Pax Silica en Filipinas

Hay mucho más en juego aquí que lo meramente económico y material

El reto de la IA conlleva efectos ecológicos y económicos.
El reto de la IA conlleva efectos ecológicos y económicos.

De entrada, he de decir que es preciso distinguir entre la técnica y la tecnología. Aquella significa la modalidad o el medio para conseguir un fin y esta el sistema de todas aquellas modalidades o medios que amenazan con ser la finalidad, con reducir toda la vida humana, es decir, toda la naturaleza, al fin, al sistema o la reducción de toda la vida al fin de los medios haciendo estos medios totalmente englobados, sobre todo en el sentido metafísico y ético. Por eso, todo esto es una cuestión ontológica, esto es, una cuestión del ser. ¿Se convierte en ser, con esencia, todas las modalidades o todos los medios en cuanto que todos estos se absolutizan como el fin englobante?

             También, por de pronto, esta cuestión puede solucionarse mediante una distinción fina, que ha de hacerse en cada momento concreto convirtiendo cada momento concreto en una ocasión propicia de responder, entre delegar un acto en otros agentes y renunciar a actuar por sí mismo.  La renuncia es abstención total mientras que la delegación es facultar para que otro haga sus veces o es conferir el poder de la representación. El delegar puede resultar en un uso comunitariamente inteligente y beneficioso de los medios a la vez que el renunciar es un acto totalmente deshumanizador que corre el riesgo de convertir a la humanidad en un monolito arracional (no solamente ‘irracional’), pues supone no solo la renuncia al uso de la razón sino sobre todo la privación o anulación absoluta de la facultad racional por la reducción voluntaria de lo humano a la esclavitud íntegra al sistema artificial producido por el envolvimiento y abarcamiento en la tecnología.

             Ya el magisterio reciente del papa León XIV, cristalizado en su encíclica Magnifica Humanitas, nos advertía de todo ello. En sí, la cuestión de la tecnología es amoral por lo que se nos presenta frecuentemente como un dilema. Pero si se reduce todo a la renuncia, es decir, cuando el delegar desaparece totalmente en un renunciar es entonces cuando la tecnología se vuelve problemática. Yo estoy convencido de que el proceso de formar una conciencia digital adecuada gira en torno de los dos conceptos mencionados (la delegación y la renuncia).

             Pero es preciso saber primero lo que se renuncia para poder discernir las ventajas y desventajas. Sin duda, la cuestión perenne de la creación, que no puede separarse del tema de la naturaleza (que se ha actualizado desde el magisterio del papa Francisco en la cuestión de la ecología), es el horizonte desde y en el que ha de llevarse a cabo toda reflexión relacionada con la IA.

             Pax Silica es una expresión que inmediatamente dice que es un nuevo orden social en que las tecnología digitales predominan o son los nuevos emperadores. Es un orden que ordena a través de la IA, el control de grandes cantidades o volúmenes de datos, identidad digital, tecnologías digitales, seguridad biométrica, control de las redes sociales, ingeniería de comportamientos, etc.   Es una gran inversión en que muchos países están involucrados sobre todo los EE.UU. en cuyo suelo, específicamente el estado de Nueva York, fue rechazado dicho orden.

             Filipinas, país del tercer mundo y a la merced de sus aliados más poderosos encontrándose en un juego político y económico de tiro con cuerda entre los dos ejes, a saber, China y los EE.UU., está emergiendo como una sociedad digital y un peón de un aliado o amo poderoso, como lo es el Tío Sam. Archiconocido por ser un país de mano de obra barata, sería el lugar ideal para los grandes predadores globales de bienes y de recursos. En países como Filipinas, los dañados siempre son los propios ciudadanos mientras que siempre salen ilesos los inversores globales de los países más desarrollados.

             Este proyecto se presenta como nueva promesa económica, como aquella planta de energía nuclear que falló en los años ochenta, no solo por las situaciones geográficas sino también por la corrupción e ineptitud. Esta tierra y sus gentes no son capaces de gestionar suficientemente y, en pro de sus propios ciudadanos, un empeño tan grande.

