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La belleza, la inteligencia y la artificialidad

La IA y la diferencia entre el arte y la estética

Imagen mariana producida por la IA

Siempre me ha parecido significativo el ensayo heideggeriano sobre el origen del arte si bien no comparto todos los planteamientos del mítico filósofo alemán. La lectura de dicha obra es una invitación a indagar acerca de la verdad del arte; el origen de la obra es la verdad de la que procede la verdad o la temática de dicha obra. Suele plantearse la verdad de una obra del arte en términos de su mensaje o incluso de su forma o género (o tipo) pero no desde la raíz, en efecto, desde el poder artístico o creador.

             Yendo más allá de la ópticas y propuestas heideggerianas e impulsado por la lectura repetida de la encíclica reciente de León XIV, cabe preguntar si la IA puede crear obras de arte. La respuesta es sí. De esto no cabe duda. La IA es, ante todo, tecnología, es decir, facilidad de producción. Y con una facilidad vertiginosa si bien no exenta de problemas, errores y dificultades. No solo desde el punto de vista moral por lo que propongo llevar a cabo en esta ocasión hacer unas reflexiones de tipo metafísico al respecto.

             Más allá del mensaje cabe preguntar acerca del origen: si el origen es la IA, ¿es arte? He dicho arriba que si un texto, un cuadro, una composición, un boceto tienen por autor o causa eficiente, material, formal e incluso final (categorías derivadas de la tradición aristotélico-escolástica) la IA, los mismos son o pueden considerarse obras de arte mas no son arte.

             El arte solo lo puede hacer un ser humano. El arte es la ejecución de la participación del ser humano en el poder creativo de lo Absoluto hecho histórico como Dios. Es el discurso de la belleza. Esta no debería confundirse, tal como se ha hecho a lo largo del tiempo, con lo atractivo, placentero, deseable que es lo estético cuya discursividad es la estética. El arte, repito, es discurso de la belleza. La belleza es la armonía original que es entorno, ambiente y medio (en expresión del P. Teilhard) de comunión y participación de lo finito y culpable, que es el hombre, en lo Absoluto. En dicho entorno, ambiente y medio nace la verdad que es correspondencia, coherencia, discursividad. Lo bello es lo que posee todas las características, empezando con la armonía de dicho entorno que se hace histórico en el arte por ser ocasión de la verdad que es la belleza en su resplandor histórico. Por la belleza el hombre se hace íntegro, esto es, se hace espíritu por la comunión con lo Absoluto que es Origen mediante un acto personal en la historia, creando una historia, en que se autoimplica implicando a los demás creando una corriente de participación en que los demás personalmente se implican, se comprometen en el principio de la comunión hecho histórico en el arte que es tarea, quehacer de creatividad, es decir, de participación comunicativa y de comunión participativa.

             La creatividad es un empeño humano que es comunión de integridad y participación de autoimplicación en la tarea creadora (ex nihilo) de Dios como lo Absoluto.La creatividad por la que se constituye el hombre como espíritu (integridad) y persona (autoimplicación) es finita y culpabilidad. La creatividad es el marco de su comunión y participación con Dios que se abre a los demás. La creatividad tiene por modalidad de ejecución, el arte por el que la belleza, como ya queda dicho, tiene su discurso.

             Lo estético que es la percepción de la belleza en su conjunto como armonía se realiza mediante la obra del arte. Y ahora las obras del arte incluyen las producidas por la IA puesto que se produce lo estético o la percepción mediante y en dichas obras del arte.

             Mas nuestra tesis es que no todas las obras del arte son arte. El arte, volvemos a decir, solo lo pueden hacer los hombres.Es esta la magnificencia de la humanidad de la que canta la encíclica del papa. Pese a su finitud y culpabilidad, el hombre es capaz de vivir su comunión y la participación con el Creador en la belleza, viviéndola, sufriéndola, esforzándose por ella hasta el punto de extender, compartir, ampliar este campo de comunión y participación con los demás hombres mediante las obras del arte por las que entra el arte en la historia.

             Las obras del arte son la historia del arte que es en sí algo trascendental en su origen que abre un itinerario que es la historia hacia el mismo origen como final de esta historia o lo originario. Lo originario, en otras palabras, es el mismo reencontrado al final de la historia de manera enriquecida por atravesar, pasar, experienciar el itinerario con sus altibajos, vaivenes y tensiones.

             Las obras del arte solo pueden producir placer; pueden remitir solo a su fuente, a su autor, a la intencionalidad de su autor. Pero solo las obras del arte creadas por el arte pueden remitir a Dios. Las producidas (no creadas) por la IA solo pueden remitir a la tecnología. 

             Las obras del arte que nacen del verdadero arte (incluyendo sus reproducciones que son heraldos del original), en el sentido ya expuesto, pueden producir o provocar la belleza profundamente entendida, es decir, más allá del placer momentáneo de la atracción. Mientras que las obras del arte que nacen de la IA solo son estéticas, son placenteras pero momentáneas. Son capaces de transmitir verdades o mensajes o significados, es decir, poseen capacidad semiótica e incluso semántica como las obras del arte nacidas del arte pero son pura atracción dado que no son caminos hacia la belleza original que a su vez crea itinerarios hasta hacerse el encontradizo al final del trayecto histórico como lo originario.

