Comentario: “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,13-35)
A partir del material sobre apariciones, Lucas elabora una historia preciosa en la que concreta cómo hay que entender la muerte y la resurrección de Jesús. Frente a la idea política de Mesías, Jesús interpreta su vida como profeta de Dios, según el mismo Lucas había reseñado con palabras de Isaías (61,1s): «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,18s). Interpretación evangélica (Lc 9,22; 17,25; Mt 16,21; Mc 8,31), y de Pablo en la sinagoga de Tesalónica: “Pablo, según su costumbre, se reunió con ellos y por tres sábados discutió con ellos apoyándose en las Escrituras, explicándolas y probando que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos y que «este Mesías es Jesús a quien yo anuncio»” (He 17,3).
El Resucitado camina con nosotros, pero no le reconocemos: “yo estoy con vosotros todos los días…” (Mt 2820). “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo” (Vv. 15-16). El v. 16 literal: “los ojos de ellos estaban retenidos (ἐκρατοῦντο es imperfecto pasivo de indicativo: retener, asir, hechizar…) para no reconocerlo (ἐπιγνῶναι: aoristo 2º en infinitivo activo de ἐπιγινώσκω: entender, saber, apreciar, darse cuenta, enterarse…). Nuestros ojos están “retenidos”, “hechizados”, por el egoísmo, por leyes clericales, por miedo al cambio, por ausencia de amor gratuito...
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» (v. 17). Para ellos, Jesús era de Nazaret, profeta “poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo”. Su concepción de Mesías no cuadraba con la “entrega” a la pasión y muerte. “Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió” (v. 21). La esperanza de los discípulos era la liberación de los enemigos de Israel, entonces los romanos.
“Algunas mujeres de nuestro grupo…, no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron” (vv. 23-24). Para Jesús, según los evangelios (Mt 28,1.5-10; Mc 16,1-8; Lc 24,10-11; Jn 20,1-2), son las primeras en experimentar que Jesús está vivo. Ellas son enviadas por el Resucitado: “id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis” (Mt 28,7). Pronto olvidaron los dirigentes eclesiales el aprecio de Jesús a las mujeres.
Jesús acusa a los discípulos de “necedad y torpeza”. “«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras” (vv. 25-27). Así nace la teología primera, leyendo e interpretando los pasajes el Antiguo Testamento concordantes con la vida Jesús, sobre todo, el Segundo Isaías (cc. 40-55).
Cumpliendo un mandato de Jesús: “haced esto en memoria mía” (Lc 22,19, reconocen a Jesús. “A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.” (vv. 30-31). Tras la mesa compartida (v. 35: “al partir el pan”) reconocen a Jesús. “Desaparece de su vista” tras hacerles sentir su Espíritu: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (v. 32). El Espíritu los devuelve a la verdad compartida: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (v. 34).
Los ojos de algunos cristianos, incluso dirigentes eclesiales, están “retenidos, asidos, hechizados” por leyes, costumbres, miedo, intereses personales o corporativos. Y no son capaces de reconocer a Jesús en muchas personas y grupos. Ahí están mujeres, sacerdotes casados, divorciados vueltos a casar, homosexuales, enfermos de sida… Muchos han dejado la comunidad cristiana. Se alimentan del Evangelio, incluso se reúnen y hacen “memoria” del Amor de Jesús. Llaman a las puertas de los dirigentes eclesiales. Y estos responden con sus Leyes, no el Evangelio. Esta catequesis de Lucas pone en cuestión el proceder eclesial con los que dejan la vida comunitaria cristiana, que un día compartían. Jesús claramente los sale al encuentro, les abre el alma y les entrega su Amor. Hay que volver a las fuentes: “las primeras comunidades y el Espíritu Santo decidieron no imponer más cargas de las indispensables” (He 15, 28). Oremos para que esto suceda.
