Moro-moro en mayo en el senado filipino

La realidad triste de la política filipina centrada en la preservación de dinastías que siguen destrozando la nación en lugar de exigir de las mismas la responsabilidad política mediante procesos constitucionales y judiciales establecidos

Un senador filipino saca la lengua para mofarse del pueblo mientras se celebra el triunfo del simulacro reciente en el senado filipino junto con un miembro del gabinete.  Destaca la calvicie del fugitivo Rolando Dela Rosa en el centro mientras habla con el miembro del gabinete del actual presidente de la Republica
Un senador filipino saca la lengua para mofarse del pueblo mientras se celebra el triunfo del simulacro reciente en el senado filipino junto con un miembro del gabinete. Destaca la calvicie del fugitivo Rolando Dela Rosa en el centro mientras habla con el miembro del gabinete del actual presidente de la Republica

En el Senado filipino, el 12 de mayo, se oyeron disparos de noche. Pero era todo una ‘zarzuela’ tal como se entiende esta palabra entre las masas filipinas. En otras palabras, un moro-moro o un simulacro o una obra de teatro. No hubo una batalla de verdad. Señaló que otra vez, nuestros políticos nos han engañado.Y muchos de estos políticos nos siguen engañando. Lo peor de todo es que la mayoría se deja engañar en medio de tanta pobreza, en medio de tanto sufrimiento. La política filipina, sobre todo en su dimensión partidaria —a la que toda política prácticamente queda reducida—, se caracteriza por la polarización producida por personalidades en lugar de ideologías o estrategias. Y estas mismas personalidades solo tienen un interés.Lamentablemente no es el del bien común o el de la nación o de los votantes sino en el de perpetuar sus propios intereses. Esto se logra con alianzas incluso con fuerzas o dinastías nefastas como lo son los Duterte o incluso los Marcos. Estas dos familias, cabe recordar aquí, forjaron una alianza para los comicios presidenciales de 2022 y acabaron siendo enemigos mortales.

             Moro-moro en la literatura filipina es una dramatización de una batalla entre moros y cristianos; una obra de teatro surgido en el siglo XVII que simboliza la realidad tensa, la división real entre filipinos mas con finalidad apologética o catequética: la de subrayar el triunfo del cristianismo sobre las fuerzas del islam. Acabó siendo no solo una epopeya dramática y literaria de dos religiones distintas, como son los musulmanes y cristianos, cuyo conflicto sigue hasta hoy en día y del cual se ha edificado esta realidad tensa que es Filipinas sino también es, en efecto, la epopeya de todos los hijos de esta nación que ahora, de nuevo, se vino para abajo, pues una vez más se ha reducido a un mero espectáculo, a puro teatro todo lo que debería ser honrado u honorable en este país como lo es el proceso que exige la responsabilidad política.

             Esta vez esta se les pide a los Duterte, concretamente en la vicepresidente, por violaciones contra la constitución. Mas no será fácil. Como siempre, está fuera del país; pese a su cargo no está haciendo nada por el país. Solo hace propaganda, visita a su padre detenido en La Haya, hace declaraciones nocivas e irracionales desde una distancia cómoda.

Tiros y espectáculos: La ola de la falsificación a través de un simulacro

             Aquellos disparos señalaban que se había escapado el fugitivo Rolando Bato dela Rosa, senador de la república, que huía, pues la Corte Penal Internacional, dado que Filipinas era signatario del Estatuto de Roma hasta que el entonces presidente Duterte retiró al país de dicho estatuto por temor a la rendición de cuentas ante la mencionada Corte, es decir, por motivos egocéntricos, había emitido una orden de detención contra él por crímenes de lesa humanidad. Dela Rosa fue el arquitecto, el gran ejecutor, el verdugo número uno de la guerra inhumana contra la droga de Rodrigo Duterte, un ‘moro-moro’ de primer orden que protegía a los capos amigos del entonces presidente filipino y mataba a rivales y a pobres inocentes transformando a este país en un verdadero campo de exterminio. Este mismo Rodrigo Duterte está actualmente encarcelado en La Haya por violaciones cometidas antes de la retirada de Filipinas del Estatuto de Roma y a la espera del comienzo de su proceso judicial.

             El 11 de mayo la Baja Cámara de Representantes votaron iniciar, por vez segunda, el proceso de destitución contra la hija de Duterte, Sara. Dicho proceso, la primera vez, fue bloqueado por un Senado con una mayoría fiel a los Duterte que fue suplantada por una nueva mayoría dispuesta a constituirse en un Tribunal de Destitución. Mas, tras 6 meses escondiéndose gracias a los rumores que comenzaron a circularse de la existencia de una Orden de Detención contra él emitida por la Corte Penal Internacional (cosa que hizo pública ese mismo 11 de mayo), reapareció el senador fugitivo dela Rosa, exgeneral jefe de la Policía Filipina, para ayudar a formar una nueva mayoría, junto a la hermana del presidente actual y con la que lleva meses y meses en estado enajenado por la política, que seguramente desbloqueará el proceso ya iniciado para que el mismo Senado se constituyera en Tribunal de Destitución.

             Por todo ello, se entabló un moro-moro de dimensiones teatrales pero es solo una cortina de humo, una maquinación, una manipulación contando con el beneplácito y la incompetencia de fuerzas bajo la autoridad ejecutiva del país, como el Departamento del Gobierno Interno, la Agencia Nacional para Investigaciones, la Policía Nacional.

