DEUS CARITAS EST VEINTE AÑOS DESPUÉS
La actualidad del magisterio y pontificado truncados de Benedicto XVI
Firmada el 25.12.2005 pero promulgada el 25.01.2006 es, a mi modo de ver, lo más memorable del pontificado de Benedicto XVI, amén de su renuncia al Solio Petrino denominaba por varios como ‘profética’. Asimismo es lo más memorable de Joseph Ratzinger como pensador, como teólogo cuya persona, sobre todo por su gestión al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe, posee incontables matices que no podemos comentar aquí. Baste por el momento conmemorar esta joya ratzingeriana.
Salta a la vista el personalismo ratzingeriano en esta encíclica, sobre todo cuando refiere en la Introducción (1): ‘Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva’. Esta idea ya se encontraba en el libro ratzingeriano ya convertido en un clásico contemporáneo Introducción al cristianismo escrito cuando el autor era aún profesor, sin ostentar la mitra y el poder mas en tiempos turbulentos.
Dicha idea puede que sea la clave para todo el proyecto teológico de Ratzinger que intentó trasladar no solo en su magisterio pontificio sino en todos los gestos de su pontificado. Pese a su carácter tímido por naturaleza, el pontificado de Benedicto XVI fue un esfuerzo de encuentro, un hecho personal que pretendía proveer un nuevo horizonte en una iglesia que, a su juicio, padecía de los relativismos culturales de sus tiempos.
En medio de todo aquel relativismo, Benedicto XVI subrayaba, desde la patrística y el Hipponense, el deseo que es propio de la persona cuya fuerza es el amor, de Dios y del prójimo, por el que el hombre se hace persona.Todos los relativismos son limitantes.De ahí buscaba el papa alemán lo único absoluto que es el amor, un amor que no se cierra en relativismos sino en un amor universal: agape.
Frente al planteamiento nietzscheiano, que sostenía que el cristianismo había destrozado el eros, Benedicto XVI hizo un intento laudable de recuperar el auténtico sentido del eros, pues el hombre se hace persona por esta fuerza que es el deseo que subyace al eros mas dicho deseo ha de educarse, debe orientarse correctamente.
Consciente de su responsabilidad petrina, el papa quiso orientar a todos a lo único absoluto que es el amor. En la primera mitad de la encíclica que culmina en la Eucaristía, se subraya la reconciliación ‘amorosa’ de la humanidad con Dios por medio de la nueva alianza sellada por la Eucaristía. En la segunda parte, el papa Ratzinger lleva a cabo una reflexión eclesiológica calificando a la iglesia como ‘Comunidad de Amor’ que por su obra caritativa dio ejemplo. Cita el testimonio de Tertuliano del siglo tercero y del diácono Lorenzo. De ahí hasta el tiempo presente, como por ejemplo la Madre Teresa de Calcuta.
Este escrito como un evangelio de la Biblia que fue escrito para una iglesia.Como sucesor de Pedro, Benedicto XVI se dirigía a la iglesia universal. Conjugando lo sacramentológico y lo eclesiológico, con un fondo escriturístico y patrístico y con una sensibilidad agudizada por el fenómeno de la globalización de toda la proyección sociopolítica y económica, el papa abogaba incluso los actos caritativos más sencillos como dar de comer a los hambrientos, visitar a los enfermos a los encarcelados. Esta encíclica es un intento de ir más allá de partidismos e ideologías para volver a lo esencial del Evangelio.
Quizá le falta a esta encíclica un análisis de las causas de los males como la pobreza, el hambre, las injusticias. Solo provee la solución pero esta no puede ser completa sin una comprensión adecuada de la raíz de los problemas. Frente a esta necesidad acuciante, parece que Benedicto XVI se limita a apuntar a unas soluciones con sabor escatológico, pues es inevitable en el análisis de la raíz un enfrentamiento con metodologías dispares como la Marxista. Frente a esta utopía mundana, Benedicto XVI apunta hacia un principio trascendente que es el amor de Dios que entra en el mundo si bien subraya con fuerza la necesidad de actos concretos (17). Benedicto apunta a lo alto, parte de lo alto o ‘desde arriba’. Gracias al tono académico de este escrito, se ha obnubilado casi por completo la corriente de ‘desde abajo’.
Un proyecto eclesiológico truncado no solo por la brevedad del pontificado de Benedicto XVI. A nosotros todos estos planteamientos constituyen una asignatura pendiente, pues, dado que, por ejemplo, en un país mayoritariamente cristiano como Filipinas es fácil reducir todos los actos caritativos en eslóganes o incluso montar espectáculos de la concreción de la caridad ‘desde arriba’ o desde el privilegio, sobre todo para el rédito político. Mas queda siempre la raíz de los mismos problemas apenas descubierta, apenas rozada, apenas cortada. Esto nos llevaría a un eterno retorno quizá peor que el visionado por Nietzsche en su día.Y parafraseando a Marx, pervivirán las mismas luchas. No se puede negar, a esta luz, que también es preciso ir ‘desde abajo’.