Biológicos antes que Cyborgs
El reto de vivir en medio del mestizaje tecnológico del ser humano
Ya ha comenzado el temido fenómeno, el más fuerte en la historia, El Niño en el Pacífico que incluye Filipinas. En la Archidiócesis de Manila, el Cardenal Advíncula ya ha ordenado que se rece una Oratio Imperata para pedir por la lluvia. Ante este desafío ecológico o natural, que durará hasta mediados del 2027 y que resultará en consecuencias desastrosas masivas, cabe reflexionar ante todo sobre nuestra identidad humana.
Antes de entrar de lleno en ello, es preciso contextualizar nuestras reflexiones. El Palacio Presidencial de Malacañang declaró oficialmente los días 16, 17 y 18 de noviembre de 2026 como días festivos especiales sin carácter laboral en el Gran Manila (NCR) por la celebración de la Cumbre de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) de la que es anfitrión este año Filipinas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó su asistencia a la cumbre que se celebrará del 16 al 18 de noviembre de 2026. Su llegada a la capital filipina con finalidad de asistir este foro internacional es uno de los acontecimientos políticos más destacados de su gira por la región. De Manila posteriormente viajará a la cumbre de la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) que se celebrará en China.
Muchos piensan que la visita del mandatorio estadounidense coincidirá con la finalización de los acuerdos sobre la iniciativa Pax Silica (un proyecto estratégico enfocado en cadenas de suministro de alta tecnología, semiconductores y minerales críticos que busca integrar centros tecnológicos como el proyectado en New Clark City dentro de la dinámica de seguridad económica de EE. UU.). En otras palabras, un centro de datos masivo para la IA, que requerirá toneladas de agua.
En realidad, lo dicho arriba son meras especulaciones. De hecho, la embajada de Estados Unidos en Manila ha aclarado que el tema de Pax Silica no está programado específicamente para la cumbre de la ASEAN. Es decir, las discusiones y consultas con el gobierno filipino continúan su curso de manera independiente.
Pero cabe reflexionar acerca de cómo el gobierno actual se ha mostrado irrealista e indiferente frente a las necesidades concretas de la ciudadanía filipina, hasta el punto de nombrar como presidente del Tribunal Supremo filipino un magistrado responsable por la declaración de no culpable de la madre del presidente filipino, muy notoria por la cultura de corrupción durante el mandato de su marido el ya fallecido dictador.
En estos momentos en que Filipinas, junto con incontables otros, está viviendo la realidad de la precariedad del suministro del agua y otros recursos (debido al registro peor de la inflación en la historia que a su vez se debe a la devaluación peor de la moneda filipina en la historia), cabe volver a reflexionar acerca de las necesidades básicas, es decir, biológicas, como el agua, la tierra que produce la comida, el aire ahora ya muy contaminado, y la energía, cuyo coste es el más alto en esta región, gracias a la crueldad de ciertos sectores poderosos que se empeñan en hacer que el pueblo pague por sus pérdidas mientras sus ganancias van subiendo.
Ya hemos oído lo del ‘somos todos cyborgs’ (D. Haraway, Manifiesto Cyborg, 1985) incontables veces. Y es cierta esta afirmación. Pero ahora más que nunca la cuestión, a mi modesto entender va más allá de los límites ontológicos entre lo humano y la máquina, la naturaleza y la tecnología, la biología y la cultura. Es decir, la cuestión ya ha superado lo especulativo y, en efecto, ha entrado en lo concreto. No cabe duda de que nuestra vida contemporánea se caracteriza por la interacción constante con la tecnología. La pureza ideal de nuestra vida ya está contaminada por el mestizaje tecnológico del hombre. Esto ha llegado hasta el punto de que se ha rebajado la dignidad del hombre frente al nuevo dios que es la tecnología. Sobre todo a la luz de la cuestión espinosa de Pax Silica. Sobre todo, a la luz de este nuevo dios.
Se ha demostrado que el gobierno filipino ha sido capaz de sacrificar la atención sanitaria universal para llenar los bolsillos de los políticos para que el pueblo dependa de ellos (para el rédito público) en ese ciclo vicioso de ‘utang na loob’ o la deuda de gratitud por la que se perpetúan dinastías nefastas en el ámbito del poder en esta tierra. Muchos están condenados a mendigar a los oficiales elegidos ayuda para poder pagar los gastos de hospitalización de sus seres queridos enfermos.
Más que una cuestión ontológica, el tema del cyborg ya ha desvelado que también es una cuestión ética. En mi opinión, de ahí radica su verdadera interpretación para nuestros días. Hemos de deshacernos de las cuestiones ya consabidas de categorías o taxonomías, con sus correspondientes sintaxis, en orden a replantear las cuestiones más urgentes de políticas y sus estrategias de poder.
No se puede negar que nuestras vidas humanas son inseparables de las máquinas, redes y tecnologías que son la creación de hombre. Mas la cuestión es que se ha olvidado de que si bien somos cyborgs, y es esta la marca de la identidad moderna e incluso posmoderna, somos ante todo biólogos.Antes de poder existir en confort, que es el empeño ontológico de las nuevas tecnologías, vivimos ante todo. Hemos de vivir ante todo. Esto es lo absoluto que nunca debería sacrificarse. Pero de hecho se ha sacrificado en el altar de lo cotidiano al dios que es la tecnología. Esta que es solo medio se ha convertido en fin, desplazando al hombre al que debería servir, por quien fue creada para servir.
Prueba de todo ello es cómo se ha complicado la vida cotidiana. Es ya imposible vivir esta. Solo existimos como esclavos de las nuevas tecnologías. Ser cyborg es ser esclavo. Se necesita descargar otra aplicación solo para estacionar un vehículo.Es necesario registrar una cuenta solo para pedir comida de un restaurante. Hace falta escanear un código QR para poder registrarse. Somos reducidos a cifras, números de tarjetas, cuentas o contraseñas para poder llevar a cabo una actividad tan sencilla como el pago de las facturas o las compras cotidianas.
En gran medida, la tecnología, creada por nosotros para facilitarnos la vida, nos ha fallado porque nos ha hecho más falibles, más dependientes, más miserables. La vida se ha reducido a la existencia, a un mero ‘estar ahí’, a una mera categoría ontológica que ha reducido al hombre a un esclavo de la tecnología, a un cyborg. De ahí el sentido de toda esta degradación del ser humano y de sus necesidades concretas. De ahí también la abstracción de la dignidad humana para servir los fines de los que ostentan el poder no para beneficiar a la ciudadanía sino solo sus bolsillos, pues ellos son los más vendidos a la remuneración derivada de las tecnologías que a su vez los han colocado en las cumbres políticas y sociales.
De este tema, podrían derramarse ríos y ríos de tinta. Baste por ahora afirmar lo siguiente. A tenor de todo ello, la vida antes de la existencia. Bios antes del cyborg. Biológicos o hombres puros, llamados a tener motivaciones puras en su actuación, antes de ser ‘mestizos’ por nuestra interacción con las tecnologías. La absolutización de este mestizaje es responsable por incontables opciones desastrosas en la historia como las guerras, la corrupción, las dictaduras que han intentado diluir lo humano, lo biológico en un gran sistema de mestizaje que es la tecnología absolutizada.