No 13 apóstoles, sino 13 traidores: Los Judas del senado

             El que suscribe estas líneas está convencido de que estos 13 senadores, los ‘Judas’ de esta generación, constituyen los peores titulares de los escaños del Senado filipino. Peores que los que intentaron en 2001 salvar al entonces presidente Estrada de ser declarado culpable. En 2001 este tuvo que abandonar la presidencia debido a las medidas extraordinarias tomadas por el pueblo filipino incitado por un cardenal y otros ‘aprovechones’ que claramente solo tenían el propósito de debilitar la estabilidad política y constitucional de la nación para convertirla en una república bananera cuya solución siempre consiste en cambios impulsivos y caprichosos, conforme a sus criterios unilaterales. Por eso, la iglesia católica ha quedado de alguna manera desprestigiada. 

             Existen grupos que están abogando una solución extraconstitucional por lo lamentable de la actuación de esta generación de líderes en la legislatura.Mas, a nuestro modo de ver, esto no es aconsejable, pues solo debilitará lo que debería estabilizarse: el proceso constitucional. A la vez este mismo ha de madurarse por una recta interpretación y ejecución del mismo mas a través de procesos que respeten la constitución vigente y no fuera de sus ámbitos limítrofes.

              A este impasse estructural y sistémico, la única solución viable es una manifestación fuerte de parte del mismo pueblo en contra de este tipo de liderazgo, que en dos momentos y con dos presidentes del senado han manipulado y tergiversado el sentido de la ley y de la constitución para proteger a los Duterte y sus intereses propios, y el rechazo contundente a la hora de acudir a los colegios electorales.

             Aquellos disparos nocturnos señalaron que todo era un montaje. El fugitivo Dela Rosa una vez más se escapó.Con la colaboración desvergonzada de los 13 Judas. Tal vez con la complicidad desvalida de este gobierno actual, pues existe una foto del miembro del gabinete del presidente compartiendo el pan con estos 13 senadores, con uno de ellos sacando su lengua, mofándose del pueblo filipino que esperaba seriedad, profesionalidad, moralidad en momentos críticos para la ejecución de las provisiones constitucionales que exigen la responsabilidad política de los oficiales elegidos.

             Es fama que la mayoría de estos 13 Judas están involucrados en escándalos o casos criminales en un país incapaz y temeroso de enjuiciar a figuras poderosas en la esfera pública. En Filipinas, los pobres, los más pequeños son las víctimas de la justicia y los poderosos son los que se benefician de la misma.   Esto se debe a que el pueblo, imantado por superestrellas, no escarmientan. A la hora de votar, siguen eligiendo a bandidos y rufianes que solo piensan en convertir a este archipiélago en su paraíso exclusivo, en sus patio de recreos familiar, en su coto privado.

La persistencia de los moro-moros o la banalidad de todo lo sagrado y las heridas del pueblo hasta el desprestigio internacional

 Aquí prevalece la banalidad de todo lo sagrado, como la verdad, la justicia, la rectitud cuyo despliegue no solo consiste en el sufrimiento del pueblo y la exaltación de las elites sino también en un show que acaba siendo una tergiversación de la historia. Esta banalidad ha encontrado su expresión más difundida en el puro teatro que es el moro-moro en que los políticos son los protagonistas del montaje que ellos mismos han organizado. Todo ello con la finalidad de engañar, de influir, de manipular a las masas adoradoras.Dicho en otros términos, todo por aparentar ante el público pero vacío en contenido. Se trata del puro formalismo por lo que el estereotipo de político egocéntrico, inepto y corrupto sigue siendo vigente en la conciencia nacional en estas islas.

En los moro-moros de antaño, los musulmanes acababan siempre derrotados y convertidos al cristianismo por lo que culturalmente se han modificado la práctica, o al menos la temática y técnica, de escenificación de dichas obras de teatro para terminar con la perpetuación de estereotipos negativos que desfavorecían a los musulmanes filipinos.

Mas hoy en día en los moro-moros en la política, como la que se escenificó el 11 de mayo en el sagrado recinto del Senado filipino, se ha perpetuado el estereotipo negativo de los políticos actuales filipinos amén de predicar la dura lección catequética de que estos son los vencedores y el pueblo filipino siempre son los perdedores.

La conferencia episcopal filipina en una circular ha hecho pública su postura acerca de la posible iniciación en el Senado filipino del proceso de destitución contra la vicepresidente Sara Duterte de la que son incondicionales los 13 Judas, los 13 senadores, incluyendo el fugitivo de la justicia internacional que reapareció para participar en la elección de un nuevo presidente del Senado que es el paso definitivo para bloquear dicho proceso y tirarlo a la papelera de la historia.

             A la vez que ocurre todo esto, las heridas de la sociedad filipina, causada por los estragos no solo hechos por los Dutertes y de los Marcos, sino de todos los que actúan conforme a la política maléfica de estas dinastías, siguen supurando. Estos individuos siguen desprestigiando el país a los ojos de la comunidad internacional, pues algunos posibles inversores han retirado sus planes en invertir en el país. También están contribuyendo a la prolongación del sufrimiento colectivo en medio de tantas crisis, muchas de ellas provocadas por acontecimientos globales como las guerras que siguen. De verdad con estos políticos que habían ganado en las elecciones sus votantes, es decir, los verdaderos amos en una democracia, desgraciadamente bananera, son los perdedores perennes.

             Mientras tanto, cuando también se está esperando las primeras lluvias de mayo para acabar con la aridez estacional y preparando para la estación cuando estas lluvias se vuelven destructivas con los monzones, pueden hallarse consuelo, inspiración y luz en este escrito atribuido al apóstol a los gentiles que también lanza a todos —sobre todo a los entumecidos por la repetición incesante de moro-moros en la esfera pública—, un desafío:

‘Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación’ (2 Tim 4, 3-8).

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