UNA IGLESIA MALOLIENTE
Revisitando la homilía del papa Francisco en la misa crismal de 2013 a la espera de la primera semana santa de León XIV tras su elección al solio pontificio el año pasado
Desde que pronunció el papa Francisco aquella frase lapidaria que el pastor debería oler a sus ovejas en la misa matinal de Jueves Santos se hizo patente que su pontificado iba a caracterizarse como uno en contra del clericalismo, claramente la peor enfermedad eclesial que hay incluso peor que lo que los mismos clérigos denominaron en su día como la desobediencia laical.
El pontificado de 12 años de Jorge Mario Bergoglio se caracterizó por su énfasis en la Misericordia que desató el camino sinodal como respuesta radical al problema del clericalismo. Junto a este empeño, fue la decentralización y declericalización de la Curia Romana en que tanto mujeres como laicos comenzaron a ocupar cargos importantes.A la vez, se dieron grandes pasos en la lucha contra el abuso sexual de parte de los clérigos. Inolvidables son las medidas tomadas contra el excardenal McCarrick. Asimismo la publicación del Informe en que no salieron bien parados dos de los predecesores de Francisco en el solio pontificio. A esta luz, cabe recordar que el mismo papa Francisco cometió ciertos errores (los casos Rupnik, Ricard, Barros, entre otros que merecen ser estudiados con la debida parsimonia).
Al elegir el nombre de Francisco, el papa argentino claramente quería una iglesia de los pobres si bien este ideal no se ha logrado del todo o de la manera deseada o factible. Mas, y de ello no cabe duda, ha sido el norte de su pontificado en lo referente a la vivencia de los valores evangélicos y que suscitó la crítica de varios sectores clericales. Todo ello comenzó con la abolición del pago extra tras un cónclave papal y el rebajamiento del salario cardenalicio. La opción de vivir en la Casa Santa Marta también granjeó críticas, empezando con el que fuera secretario y colaborador más estrecho del papa Benedicto XVI, Mons. Ganswein cuya ingratitud se quedó patente a lo largo del pontificado bergogliano hasta la reconciliación entre papa y arzobispo, divulgada a los medios por este último y cuyos detalles aún se ignoran.
Tras su viaje triunfal al Principado de Mónaco en el sur privilegiado del viejo continente, en donde León XIV desde un enfoque cristológico habló de la división dolorosa en clases sociales, iniciará el papa agustino su primera semana santa desde su elección. Sus palabras pronunciadas dentro del glamour monegasco es en efecto una reformulación del anhelo pastoral de su predecesor. Tener el mismo olor significa, en efecto, el derrumbamiento de divisiones de tipo jerárquico (en el sentido elitista no en el sentido ministerial o servicial).
Quedamos a la espera de su primera homilía como obispo de Roma a su clero y a todos los clérigos del mundo. Asimismo, dado el estilo fraterno de su orden agustiniana, en donde los hermanos, denominados antiguamente ‘legos’, pueden llegar a ser priores o superiores, podemos esperar mucho de este papa. En otras palabras, cabe esperar de él un programa eclesial hacia una iglesia sin clases sociales, con el mismo olor para todos, en efecto, el olor maloliente compartido solidariamente. Sobre todo con los escombros de la guerra reciente y de la ola implacable de sufrimiento de tipo económico, produciendo a ‘muchos malolientes’, que ha desatado. Ahí es donde la iglesia debe estar.
Y me temo que en el pontificado de León XIV salgan a luz más noticias y detalles en que los clérigos han fracasado en su cometido de oler a las ovejas. En España, hace poco se ha hecho pública una grabación de voz de un obispo del sur de la península, al lado del continente africano, en que reconocía que su política pastoral consistía en proteger a los lobos feroces dentro de la iglesia.
La iglesia está presente en lugares bellos como Mónaco no para bendecir el ambiente bienoliente del mismo sino para proclamar que desde un lugar privilegiado debería estar con los malolientes. Mónaco, como nido aguileño que vigila el Mediterráneo con ojo avizor, es un marco excepcional para una proclamación kerigmática de este tipo. Y León XIV lo hizo bien, pero muy bien. El león que llevaba ornamentos papales ha rugido en el enclave de los privilegiados y sus rugidos resuenan como ecos por toda la tierra sacudida en estos momentos por una guerra innecesaria.
En mi tierra filipina esta sigue siendo una asignatura pendiente. Se han dado grandes pasos, gracias a varios pastores valientes que laboran en estas islas, mas siguen los elitismos entre los clérigos.Es un hecho que forma la vivencia cotidiana aquí en la iglesia filipina. Una muestra tristísima y emblemática reciente es la de un arzobispo en una ciudad prominente del sur del archipiélago, en contra del talante profético de su antecesor inmediato, que ha preferido celebrar una misa partidaria en que salió ‘apoteosisado’ un hombre, ahora encarcelado en La Haya por crímenes de lesa humanidad y que falsamente, para obtener rédito político, se identificó con los pobres mas cuya política estaba en contra de los pobres sobre todo con sus ejecuciones extrajudiciales en la misma ciudad que sus deudos siguen considerando su feudo personal.
El sur sigue siendo división no solo geográfica sino de tipo cultural y económica. Incluso ahí, como hemos notado arriba, ocurren cosas demoledoras. Dios quiera que tales divisiones, que son constructos no del todo afortunados, no impidan acercamientos o más solidaridad, más unidad. Mejor dicho, una comunión eclesial más fuerte en que todos tengan el mismo olor.
Dios nos envíe pastores que no traten a sus parroquias o prebendas como feudos sino como campos fértiles de servicio abnegado donde el estiércol compartido de las fatigas y de las contiendas sea el olor verdaderamente eclesial por el que se convierta en ofrenda agradable al Altísimo.