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Famosas e infamosas declaraciones del papa Francisco

              Algunas claves para la eclesiología sinodal del papa León XIV desde la herencia de su predecesor

El predecesor concelebrando con su sucesor.  Francisco con el entonces padre Robert F. Prevost O.S.A.
El predecesor concelebrando con su sucesor. Francisco con el entonces padre Robert F. Prevost O.S.A.

El papa León XIV ya ha regresado a Roma.Ha sido un viaje de aprendizaje para él, una ocasión para oler a las ovejas y una bendición para el continente africano.

             En el viaje de retorno, en el avión, ha hablado a los periodistas.Consciente de que ya no era simplemente Robert Francis Prevost o el padre general de los agustinos o el cardenal prefecto para el Dicasterio de los Obispos, he hecho unas declaraciones.Esta cuestión de la identidad la ha aclarado al principio de su discurso improvisado.

             Se le notaba el cansancio. Pero también la alegría y el entusiasmo. Se le brillan los ojos porque está claro que el viaje ha sido enriquecedor tanto para él como para su ministerio.

             Hemos tenido dos papas religiosos: Francisco y León. El patrón de su gobierno de la iglesia es el de un superior de una comunidad religiosa. Francisco, como jesuita, ha recalcado el discernimiento mientras que León, como agustino, ha subrayado la unidad.

             La iglesia es una comunidad. En ella se necesita la unidad para ser una comunidad. Y como comunidad necesita el discernimiento para poder caminar en la historia. Todo ello desemboca en el discernimiento que será el tema central de este pontificado sobre todo a la luz del consistorio convocado para el mes de junio, el primero del pontificado leonino.

             León XIV ha hablado de varios temas: la guerra, las inmigraciones, la paz, la justicia, la violencia, la pena de la muerte, la búsqueda de caminos diplomáticos al tratar con personas, sobre todo los jefes de estado y de gobierno.

             No hay grandes novedades en estas áreas.

             Pero sí ha dicho algo un tanto novedoso, a propósito de unas declaraciones ‘infamosas’ o ‘famosas’ de su predecesor. Infamosa porque fue una frase provocativa que escandalizó a varios.Mas contiene el germen de la eclesiología del papa Francisco: ‘todos, todos, todos’.

             La iglesia es de todos. Nadie debería excluirse eclesiológicamente por varios motivos: políticos, sociales, culturales…y ahora, por orientación sexual. León XIV ha subrayado que la bendición de Dios es para todos, como afirmara Francisco en Fiducia Supplicans.

             En esta iglesia, donde lamentablemente muchos tienen una actitud farisaica que quieren excluir en vez de acoger, León XIV, si bien crítico de la opción tomada por la iglesia alemana dirigida por el cardenal Marx, ha subrayado lo esencial del camino sinodal. Mas consciente de lo polémico el tema, ha también propuesto una clave para conservar la comunión, la unión agustiniana, en medio de esta cuestión tormentosa.

             León XIV, el papa agustino, ha subrayado la unidad en una iglesia que debería comprender a todos, que debería caminar juntos a la vez. Reconoce que las bendiciones son para todas. No son para bendecir un pecado o una situación irregular sino a las personas que forman esta iglesia.

             El papa León XIV consciente del valor pastoral de Fiducia Supplicans no quiere ir más allá. Con prudencia desea caminar dentro de lo señalado por su predecesor, afirmando la inclusividad de la iglesia y que la bendición es para ‘todos, todos, todos’.Que no se excluye a nadie, que la iglesia abarca a todos. He aquí sus palabras: ‘La Santa Sede ya ha hablado con los obispos alemanes. La Santa Sede ha dejado claro que no estamos de acuerdo con la bendición formalizada de las parejas —en este caso, parejas homosexuales, como usted ha preguntado— o de parejas en situaciones irregulares, más allá de lo que el Papa Francisco ha permitido específicamente al decir que todas las personas reciban la bendición. Cuando un sacerdote imparte la bendición al final de la misa, cuando el Papa imparte la bendición al final de una gran celebración como la que hemos tenido hoy, hay bendiciones para todas las personas. La famosa expresión de Francisco «todos, todos, todos» expresa la convicción de la Iglesia de que todos son acogidos, todos están invitados, todos están invitados a seguir a Jesús y todos están invitados a buscar la conversión en su propia vida. Ir más allá de esto hoy, creo que puede causar más desunión que unidad, y que deberíamos tratar de construir nuestra unidad sobre Jesucristo y sobre lo que Jesucristo enseña. Esta es mi respuesta a la pregunta.’

             He aquí un vistazo de la visión eclesiológica de León XIV que va desplegándose. El consistorio en junio será un evento importante para explicitarlo, dialogarlo, difundirlo. Por el momento, queda claro, que pese a las tensiones, el papa aboga por la unidad que descansa en el principio de la inclusión de todos en esta iglesia caminante, en esta iglesia sinodal que es una caravana que va hacia la plena realización del Reino. El papa desea 'conservar' algo, i.e., la unidad sin caer en un conservadurismo estéril a la vez que desea soltar amarras puesto que queda mucho por cambiar en la iglesia, sobre todo esas actitudes excluyentes, elitistas, minoritarias que condenan en lugar de acoger a los hermanos. Lo que el papa quiere que se conserve supone la exclusión de formalizaciones en las bendiciones que significarían una aceptación social o cultural de una situación irregular que no solo podría ofender a ciertas sensibilidades sino que no se conforman a las directrices del magisterio eclesial. Sin embargo, esta conservación de ciertos principios no cierran las puertas de acceso a las bendiciones de las que la Iglesia siempre ha de ser instrumento, sacramento, ministra o servidora.

En otras palabras, es preciso ir de las formalidades a lo esencial. Con sus palabras, León, en el fondo, destaca la universalidad de la Iglesia, de que es para todos. O como reza el lema episcopal de su antecesor: 'miserando atque eligendo'. Todos somos elegidos pese a nuestras imperfecciones. De ahí que la iglesia sea de todos, todos, todos.

             No cabe duda de que lo de ‘In illo uno unum’ tiene su realización en una iglesia de ‘tutti, tutti, tutti’ en camino juntos, como sínodo no desde el consenso político sino desde el discernimiento compartido que ante todo ha de construir y levantar la comunidad en que nadie se sienta excluido. Claramente, León XIV quiere dar vida al sueño, a la utopía de Jesús en los Evangelios. Esta utopia excluye cualquier ensueño minoritario abogado o soñado en tiempos atrás sino que rema hacia profundidades inexploradas que prometen más inclusión lo cual se traduce en más bendiciones, pues las bendiciones son para todos.

             Tal vez sin quererlo, León XIV nos ha brindado una clave para comprender su eclesiología y su pontificado. Y sus acciones, sus gestos, sus palabras que forman su parresía demuestra una coherencia que se necesita para estos tiempos agitados.

             

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