejas para sacrificarlas en el Templo. Jesús se constituye en el nuevo Templo. Sus seguidores están destinados a la vida buena, digna, humana, libre, guiada por “el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8,39). En los escritos de Juan Jesús es “la Vida que se hizo visible... que estaba junto al Padre y se nos manifestó” (1Jn 1,2). Jesús es la “puerta” de entrada a la vida “de comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1Jn 1,3).
“Por nuestro Señor Jesucristo hemos obtenido por la fe el acceso a esta gracia en la cual nos encontramos...” (Rm 5, 2). “Esta gracia” es el Espíritu, cuyo fruto primero y capital es el amor: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5,5). Por Jesús accedemos a “la luz y fuerza” de su Espíritu. Y así lo proclaman estos textos del Vaticano II: “Exaltado por la resurrección, ha derramado el Espíritu de caridad en los corazones humanos” (GS 78). “Cristo muerto y resucitado ofrece `luz y fuerzas por su Espíritu´ para que toda persona pueda responder a su excelsa vocación” (GS 10). “Primogénito entre muchos hermanos, con el don de su Espíritu crea una nueva comunidad fraterna entre todos los que le reciben con fe y amor, tras su muerte y resurrección” (GS 32). “Constituido Señor por su resurrección, Cristo... actúa en el corazón de los seres humanos por la fuerza de su Espíritu, no sólo suscitando el deseo del siglo futuro, sino animando, purificando y robusteciendo los deseos generosos con los que la familia humana busca hacer su propia vida más humana y convertir toda la tierra a este fin” (GS 38).
Oración: “Os digo: yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10,1-10)
Jesús resucitado, buen pastor de todo ser humano:
tú “ofreces luz y fuerzas” al hablarnos del amor del Padre;
tú creas una comunidad fraterna de hijos del mismo Padre;
tú actúas en el corazón humano, por la fuerza de tu Espíritu,
suscitando el deseo del siglo futuro,
animando, purificando y robusteciendo
deseos generosos de humanización.
Ejerces así de “puerta” y “pastor”:
para entrar y realizar una vida humana auténtica;
vida vivida por ti mismo:
“la Vida se hizo visible” (1Jn 1,2).
Tu vida es “luz, llena de gracia y verdad” (Jn 1,9.14):
eliges un camino de libertad, finita y condicionada;
no pones tu corazón en el dinero, el poder, el honor;
rechazas la tentación de vivir sólo de pan;
no tientas a Dios haciéndole responsable de todo;
no pretendes que Dios haga tu voluntad;
no utilizas el amor del Padre para el egoísmo...
Tú, Jesús, iluminas y fortaleces nuestra vida:
invitas a anunciar y vivir el Reino del Amor;
te haces cargo de los hermanos;
sufres y te alegras con nuestras situaciones;
te pones en las manos del Padre en todo momento.
Tú, Cristo, nos conoces personalmente:
nuestras desgracias y equivocaciones te afectan;
a nadie marginas ni excomulgas de tu amor;
nos quieres y acompañas siempre;
compartes peligros y sugieres esperanzas;
tu Espíritu nutre de amor, verdad, alegría, fortaleza...
Nos aseguras tu presencia en la comunidad mínima:
“donde dos o tres están reunidos en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).
sostienes la libertad en el amor desinteresado;
nos instas a crear comunidades:
que revivan tu palabra y tu vida;
que llenen de alegría nuestros ambientes;
que quiten el miedo a ser libres, jubilados,
confiados al cuidado de los hermanos;
que hagan inútil la demanda de drogas, de alcohol...;
que nos llenen de esperanza sin límites.
Gracias, buen pastor, Cristo de todos:
por tu palabra,
por tu ejemplo,
por tu presencia en los hermanos,
por la fuerza de tus sacramentos,
especialmente por la eucaristía
por tu Espíritu, “dulce huésped del alma”.
Danos a sentir la realidad que canta el poeta:
Creemos tu presencia, hecha alimento y guía:
“Pasto al fin hoy tuyo hecho.
¿Cuál dará mayor asombro si el traerte yo en el hombro
o el llevarme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho
que aún los más ciegos las ven” (Luis de Góngora).
Gracias, Pastor, por llevarme en tu hombro.
Gracias, Pasto, por alimentar mis entrañas.
rufo.go@hotmail.com
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