Especial Bergoglio: un año después
Vuelve a ver el webinar-homenaje al Papa Francisco

Lamentaciones en el viaje

La denuncia como canto de esperanza desde África en medio de una manipulación de lo religioso

El papa en Bamenda.  Mensajero de la paz
El papa en Bamenda. Mensajero de la paz

África: tierra con una historia oscura. Ahora tierra de esperanza, de promesa para la Iglesia que ahora está honrando con su presencia y visita León XIV, empezando con Argelia, tierra de san Agustín. El primer papa agustino ha visitado las raíces de su propia espiritualidad cuya dimensión universal ha adoptado para guiar su ministerio petrino.

             África ya no es simplemente tierra de misiones, aunque, como en todos lugares, es obvio que queda mucho por hacer ahí. África es ya misionera; ha ofrecido ya mucho a la Iglesia y al mundo, empezando con sus mártires, que sin duda es el testimonio más precioso, signo de la madurez eclesial, sacramento de su compromiso, ejemplo a seguir, faro para tiempos oscuros, sobre todo cuando es necesaria la parresía, como hoy en día.

             África, al menos desde san Agustín, sigue representando para toda la iglesia una gran aventura espiritual y eclesial. Es signo de que la Iglesia abraza a todas las culturas. Es voz incesante de una experiencia eclesial larga y fructífera, en medio de grandes dificultades, con muchos retos, empezando con la herencia colonial, las guerras fratricidas. África, desde entonces, es lugar sagrado; tierra pisada por pies de santos.

             Es el marco perfecto para hacer un grito profético, una llamada hacia la santidad en forma de denuncia, en forma de lamentación. En la Catedral de San José de Bamenda, ha rugido el papa León: '¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!’.

             Claramente hay un abuso de lo religioso, una falsificación de su esencia, una manipulación de su naturaleza.

             Vilipendiado con falsedades por poderosos en los siguientes términos: por favorecer el malestar, por no saber teología, por no saber nada de política, el papa León, cuyo hermano recibió una amenaza de bomba en su residencia suburbana en Chicago, sin miedo, ha denunciado la manipulación de la religión y de la verdad para sus propios fines egocéntricos que no redundan en el bien.

En África, que en palabras lapidarias del papa, es ‘región atormentada…tierra ensangrentada, pero fértil; de esta tierra ultrajada, pero rica en vegetación y generosa en frutos’, que había sido teatro de destrucciones por intereses egocéntricos y que sigue lanzando un reto al mundo, se ha convertido en púlpito privilegiado desde el que ha subrayado el Sucesor de Pedro que ‘el mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios’.

Esta lamentación es otra versión de la denuncia hecha en Domingo de Ramos cuando el papa decía que Dios no escucha la oración de toda esta gente mala. En efecto, decía que Dios los rechaza; que esta gente no hace verdadera oración. Son manipuladores hasta el punto de blasfemar, de desacralizar el sentido sacral y religioso que es garante de bienestar y convivencia pacífica.

Inevitablemente con cada paso le siguen los fotógrafos, los guardaespaldas, los cronistas, un séquito considerable.Pero lo de León XIV no es un mero espectáculo, un show como han hecho otros para justificarse hasta el punto de blasfemar y hacer el ridículo. La visita y las declaraciones en África son puro evangelio, una historia con orientación vertical pero con aplicación horizontal. Un magisterio actualísimo cuyos momentos han de vivirse en relación con lo perenne que es apertura, a su vez, a la eternidad.

Eso de hacer vaticinios no es lo primero en el profetismo. Un profeta es ante todo portavoz de Dios. Con esta lamentación, expresa que esos actos abominables, como la guerra tiene consecuencias, que solo Dios sabe, a la vez que expone sus raíces que es la corrupción, el materialista corrompedor. Dice: ‘Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin.’

 Como portavoz de Dios, León XIV se ha hecho eco de la hora de urgencia al exponer esta raíz que deja patente los motivos egocéntricos de todo este sufrimiento por lo que es preciso poner fin a todo este sufrimiento injustificable e inaceptable. Es urgente volver a las actos justificables y aceptables a Dios que son los actos más humanos, más humanitarios.

Todos los poderes son temporales. Sic transit gloria mundi! Todos estos poderes que ahora asolan se reducirán a sombras errantes cuya desembocadura es el abismo de la historia, como fue el caso de varios hombres malévolos en el pasado.

¡El Dios de la historia no duerme! ¡Hay Dios!, como decíamos en Filipinas ante cualquier injusticia u ofensa. Este Dios triunfará, gracias a la colaboración de hombres de buena voluntad con quien este Dios siempre ha contado para que se cumpla su voluntad. Estos son hombres de verdadera oración, si bien muchos no rezan como solemos, pero sí sus vidas son diálogos incesantes con lo Absoluto. Sí. ‘El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios’, reza el papa.

La humanidad, que sigue siendo humana, luchará contra toda esta abominación. El verdadero poder lo tienen ellos, pues cuentan con el poder de Dios que se manifiesta de manera muy distinta a la que solemos esperar.

La fe es ante todo epopeya del bien venciendo al mal. África no solo ha sido púlpito por la paz. Ha sido tribuna de la esencia de la fe cristiana que exige compromiso, más allá de partidismos o intereses sectarios. ¡Quien sea cristiano de veras, quien al menos comparta los ideales humanitarios de la fe cristiana, que apoye este llamamiento! ¡Quien ame a este mundo, que ponga fin a toda esta abominación!

La lamentación de un profeta es mucho más que una denuncia. Es, ante todo, canto de esperanza; comienzo del cumplimiento. No es voz solitaria en el desierto. Es eco de los mismos desiertos, desde los mismos eriales, que quieren florecer y que quieren ser caudales que dejen fluir la vida en su plenitud.

También te puede interesar

Lo último

stats