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Tu vida, Jesús, es una boda de Amor (Domingo 28º TO A 11.10.2026)

La vida de Jesús es boda continua: invita, acoge, cura, alimenta, fraterniza, celebra el Amor

Queremos, Cristo del Amor, vivir tu boda

Comentario: Venid a la boda (Mt 22, 1-14)

Tercera parábola dirigida a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo”. Jesús entiende su vida como un banquete de amor, de vida digna para todos, de futuro dichoso. El protagonista es el rey. Al hijo se le nombra pero no aparece. El rey ordena a sus criados avisar a los invitados, entra en el banquete y es el único que habla. El rey simboliza al Padre, origen y creador de todo, al que nadie ha visto. Jesús, el Hijo, que “salió del Padre y ha venido al mundo” (Jn 16,28), preside y sostiene el banquete.

Banquete nupcial, imagen de la vida. La palabra griega, “gamos” (boda, fiesta de bodas, banquete nupcial, matrimonio), aparece en la parábola ocho veces: vv.: 2.3.4.8. 9. 10.11.12. Los profetas del AT expresaron la alianza de Dios con su pueblo como matrimonio (Is 61, 10s; 62,1-5; Jer 2,2; Os 1-3). El NT llama a Cristo “esposo” de los discípulos y de la Iglesia (Mt 9, 15; Jn 3,29; Ef 5,25-32; Ap 19,7; 22,1). Jesús,identificadocon Dios, Esposo de Israel, vive su mesianismocomouna boda. Invita al Amor, acoge, cura, alimenta, fraterniza, celebra el Amor, la realidad más divina y dichosa.

San Juan de la Cruz interpreta la humanización de Dios,comomatrimonio entreDiosy la naturaleza humana. Su nacimiento es una salida matrimonial: Dios abrazado con su esposa, la naturaleza humana, sale de su alcoba, lleno de “llanto y alegría”. Como esposo fiel, comparte la vida “en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de nuestra vida”.

9º romance de “In principio erat Verbum”:

“Ya que era llegado el tiempo La Madre estaba en pasmo

de que tal trueque veía: de que tal trueque veía:

en que de nacer había, el llanto de el hombre en Dios

así como desposado, y en el hombre la alegría,

de su tálamo salía lo cual de el uno y de el otro

abrazado con su esposa, tan ajeno ser solía”.

que en sus brazos la traía…

Los primeros invi­tados, sin motivos, “no quisieron ir”.Desprecian la invitación: se creen libres e intentan vivir al margen de su Creador. No quieren aceptar la realidad. Envió otros criados que explicaron la situación: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. “No hicieron caso”. Mostraron la pretensión de su propio “reino”. Uno “se marchó a sus tierras y otro a sus negocios”. La mayoría “agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron”. Es la historia humana que no quiere aceptar la figura del “Creador y Señor”, sugerido a través de la creación, de la conciencia personal, de las personas sensatas y buenas que orientan la vida desde un Amor personal a todo ser humano.

La conciencia cristiana, inspirada en el evangelio de Jesús, acepta que “en realidad, el misterio del ser humano sólo se esclarece verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado. Pues Adán, primer hombre, era figura del futuro, a saber, de Cristo Señor. Cristo, novísimo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el ser humano al propio ser humano y le descubre su altísima vocación” (GS 22).

Jesús, con su palabra y con su vida, invita a vivir como él vivió: creyendo en el Padre de todos, reconociendo a todos como hermanos, trabajando por una vida digna para todos. “La persona cristiana, conformada con la imagen del Hijo, que es el Primogénito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Espíritu (Rm 8,23), las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Espíritu, que es prenda de la herencia (Ef 1,14), se restaura internamente todo su ser humano hasta que llegue la redención del cuerpo (Rm 8,23)… Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: Abba!,¡Padre!” (GS 22).

Oración: “tengo preparado el banquete... venid a la boda” (Mt 22, 1-14)

Tu vida, Jesús, es una boda de Amor:

vida y mesa compartidas,

alimentos sustanciosos para todos,

casamiento contigo y con tu causa,

amor y alegría por todos los rincones.

Tú entrañas han sentido el Amor fontal:

“tengo preparado el banquete,

he matado terneros y reses cebadas...

Todo está a punto.

Venid a la boda”.

Amor fontal sugerido en toda inteligencia:

por la creación, regalo básico para todos;

por la conciencia personal que iguala

en origen, naturaleza y destino;

por las personas sensatas y buenas

que orientan la vida desde el Amor,

Amor evidenciado en tu vida, Jesús:

“salí del Padre y ha venido al mundo” (Jn 16,28),

“para esto he nacido y para esto he venido al mundo:

para dar testimonio de la verdad” (Jn 18,37).

“yo he venido para que tengan vida

y la tengan abundante” (Jn 10,10).

Tu vida, Jesús para todos, convence de que:

“en realidad, el misterio del ser humano

sólo se esclarece verdaderamente

en el misterio de tu humanización.

Adán, primer ser humano, era figura del futuro,

a saber, de ti, Cristo Señor.

Tú, Cristo, novísimo Adán,

en la misma revelación del misterio

del Padre y de su amor,

manifiestas plenamente el ser humano

al propio ser humano,

y le descubres su altísima vocación” (GS 22).

Seguimos, Jesús, rechazando tu banquete de Amor:

el egoísmo sigue invitando a la boda consigo mismo;

“uno se marchó a sus tierras”;

“otro se marchó a sus negocios”;

“los demás echaron mano de los criados

y los maltrataron hasta matarlos”;

Tú, Jesús, no dejas de mirarnos esperanzado:

“Id ahora a los cruces de los caminos;

a todos los que encontréis invitadlos a la boda”.

Anónimos o con renombre, gente marginal o de relieve,

pobres carentes de posesiones y negocios,

pobres porque no tienen su corazón en el dinero,

soñadores de un mundo nuevo,

capaces de pedir lo imposible...

A todos nos llama tu corazón de Hijo del Padre:

“Se ha cumplido el tiempo y

está cerca el reino de Dios.

Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15).

Queremos, Cristo del Amor, vivir tu boda:

estar enamorados de la fraternidad;

tener hambre y sed de justicia universal;

empatizar con los que lloran;

avivar nuestro espíritu de pobreza;

no ser violentos, pero sí activos de concordia;

abrir nuestro corazón a “justos e injustos”;

fortalecer nuestra conciencia sincera y leal.

rufo.go@hotmail.com

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