Es preciso reconocer que la recepción de las obras del arte generadas por la  IA por parte del público, empezando con los críticos, constituye un área álgida del debate acerca de la cuestión debatida de la creatividad de las máquinas. Las presentes reflexiones tienen el propósito de subrayar que una obra de arte no es necesariamente arte. Una obra de arte en sí es una manera de producción de objetos, esto es, es, a primera vista, resultado de la tecnología que en manos humanas se llama técnica. Pero para que califique como arte tiene que ser una obra hecha por el hombre, con sus defectos y limitaciones, puesto que solo el hombre puede crear como acto de comunión y participación con el Dios Creador.   

A tenor de ello, no se puede negar la experiencia e interpretación estética suscitada por objetos atrayentes y placenteros producidos por la IA.Hay mucho entre creación y mera producción. El efecto estético inmediato no es el último criterio para resolver esta cuestión si bien la experiencia estética por las obras del arte producidas por la IA puede ser tan rica y profunda como la de las obras creadas por humanos. Mas todo esto es una apreciación superficial, es decir, meramente estética o desde los parámetros de las apariencias y las percepciones superficiales e inmediatas de las mismas.

El poder estético de una verdadera obra del arte no solo consiste en suscitar una reacción fuerte del público mas tiene que hacer que esta provocación o suscitación sea participativa ‘comunionicativamente’ o comunicativa ‘participativamente’ de la expresión de las experiencias personales, emociones e intenciones del artista que tienen lugar en la historia. La verdadera obra de arte, por ello, intenta elevar el conjunto de estos acontecimientos (experiencias personales, emotivas e intencionadas) en una celebración de la magnificencia del ser humano que a pesar de los elementos trágicos presentes muchas veces en los procesos creativos son un testimonio insuperable de la alegría del ser humano que consiste en estar en comunión y participando en la vida de Dios.  Mientras que la obra del arte generada por la IA, por carecer de experiencia personal solo puede evocar fuertes respuestas estéticas. Dichas respuestas pueden llegar a ser emocionales pero toda esta reacción solo son resultados de los sofisticados algoritmos, es decir, meras repeticiones o patrones de generación o producción, muchas veces con destreza técnica y novedad innovadora difíciles de superar por los seres humanos sin usar las tecnologías de la IA. Sin embargo, las obras del arte producidas por la IA nunca podrían capturar y replicar las cualidades estéticas que resuenan en los espectadores humanos por ser incapaces de generar comunión y participación en estos mismos espectadores.

             Siendo así, es preciso subrayar aquí que el arte nace de lo humano, es decir, de sus luchas a veces repetitivas e irresueltas de seres autónomos pero las obras del arte pueden que nazcan de algoritmos que son meras repeticiones autómatas. De verdad, hay un abismo entre autonomía y automaticidad.Solo la autonomía garantiza la comunión y la participación, el crecimiento y desarrollo del hombre como espíritu y persona que históricamente evoluciona buscando la facilidad. La automaticidad solo logra la facilidad. Tanto la autonomía como la automaticidad pueden producir significado o comunicar (transmitir un mensaje) mas solo aquélla puede llevar a la comunión y la participación. 

Todo ello nos llevaría a afirmar que la ‘redención’ de la IA, junto a todo relacionado con la automaticidad, solo podría alcanzarse si se subordina al poder creativo del hombre como un medio más como los óleos, vocablos, mármoles, etc. y no solo como rival para reemplazar o destituir al mismo poder creativo. En otras palabras, el verdadero arte tiene por finalidad la magnificencia del hombre, en expresión feliz derivada del título de la encíclica papal que se inspira a su vez en el canto mariano del Magnificat en el Evangelio según san Lucas.

             En efecto, cabe reconocer aquí que puede que haya un camino de redención para la IA. Yo creo que el papa León lo ha esbozado bien en su encíclica. No es este un tema cerrado. De esta misma temática podrían correr ríos y ríos de tinta. Merecería un ensayo aparte.  Mas por el momento cabe señalar la diferencia entre la creatividad artística y las obras del arte, entre la belleza y la atracción, entre el arte y la estética. 

Solo el hombre puede llegar a ser artista, creador en comunión y participación con Dios, el artista, el creador absoluto.Aquel crea usando medios mientras que este hizo surgir todo desde la nada. En y por el hombre continúa como historia esta creación ‘ex nihilo’ y ahora la humanidad ha llegado al estadio histórico en que es preciso coger al toro de la IA por los cuernos y saber lidiar. La faena seguirá mas por el momento dejamos consignados estos planteamientos para suscitar una discusión fructífera con el porvenir de la humanidad, que es el gran teatro de todo el arte y la creatividad, como horizonte mientras navegamos por mares tormentosos en nuestra historia contemporánea. Es preciso, y con esto rematamos nuestras reflexiones, salvar el verdadero arte, mejor dicho, la verdad del arte, esto es, la creatividad humana del naufragio que podría suponer la IA.

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