             Y ahora se nos presentan los retos ecológicos más importantes de este posible nuevo orden: el suministro de electricidad y de agua. Estas dos se encuentran en condiciones precarias en este país de corruptos e ineptos, visitado por sequías y tifones, anegado, no regado, por las dichosas inundaciones que no somos capaces de controlar, otra vez, por la ineptitud y la corrupción. Y en medio de esto, el presidente nos dice que aguardemos una nueva época nuclear para nuestro país.

             No es solo cuestión del precio sino de la gran renuncia a recursos más básicos. En teoría la propuesta parece prometedora en el sentido materialista pero claramente hay un gran fallo.

             En abril de 2026, Filipinas se unió formalmente a la gran alianza, al gran sistema un terreno de 1.620 hectáreas en New Clark City, Provincia de Tarlac, dentro del Corredor Económico de Luzón, asignadas para la primera Zona de Seguridad Económica de este tipo, denominada el Golden Node o nudo dorado.

Es preciso subir el tren del progreso, de las nuevas tecnologías. De ello no cabe duda. Mas no se debería renunciar a las cosas fundamentales que no solo se limitan al suministro de agua y electricidad. Se generará empleo pero, ¿será estable o permanente?  No cabe duda de que Pax Silica es nuestra segunda oportunidad para industrializarnos como nación en medio de tanta pobreza e inseguridad. Mas, además de lo ya mencionado, este nuevo orden también producirá la degradación ambiental, el aumento del costo de vida, el aumento de las emisiones de carbón, crisis de residuos electrónicos, esclavitud digital, disrupción de tipo laboral, riesgos para la seguridad nacional y desigualdad social, entre otras consecuencias que no se pueden enumerar en su totalidad aquí.

             A esta luz, cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿somos capaces o tenemos las competencias necesarias, amén de los recursos, para poder sobrellevar o soportar todo esto? Me temo que la respuesta no sea afirmativa.

             A estas alturas, debemos responder que el proyecto es masivo; supera nuestra capacidad. ¿Por qué lo ha rechazado Nueva York? Es preciso ser ecológicos, es decir, usar lo que realmente se necesita, permanecer conscientes de los costos no del todo evidentes. Hemos de ir al fondo de las apariencias para poder apoyar políticas y propuestas cuya finalidad es un crecimiento tecnológico sostenible y responsable. A estas alturas, todo esto suena a ambición desmesurada que solo podría traducirse en una expansión descontrolada.

             Se seguirán derramando ríos y ríos de tinta sobre este asunto. Mas por el momento rematemos nuestras reflexiones expresando nuestra profunda preocupación desde una óptima cristiana y humanista, también ecológica y filipina. En los días venideros escucharemos a voces más autorizadas al respecto para ir formulando una postura más precisa, detallada y fundamentada. 

Estas reflexiones solo quieren ser una llamada en los siguientes términos: no renunciemos a nuestro bienestar en favor de la comodidad. No renunciemos a nuestra vocación de delegar en orden a renunciar a nuestros derechos innatos al bienestar fundamental que va más allá de lo meramente material o económico. Es patente que aquí hay algo mucho más grande en juego. La renuncia a los derechos fundamentales en nombre de la tecnología es la nueva forma de esclavitud que traerá nuevas formas atroces de sufrimiento afectando, quizá de manera irreversible, a nuestro medio ambiente.

¡Sin medio ambiente no podría existir la raza humana! No olvidemos que podríamos vivir sin la IA pero no sin agua ni electricidad, que siguen siendo lujos para muchas zonas de este país riquísimo en recursos naturales pero pobrísimo en lo que a la gestión y explotación responsable se refiere.

Este nuevo orden se nos presenta, ante todo, como un desafío a nuestros valores más que la solución a nuestros problemas de inmediato.

             

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