En ninguna religión se encuentra esta afirmación: “el Verbo se hizo carne”
Celebramos la novedad exclusivamente cristiana (Domingo 2º de Navidad 4 enero 2026)
Sabemos que “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”, porque esta alegría acompaña nuestra vida
Comentario: “Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2,1-12)
La fiesta de Reyes es hoy más “Epifanía” de riqueza, ingenio y competición, que “del Señor”. Jugamos a reyes cargados de regalos, a magos e ilusionistas, a sueños infantiles... La Iglesia celebra la “Epifanía del Señor”: “manifestación” al mundo entero. Para transmitir ese mensaje, Mateo narra el encuentro con Jesús de “unos magos de Oriente que se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”. Sólo Mateo utiliza esta leyenda. Los “magos” son contemplativos del universo. Nada de reyes, ni de tres, ni de nombres. En el s. III la imaginación popular los hizo reyes, y tres por los tres dones. La Iglesia ortodoxa siria y la armenia hablan de doce, como los apóstoles y las tribus de Israel. En los preciosos mosaicos (s. VI) de la Basílica de San Apolinar el Nuevo, en la ciudad italiana de Rávena, por primera vez aparecen los nombres de cada rey: Balthassar, Melchior y Gaspar. Vestidos de reyes persas, diferenciados por su etnia y edad: el más viejo, Gaspar, con pelo y barba blancos, Melchor de tez delicada e imberbe, y Baltasar de pelo y barba morenos. En el s. XV representan las razas conocidas en la Edad Media: europeos, asiáticos y africanos. La evangelización colonial americana incorpora al rey Inca como sustituto de Garpar. La “noche de Reyes” surge en España en el s. XIX para regalar a los niños, imitando la noche de San Nicolás por Navidad en otros países. La primera cabalgata de Reyes se realiza en Alcoy (Alicante) en 1866.
El evangelio de Mateo escenifica el encuentro con Jesús. Los hambrientos de justicia terminan viendo a Jesús. Israel ya lo intuía: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”» (Mt 2,6). Mateo cita al profeta Miqueas (5,1). En los magos de Oriente se tipifica a los buscadores de verdad y fuerza para vivir dignamente. En Jesús se “revela” (se quita el velo) el Misterio que nos trasciende, principio sin principio, raíz y soporte de la realidad. “A Dios nadie le ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18); “El que me ha visto a mí ha visto al Padre... (Jn 14,9). Así lo explicaron desde el principio las iglesias primeras: “En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa” (Heb 1,1-3).
San Juan de la Cruz (1542 – 1591) expone deliciosamente esta realidad. A una persona que desea preguntar a Dios sobre el sentido de la vida, el mismo Dios le dirá:
“Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso?
Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas… Porque desde aquel día que baje con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo (Mt. 17, 5): `Este es mi amado Hijo, en que me he complacido, a él oíd´… Oídle a él, porque yo no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar…
Si quisieres que te respondiese yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor, y afligido, y verás cuántas te responde. Si quisieres que te declare yo algunas cosas ocultas, pon solos los ojos en él, y hallarás ocultísimos misterios y sabiduría, y maravillas de Dios, que están encerradas en él, según mi Apóstol: `En él están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento´ (Col 2,3)”. Los cuales tesoros de sabiduría serán para ti muy más altos y sabrosos y provechosos que las cosas que tú querías saber. Que por eso se gloriaba el mismo Apóstol: “pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado” (1Cor 2,2).
Y si también quisieses otras visiones y revelaciones divinas o corporales, mírale a él también humanado, y hallarás en eso más que piensas; porque también dice el Apóstol: `Porque en él habita la plenitud de la divinidad corporalmente´ (Col 2,9)” (La Subida del Monte Carmelo. L 2, C. 22,5-6).
Oración: “Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2, 1-12)
Por experiencia sabemos, Jesús de todos, que
“al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría”,
porque esta alegría acompaña nuestra vida.
Nosotros estamos ya en tu casa:
“viéndote a ti, niño, con María, tu madre;
cayendo de rodillas te adoramos;
abrimos nuestros cofres, te ofrecemos regalos:
compartiendo con los necesitados (oro),
honrando a los despreciados (incienso),
abrazando la debilidad (mirra)” (Mt 2,11).
Mateo veía las conversiones a tu camino:
“pertenecían al Camino, hombres y mujeres” (He 9,2);
al creer y bautizarse, en su mente y en su corazón
brillaban la luz y la alegría.
“Felipe bajó a la ciudad de Samaría
y les predicaba a Cristo.
El gentío unánimemente escuchaba con atención
lo que decía Felipe,
porque habían oído hablar de los signos que hacía,
y los estaban viendo:
de muchos poseídos salían los espíritus inmundos
lanzando gritos,
y muchos paralíticos y lisiados se curaban.
La ciudad se llenó de alegría” (He 8,5-8).
“Los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;
vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos,
según la necesidad de cada uno…;
partían el pan en las casas y tomaban el alimento
con alegría y sencillez de corazón;
alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo;
el Señor iba agregando a los que se iban salvando” (He 2,44-47).
Los magos de Oriente simbolizan a buscadores:
caminantes que indagan sentido y alegría;
atentos a indicios y señales de luz y de vida;
estudiosos de la Palabra definitiva del ser humano;
creyentes en la esperanza de vivir siempre;
creadores de hogar con amor incandescente;
“llevando la cruz que la carne y el mundo echan sobre
los que buscan la paz y la justicia” (GS 38).
Juan de la Cruz, experto espiritual, aconseja:
“el que ahora quisiese preguntar a Dios,
o querer alguna visión o revelación,
no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios,
no poniendo los ojos totalmente en Cristo…
Porque le podría responder Dios, diciendo:
`Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra,
que es mi Hijo, y no tengo otra,
¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso?
Pon los ojos sólo en él,
porque en él te lo tengo todo dicho y revelado,
y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte,
y si pones en él los ojos, lo hallarás en todo;
porque él es toda mi locución y respuesta
y es toda mi visión y toda mi revelación…
Oídle a él, porque yo no tengo más fe que revelar,
ni más cosas que manifestar…
Si quieres que te responda yo alguna palabra de consuelo,
mira a mi Hijo, sujeto a mí y por mi amor, y afligido,
y verás cuántas te responde…
Y si también quieres otras visiones y revelaciones,
mírale a él también humanado,
y hallarás en eso más que piensas;
porque también dice el Apóstol: `en Cristo mora
corporalmente toda plenitud de divinidad´ (Col 2,9)”
(La Subida del Monte Carmelo. L 2, C. 22,5-6).
Queremos, Jesús de todos, seguir tu humanidad:
tu comportamiento con los enfermos,
con los marginados sociales y religiosos,
con los niños, con las mujeres…
tu dedicación a explicar y construir el modo de vida
que Dios quiere;
tu trato con el misterio de Dios, Padre tuyo y nuestro.
rufo.go@hotmail.com
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