Entonces la Matrix, ahora la IA
Más allá de la distopia y más dentro de la realidad
Hace 27 años al ver la película La Matrix se me produjo una impresión incómoda que se suavizó con el tiempo hasta la aparición en nuestros días de la IA. Como estudioso de la metafísica y de las religiones, siempre me ha interesado el tema del monismo ontológico tanto en la tradición oriental como en la occidental. Antes de ver la película, había llegado a la conclusión de que el conocimiento absoluto hegeliano, sobre todo en la Lógica, el ego trascendental husserliano e incluso el dasein heideggeriano son reducciones a una singular esencia de todo lo individual o al menos son acondicionamientos mentales hacia la misma. Es esta la temática de aquella película perturbadora que resaltaba un orden deshumanizador resultando en un mundo o esfera de realidad y de acción privada totalmente de humanidad. De ahí la distopia que es el contexto de una película ejecutada con maestría técnica muy avanzada para entonces y que sigue impresionando hasta hoy en día.
Como seres sociales vivimos acondicionados por la cultura rodeante, englobante y contextualizante desde la que edificamos y medimos la humanidad a nivel individual en cada circunstancia que nos toca vivir. Es esta la tesis de aquel personaje misterioso, Morpheus. Este coincide con Neo, el hacker protagonista, en la misma tesis: la realidad que la humanidad percibe no es realidad. Es la Matrix. Esta es una compleja simulación de realidad virtual creada por la inteligencia artificial consciente para mantener a los humanos dóciles mientras sus cuerpos físicos son cosechados como fuente de energía.
En efecto, la película es un profeta o visionario en este sentido, pues ahora nos vemos obligados a habérnoslas con la IA. De momento, estamos entrenando a IA. De momento, la dominamos. Pero ya ha habido casos de agentes de la IA actuando por su propia cuenta. En otras palabras, fuera de control. El informático galardonado con el premio Nobel Geoffrey Hinton ha hecho sonar la alarma recientemente. Hemos de hacerle caso. Lo mismo hemos de hacer con las revelaciones recientes del exinvestigador de IA de Anthropic, Jacob Coxon. Este hizo pública su advertencia acerca de los riesgos potencialmente mortales de la IA.
La raíz de la IA la constituyen los modelos. Estos modelos se entrenan, se forman, se habilitan. Pero como ya hemos visto echando la vista atrás, hemos fracasado en la formación de otros seres humanos; hemos fracasado en el intento de ser modélicos para ellos. En otras palabras, la humanidad ha fracasado en la construcción de modelos adecuados al fracasar en ser modélicos en su propio quehacer que ha de construir un mundo mejor para todos.
Vivimos en un ‘desierto de lo real’, como nos recuerda esta película inolvidable.Y queremos cultivar este desierto delegando nuestra humanidad a ciertos modelos para llevar a cabo una tarea que por sí es insustituible, hasta el punto de ser menos humanos con nuestros coetáneos, sometiéndonos a todos a un régimen menos humano hasta inhumano que en el pasado se habían encarnado en regímenes despóticos.
Nos empeñamos en crear utopías pero los resultados son distopias, pues se olvida o se marginaliza lo más importante: que es la humanidad, favoreciendo logros rápidos, haciendo que los medios o las tecnologías, cuya finalidad es facilitar, sean los últimos fines. Es este el modelo epistemológico adoptado para estos nuevos desarrollos; es el mismo modelo con que nos estamos entrenando mutuamente, condicionando nuestros poderes racionales, subordinándolos a fines lucrativos que prometen la comodidad y el confort, pero en realidad todo esto es ilusorio. Por detrás, hay motivos nocivos cuyo despliegue suele tomar la forma de bulos.
La IA, como la Matrix, es una red echada en este mar de desierto de la realidad, creando o simulando realidades ilusorias, descifradas como información rápida producida a través de la entrega y renuncia a ciertos datos confidenciales de parte del usuario, efectivamente una renuncia a la intimidad o la privacidad, que es la última salvaguardia, frontera o control para proteger al ser humano la exposición ridícula en público, que es el primer momento de toda deshumanización.
Todo esto puede comprenderse desde dos modelos epistemológicos abordados indirectamente en la película. Por una parte, el ‘Demonio Maligno’ de Descartes. El filósofo francés, denominado el padre de la filosofía moderna, propuso un experimento mental, inspirándose en el daimón de los griegos, preguntándose cómo podría demostrarse que un ¡demonio maligno’ todopoderoso no está engañando a nuestros sentidos. La Matrix funciona como una versión tecnológica de este demonio. Por otra parte, desde la filosofía analítica moderna, sobre todo Gilbert Harman y Hilary Putnam, tenemos el concepto del Cerebro en una Cubeta. Este puede resumirse en los siguientes términos: si un cerebro se mantuviera vivo en una cubeta y fuera estimulado por una supercomputadora mediante impulsos eléctricos, la experiencia subjetiva de ese cerebro sería idéntica a la de la vida normal.
El personaje de la película Morpheus resume la problemática cuando formula la siguiente pregunta: ‘¿Cómo sabrías la diferencia entre el mundo de los sueños y el mundo real?’ A mi juicio, está claro que la IA nos está llevando a un mundo irreal, confeccionado por la comodidad, del que estamos perdiendo control, dada la rebeldía ya mencionada de la IA (pero de momento, somos los que controlaos la situación). Mas existe la posibilidad de que todos quedemos reducidos a un esquema monista e inhumano como los modelos propuestos y mencionados de Hegel, Husserl y Heidegger.
Es preciso buscar el camino de la redención. No necesitamos un redentor especial como Harry Potter ‘el elegido’ contra las fuerzas del mal o un Neo tomado por ‘El Elegido’, es decir, un salvador profetizado capaz de manipular el código de la Matrix y guiar a la humanidad hacia la libertad. La verdadera libertad o salvación consiste en una magnificación de la humanidad, tal como nos recordó el papa León XIII en su encíclica. Esta ha de tomarse como un texto programático para nuestros días que supone un viaje muy parecido al de Neo quien aprende a doblegar las reglas físicas de la simulación, lucha contra entidades de control programadas conocidas como agentes (bajo el mando del agente Smith en la película). Finalmente, Neo abraza su identidad como El Elegido para derrotar al agente Smith y sus secuaces, brindando a la humanidad un camino hacia la liberación.
Y este camino de liberación lo tenemos dentro de nosotros.Se llama nuestra humanidad sobre todo en medio de una larga historia de inhumanidad con guerras, corrupción, abuso del poder, ejecuciones extrajudiciales, genocidios, etc. Si lo analizamos bien, todas estas maldades tienen o tenían la misma finalidad: un esquema monolítico, inhumano y deshumanizado, controlado por una fuerza superior carente de toda humanidad e individualidad, todo en nombre de la eficiencia, la facilidad y la rapidez que se hacen concretas en la comodidad.
Solo por medio de una mayor dosis de humanidad, lograremos superar las distopias, vislumbrar utopías y penetrar en los más recónditos secretos de la realidad, si bien muchas veces esta se ha reducido a un desierto, gracias a una larguísima historia de inhumanidad.
Solo con una mayor dosis de humanidad podríamos evitar que la IA se nos explotara cual un arma nuclear.