Oración: “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,13-35)
Jesús, “convertido en espíritu vivificante” (1Cor 15,45):
resucitando realizas tu promesa:
“no os dejaré huérfanos: volveré a vosotros” (Jn 14,18).
Hoy te contemplamos:
“acercándote en persona y caminando con unos discípulos”;
interesándote por su peripecia vital, personal, única:
“¿qué conversación es esa que traéis
mientras vais de camino?”.
A ti, Jesús resucitado, no podemos decirte:
“eres el forastero que no sabe lo que está pasando”;
porque “estás con nosotros todos los días…” (Mt 2820);
porque “sabes lo que hay dentro de cada persona” (Jn 2,24).
Cristo Jesús, son “nuestros ojos incapaces de reconocerte”:
estamos “retenidos, asidos, hechizados…” por leyes,
costumbres, miedo, intereses personales o corporativos…
Como los de Emaús, algunos se alejan de la comunidad:
se alimentan de tu Evangelio, incluso se reúnen
y hacen “memoria” de tu Amor;
dicen que la Iglesia, sus dirigentes,
no los tratan de acuerdo con tu Espíritu;
no los escuchan ni respetan sus carismas;
les aplican Leyes no acordes con tu Evangelio.
Tú, Cristo resucitado, sales a su encuentro:
les abre el alma y les entrega todo tu amor;
ahí están los sacerdotes casados de MOCEOP:
48 años “reviviendo, actualizando y disfrutando
nuestras andanzas por los caminos de la utopía
y de la terca esperanza, que nos marcamos allá por el 1977”.
Su encuentro (24-26/10/2025) ha revivido tu presencia:
su Revista primera del año revela tu “aparición” (Lc 24,13ss)
(Tiempo de hablar. Tiempo de actuar Nº 184 www.moceop.net):
“Moceop me lleva la ética y moral a las bienaventuranzas”.
“Resistiremos todo lo que podamos.
A ver si se animan los más jóvenes a seguir tirando del carro,
pues yo creo que Moceop aún tiene cosas que decir.
Hay un cultivo fuerte de la espiritualidad”.
“Con la jerarquía, yo no tengo ninguna esperanza:
Están en su mundo y no están dispuestos
a ceder un ápice de su poder, poder que, por cierto,
es todo lo contrario a lo que dijo e hizo Jesús:
«El que quiera ser el primero que se ponga a servir»”.
“La influencia de la mujer en nosotros ha sido grande:
nos han ayudado a normalizar la vida...;
Moceop sin la mujer no sería lo que es...;
nos han hecho salir de la espiritualidad divina a la humana”;
“las mujeres os hemos hecho vivir desde el corazón...”.
“La guía es hacer la pregunta ¿qué haría Jesús de Nazaret?”
“Moceop ha abierto brechas con valentía, libertad y sin complejos.
Estamos viviendo la alegría de estar donde Dios nos quiere,
sabiendo que no falla...
El Señor es mi pastor nada me falta...
Estamos en lugares donde hay que escuchar
y las cosas salen si confiamos en Jesús...
Moceop es una llama de luz.
Moceop es instrumento en las manos de Dios”.
“Hemos de resistir y seguir caminando
hacia la terca utopía como profetas del Evangelio”.
Gracias, Jesús, por este movimiento eclesial:
nos unimos a su oración de las mañanas de su encuentro:
“Padre, al comenzar este día todos juntos,
en la alegría de la fraternidad que nos reúne aquí
como sacerdotes casados o
como cristianos y cristianas
que buscan un cambio hacia una Iglesia más evangélica,
te pedimos que nos bendigas y nos des tu Espíritu
para que podamos seguir en fidelidad
la especial vocación que hemos recibido
en este momento de la Historia.
Saludamos también a nuestra Madre
Santa María de la Esperanza,
mantén el ritmo de nuestra espera.
Viviste con la cruz de la esperanza,
tensando en el amor la larga espera;
y nosotros buscamos con la humanidad
el nuevo amanecer de nuestra tierra.”
rufo.go@hotmail.com