“El Reino se asemeja a una persona que tiene un tesoro escondido en su campo sin saberlo”
Somos “tesoro”, “perla fina y única”, “pez grande y bueno” (Domingo 17º TO A 26.07.2026)
“El Reino se asemeja a una persona que tiene un tesoro escondido en su campo sin saberlo”
Comentario: “El Reino se parece a un tesoro escondido (Mt 13, 44-52)
Estas tres parábolas sólo las narra Mateo, entre los textos canónicos. También aparecen en el apócrifo “Evangelio de Tomás” (s. II), que sólo contiene proverbios y diálogos breves de Jesús. Se inicia así: “Estos son los dichos secretos que ha proclamado Jesús el viviente, y que anotó Dídimo Judas Tomás”. Palabras auténticas del Jesús histórico, sin añadidos mítico-legendarios, según los expertos libres, y muchos teólogos cristianos. El más antiguo: antes del a. 100 d.C. En el 190, en “Stromata” (“Miscelánea”), obra de Clemente de Alejandría (+ en 215), se incluye una cita del proverbio 2º de este Evangelio, sin nombrar la fuente.
Cotejando el texto de Mateo y de Tomás encontramos matices que enriquecen nuestra meditación.
Mateo dice: “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo” (Mt 13,44).
Evangelio de Tomás: “El Reino se asemeja a una persona que tiene un tesoro escondido en su campo sin saberlo. Tras morir, lo legó a su hijo. El hijo no lo sabía, aceptó aquel campo, lo vendió. Y vino quien lo compró, aró, descubrió el tesoro. Empezó a prestar dinero a interés a quienes quería” (EvTom 109).
Tomás concreta que “el tesoro está escondido en su campo sin saberlo”. “El reino de Dios está en medio (ἐντὸς: dentro, en el interior) de vosotros”, dice Jesús (Lc 17,21). Hablando en plural (“vosotros”): el Reino está en personas y grupos. “Sin saberlo” explícitamente. Por eso, requiere un proceso mayéutico que dé a luz lo que Dios está revelando: “«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo»” (Jn 5,17). Proceso que vemos en los símbolos de “Arar y descubrir”. Necesitamos arañar nuestra mente, descubrir nuestros deseos e ideales, valorar nuestros imperativos éticos más entrañables, limpios y portadores de felicidad humana… Así se descubre lo que Dios está sugiriendo constantemente en nuestra conciencia personal y social.
Mateo dice: “El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra” (Mt 13 45-46).
Evangelio de Tomás: “El Reino del Padre se asemeja a un mercader poseedor de una fortuna, quien encontró una perla. Aquel mercader era listo, vendió la fortuna, compró para sí mismo la perla única. Vosotros mismos, buscad el tesoro de su rostro, que no perece, que perdura, el lugar donde ni la polilla se acerca para devorar ni el gusano destruye” (EvTom 76).
Ambos comparan el Reino con una “perla fina y única”. Ambos deciden vender la fortuna para adquirir la perla. Tomás concretiza la conducta cristiana: “buscad el tesoro de su rostro”. El tesoro cristiano es “el rostro del Padre”. Pero al Padre nadie le ha visto ni puede ver (Jn 1,18). Jesús es el rostro del Padre: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14); “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,9); “imagen del Dios invisible” (Col 1,15), “reflejo de su gloria, impronta de su ser” (Hebr 1,3). Encontrar a Cristo es encontrar “el tesoro imperdible”: “ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rm 6,9).
Mateo dice: “El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mt 13,47-50).
Evangelio de Tomás: “El Reino se asemeja a un pescador sabio que echó su red al mar. La sacó del mar llena de peces. Entre ellos descubrió un pez grande y bueno. Aquel pescador sabio volvió a arrojar todos los peces al mar, escogió sin vacilar el pez grande. Quien tiene oídos para oír, ¡que oiga!” (EvTom 8).
