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Los ministerios “ordenados” no necesitan “clericalizarse”

La conciencia de “clase clerical” nace al identificar sacerdocio de Jesús con ministerio “ordenado”

Hay que “superar la versión sacerdotalizada del cristianismo”

El papa Francisco, en una carta sobre los abusos sexuales del clero (20 agosto 2018), calificaba el clericalismo como “una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia”. Lo identifica como origen de múltiples abusos en el seno de la Iglesia: de poder, de conciencias y de la sexualidad. El clericalismo, escribe, “no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente”.

Remediar dicho mal no requiere, por supuesto, eliminar los ministerios. Lo que hay que eliminar es convertir los ministerios “ordenados” en “clase” dentro de la Iglesia. Conciencia de superioridad, privilegios no evangélicos, poder absoluto, sacralización, distinción de títulos, ropajes…, contribuyen a darles una categoría social, que no debe exstir en la Iglesia que Jesús quería: “todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8).

La conciencia de “clase clerical” nace al identificar sacerdocio de Jesús con ministerio “ordenado”. Los llamados “ministros”de la Iglesia se han creído “otros Cristos”. Han ignorado en la práctica al Pueblo de Dios, para erigirse ellos en “dueños de la viña del Señor”. Esta apropiación del sacerdocio de Jesús les llevó a creerse “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa” (1Pe 2,9). Sólo ellos pueden “anunciar las proezas del que los llamó de las tinieblas a su luz maravillosa”.

Esto ha quedado reflejado en la construcción de “categorías” personales: “pastores” y “rebaño”. Sólo en la categoría pastoral residen la autoridad y el derecho de mover y dirigir a los miembros. La obligación del rebaño es “dejarse gobernar y obedecer dócilmente las directrices de sus pastores” (Pío X. Enc. “Vehementer nos” 11.02.1906).

Hace dos años, Jorge Costadoat, teólog chileno, invitaba a nuestra Iglesia a “superar la versión sacerdotalizada del cristianismo” (RD 03.09.2024). Invitación equivalente a una de las propuestas de la ponencia de J. A. Vázquez Mosquera en el 45 Congreso de Teología” (11-13 sept 2026): “Reservar el lenguaje sacerdotal fundamentalmente a Cristo y al conjunto del pueblo”: “La consagración fundamental es la bautismal. El sacerdocio común no es una participación disminuida en un sacerdocio pleno reservado a otros; expresa la vocación de todo el Pueblo de Dios a hacer de la existencia una ofrenda de amor, justicia y alabanza. Los ministerios ordenados nacen dentro de ese pueblo y existen para servirlo”.

“Desclericalizar los ministerios” permite conservar su necesidad y comprender su liderazgo como acompañamiento, coordinación, anuncio, servicio sacramental y cuidado de la comunión, someterlos a evaluación comunitaria y ejercerlos de forma sinodal, dejando de constituir una casta ontológicamente superior y poniéndose al servicio de las necesidades que cada comunidad requiere para seguir a Jesús” (Vázquez Mosquera). Todo “ministerio-servicio” cristiano es sacerdotal. Participa del sacerdocio de Jesús, que por el bautismo nos hizo a todos “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa” (1Pe 2,9). Ninguna agrupación de ministerios puede constituirse en “clero”, casta ontológicamente superior. Pueden recibir tareas incluso exclusivas, pero esas tareas muy importantes no pueden separarlos del Pueblo de Dios. Al contrario, si son servidores de verdad, deben someterse a elección y control del mismo Pueblo de Dios.

Rotundamente afirma Jorge Costadoat: “La versión ‘sacerdotalizada’ de la Iglesia católica no ha sido ni tiene por qué seguir siendo la expresión de la Iglesia de Cristo, pues parece agotada en su capacidad de transmitir el cristianismo… Mientras en la Iglesia no se acabe con la idea del presbítero, cura o sacerdote como ‘el hombre sagrado’, las relaciones intraeclesiales seguirán haciendo cortocircuito”.

El “hombre sagrado” es problema en el interior de la Iglesia:

- “Establece relaciones insanas: el cura tiene una prestancia tal que inhibe la inteligencia y la libertad de las personas. Es insano que entre el ministro y los laicos las relaciones sean solo asimétricas”.

- “Infantiliza a las personas y a la misma Iglesia”.

- Su “investidura mágica” seduce y facilita abusos sexuales, de conciencia y de poder.

- “Hace girar a la Iglesia en torno a lo que solo él puede hacer (sacramentos)”.

El “hombre sagrado” es problema hacia el exterior de la Iglesia:

- Presenta a Jesús como un ser “sagrado”, que nunca quiso ser. “Jesús fue víctima de una institución ‘autosacralizada’”. Su sacerdocio no fue ritual. Es su vida la que une el Amor del Padre con la humanidad, y su humanidad presencial es reconocida como amor fraternal agradable al Padre.

- Jesús anunció el Reino de Dios desde su vinculación con el Padre suyo y nuestro, y lo anunció con su vida compasiva y fraternal. “El catolicismo sacerdotalizado que tenemos es un anti-testimonio del Evangelio”. Los servidores eclesiales no transmiten el amor filial y fraternal, fundado en el Espíritu del Padre y del Hijo, por su ornamentación, sus títulos mundanos (contrarios al evangelio), su celibato obligatorio, su absolutismo ritual y pastoral… Al revés, su blindaje exterior aleja y es contrasigno de la igual fraternidad y libertad cristiana.

Jorge Costadoat recomienda

a) Evitar el seminario tridentino “que protege a los formandos del mundo y los envía luego a él como personas sagradas superiores a las demás”.

b) “El régimen de formación no separe a los seminaristas del común de la gente, antes bien los exponga a relaciones afectivas, espirituales, intelectuales y pastorales que, según el paradigma de la Encarnación, les haga más humanos”.

c) “La formación de los futuros ministros debe ser una responsabilidad de todo el Pueblo de Dios”. Cristianos no “ordenados” deben ser escuchados y codecidir en la acogida a la formación y a la ordenación.

rufo.go@hotmail.com

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