Lo primero es pararse y examinar las heridas Amar a la Iglesia es ver y curar sus heridas

Buen samaritano 5

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Samaritano - Cerezo

¿Quién la defiende mejor el que calla y se hace cómplice o el que ve sus heridas e intenta contener la hemorragia?

A mí me preocupan menos los "pecados puntuales" de miembros concretos que los "pecados estructurales", esos que nos separan del "verdadero rostro de Dios" y de la comunicación con Él.

No me preocupa que nuestra Iglesia no sepa mantener atractivos sus escaparates, como decía Martín Descalzo.

Me preocupa que el producto esencial de su existencia, Dios mismo, se esté falsificando. Ese es el gran problema.

Los hechos están ahí. Cada día hay menos fieles y menos curas. Las iglesias se vacían. Los ritos absurdos se mantienen (la ceniza judía que ensucia, por ejemplo). Las rutinas y los bulos milagrosos constituyen el núcleo de la religiosidad popular, sometida y clerical. Nuestra mejor y más repetida oración es: "Amén". La mayoría de las rutinarias oraciones oficiales son abstractas e inentendibles y "no mueven" a nada.

Pero, sobre todo, se difunde, alimenta y predica una irracional "fe humana"(como la del Cristo de Medinaceli con un milagrito asegurado -qué tacaño- sobre tres peticiones formuladas y el obligado besa pies. Nadie denuncia, enseña y disuade de esa idolatría a un leño revestido de nazareno).

Totem

No se predica ni difunde la "confianza evangélica" en el Abba de Jesús porque no tiene fama de milagrero. La masa prefiere los numerosos "tótem", que nos hemos fabricado, con un argumento egoísta, falaz y muy poco religioso: "Conceden favores".

Mi Iglesia católica -única que conozco- se ha convertido en el nuevo "Flautista de Hamelín" que conduce al disminuido Pueblo de Dios, por acción u omisión, al precipicio de la "idolatría egoísta y pasiva".

A lo que hay que añadir la "blasfema prepotencia clerical" que enseña que ellos son la verdadera voz de Dios, sus únicos y auténticos intérpretes. Cuando en el Evangelio se lee: "llega la hora, y en ella estamos, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4,23). Es decir, desde su "profunda conciencia personal".

Pero para nuestros jerarcas no ha llegado la hora. Muy al contrario han atrasado el reloj y han multiplicado e impuesto normas muy detalladas, superando incluso la más exigente tradición judía.

Nuestra Iglesia ha hecho realidad aquella famosa afirmación: "Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y el hombre le devolvió el favor haciendo un dios a su propia imagen" (Voltaire).

El que crea que exagero que asista a cualquier Misa y escuche cómo damos instrucciones a Dios: "óyenos", "acuérdate", "escucha y ten piedad", "perdona como nosotros perdonamos", "acepta nuestro sacrificio", " déjate convencer por la intercesión de santos y vírgenes", "resuelve", "concede", etc. etc.

Algunos argumentan: Es normal, es nuestra "forma humana" de expresarnos… Pues eso, hemos "formateado" a Dios a nuestra imagen y semejanza, le hemos rebajado a nuestra condición humana.

Quizás alguno me llame cafre porque crea que estoy ofendiendo a "su" Iglesia. Todo lo contrario. Estoy llorando por ella e intentando decir lo que muchos piensan y no dicen o no pueden decir, sometidos al "voto de adhesión jerárquica". Soy un ínfimo enfermero con mi puñado de tiritas llamando a mis hermanos a ver y coser la herida por la que se le va la vida y los fieles a nuestra Iglesia.

14 Mi Dios amor

El gotero que la mantiene con vida no es otro que el "Dios del corazón" o el "Dios del sentimiento", ese que late en el fondo de todo buscador sincero o de todo orante de buena voluntad.

Porque es Dios mismo el que nos habita e inspira, por eso hacemos oídos sordos a tantas "necias y rutinarias palabras oficiales" y nos dejamos inundar por la "corriente de agua viva". Estoy hablando del "Dios místico". Con razón se ha afirmado: "El cristiano del siglo XXI será místico o no será" (Karl Rahner).

Quién y cómo es Dios es la cuestión fundamental de cualquier religión. Los cristianos tenemos la respuesta muy clara y racional en el Evangelio. Pero es deprimente observar que nuestra oración, especialmente la oficial, no responde a la identificación que nos enseñó Jesús. Si meditamos sinceramente y nos preguntamos "a quién oramos", deberíamos responder: "casi siempre a ídolos varios". Tenía razón el religioso y sabio José Mª Mardones: "hay que matar a nuestros dioses".

Voy a intentar en la próxima meditación reflexionar sobre este tema una vez más. A la luz de mi cajita de cerillas, intentaré demostrar que es la propia Iglesia la que fabrica ateos, en vez de iluminar y manifestar el verdadero rostro de Dios, revelado por el Señor. Dicen que para no contrariar la "piedad popular".

Hoy, como hace dos mil años, puede decirse: "Viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor" (Mt 9,36 – Mc 6,34). Ese es mi caso sin duda y el de muchos fieles católicos.

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