En Mateo el reino se parece “a la red”. En Tomás “a un pescador sabio”. Mateo comprende la existencia de buenos y malos en la Iglesia y en el mundo. Habrá separación final que harán “los ángeles”, es decir, Dios. El “pescador sabio” de Tomás “descubre un pez grande y bueno”, y se queda con él. El cristiano debe examinar, valorar y elegir ese “pez grande y bueno”. Ese pez es símbolo de Jesús, que muestra la “grandeza y bondad” del Padre Dios. Saber “escoger sin vacilar el pez grande y bueno” es hallar la Vida (1Jn 1,1ss).
Termina con una consideración de Jesús sobre el Reino: “«¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo»” (Mt 13,51-52). Es un modo de expresar el crecimiento progresivo, mayéutico, del sentido último de la realidad personal y social.
Oración: El reino de los cielos se parece a un tesoro (Mt 13, 44-52)
Hoy, Jesús, nos intimas la bondad de tu modo de vida:
modo que llamas “reino de Dios” y comparas con un
“un tesoro escondido en nuestro campo sin saberlo;
una perla de gran valor y única;
un pez grande y bueno”.
“Nuestro campo”, Señor, es nuestra persona:
nuestro ser único e irrepetible;
ser orgánico dotado de razón, voluntad, emoción;
capacitado para organizarnos libremente;
consciente de que somos un don recibido:
de nuestros padres que nos querían sin conocernos,
y del Misterio fontal que intuimos.
Tú, Jesús, crees que toda persona es un “tesoro”:
“tesoro” puesto en la vida por el amor del Padre creador;
“tesoro” confiado a nuestra inteligencia y libertad;
“tesoro” que progresa constantemente acompañado:
“mi Padre sigue actuando, y yo también actúo” (Jn 5,17).
“tesoro” que hay que “arar y descubrir” con esfuerzo.
Para ti, Jesús, toda persona es “perla fina y única”:
alientas su vida y alivias sus dolores;
les abres los ojos para vivir en la verdad;
les enseñas viviendo caminos de felicidad:
“siendo pobre en el espíritu,
no utilizando nunca la violencia,
llorando con los que lloran,
teniendo hambre y sed de justicia,
compadeciéndote de toda miseria,
actuando siempre con buena intención,
trabajando por la paz,
aceptando la cruz por ser justo” (Mt 5, 3-10).
También nos crees “un pez grande y bueno”:
así ilustras a tus apóstoles: “Venid en pos de mí
y os haré pescadores de hombres” (Mt 4,19);
“Jesús dijo a Simón: «No temas;
desde ahora serás pescador de hombres»” (Lc 5,10);
quieres que compartan tu tarea:
sacando personas de la ignorancia y esclavitud;
curando y rehaciendo personas responsables;
esperanzando con la fe en el bien…
Este era tu trabajo, Jesús de todos:
“Tú has venido a la orilla” del mar de la vida;
Tú “miras a los ojos, sonríes,
y dices nuestros nombres…;
“Tú sabes bien lo que tenemos…;
Tú necesitas nuestras manos…;
Tú nos das tu Amor que quiere seguir amando”.
Hoy nos dices: “buscad el tesoro de su rostro” (EvTom 76):
tesoro que es “el rostro del Padre”;
“rostro” que nadie ha visto ni puede ver (Jn 1,18).
“rostro” que eres Tú, Jesús de todos;
“Verbo divino que se hizo carne y habitó entre nosotros;
hemos contemplado tu gloria:
gloria del Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14);
tú eres “imagen del Dios invisible” (Col 1,15);
tú eres “reflejo de su gloria, impronta de su ser” (Hebr 1,3).
Nos convence tu vida, como a Pablo de Tarso:
“juzgamos que todo es pérdida ante tu conocimiento...
Perdemos todas las cosas... para ganarte a ti, Cristo...” (Flp 3, 8ss).
“¡Oh hermosura, siempre antigua y siempre nueva!,
¡qué tarde te conocí!” (San Agustín).
“Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer...;
disponed a toda vuestra voluntad;
dadme vuestro amor y gracia
que ésta me basta” (Ignacio de Loyola).
rufo.go@hotmail.com
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