Quo in Philippina Republica
En su 75 aniversario. El legado de Pío XII en la modernización de la Iglesia Filipina
Mucho se ha escrito sobre el papa Pío XII, papa durante un tiempo difícil. Su pontificado duró 19 años, es decir, de 1939 a 1958, coincidiendo con aquella hecatombe que era la Segunda Guerra Mundial. Su papel controvertido durante esta contienda sigue siendo tema de estudio.Pero quiero escribir sobre este papa, a quien todavía no comprendemos del todo, y su papel en la Iglesia de Filipinas.
De entrada, he de decir que con él comenzó la modernización de la Iglesia Filipina, sobre todo a raíz del período de posguerra, con la independencia del país de los EE.UU. en 1946. Pío XII fue el primer verdadero impulsor de una jerarquía eclesiástica nativa. Si bien no nombró al primer obispo nativo, él estableció relaciones diplomáticas formales el 04.06.1951 con la elevación de la delegación apostólica en Nunciatura Apostólica. Junto a esto la sede antigua de Manila, la única archidiócesis en las islas hasta 1935 y que de facto se consideraba como ‘sede primada’ (Toledo durante la ocupación española hasta 1898 fue la sede primada para nosotros), había tenido su primer arzobispo filipino en Mons. Gabriel Reyes Martelino de 1949 a 1952. Reyes fue el primer arzobispo filipino (1934). Al ser trasladado a Manila de Cebú, que fue elevada a archidiócesis en 1935, quedó patente que era irreversible ya la indigenización de la jerarquía filipina.
Durante el período difícil de la posguerra, Pío XII apoyó, desde lejos, la reconstrucción material y espiritual de la Iglesia filipina. Con la bula Quo in Philippina Republica, emitida el 29.06.1951 y cuyo 75 aniversario se celebró el otro día, Pío XII no solo impulsó la reorganización de la Iglesia local sino que apoyó públicamente el surgimiento de Filipinas como un estado soberano con una identidad marcadamente católica. La elevación a nunciatura de la delegación en Manila dejó en evidencia este reconocimiento papal que en la Filipinas de entonces era un gran motivo de orgullo sobre todo en medio de los desafíos, sobre todo económicos y sociales, en la década de los cincuenta.
También en la misma fecha, las diócesis de Nueva Segovia, Nueva Cáceres y Jaro fueron elevadas a su vez a la dignidad de archidiócesis.
Pío XII era ante todo un diplomático y administrador. Tenía una visión preclara. Vio la necesidad de modernizar la estructura eclesiástica filipina forjando la ruptura definitiva de los esquemas y sistemas coloniales previos, sin deshacerse de la presencia de misioneros extranjeros en las islas pero dando más protagonismo, desde el punto episcopal, a los nativos dada la nueva realidad política. Supo leer los signos de los tiempos, por así decirlo. Los nuevos contextos poscoloniales exigían nuevos paradigmas tanto pastorales como administrativos. Estos nacen de la necesidad de una mayor contextualización en las realidades que significaba un constante desapego de aires de superioridad coloniales y un mayor protagonismo de parte de los indígenas.
El resultado era una iglesia indígena más fuerte y más orgullosa. No necesariamente más perfecta pero sí más en consonancia con los procesos históricos y las necesidades culturales que surgen de los mismos. La ruptura definitiva con un modelo de pasado jerárquico fue la obra maestra del papa Pacelli en estas islas que nunca visitó pero a las que miraba con la benevolencia quizá paternal y paternalista que todavía sigue imperando hoy en día pero con menos intensidad. Pero no se puede dudar que la Bula Papal Quo in Philippina Republica es un hito importantísimo en el camino eclesial de Filipinas y que merece ser estudiada con más parsimonia de parte de los historiadores competentes, sobre todo a la luz de la encíclica Evangelii Praecones (emitida el 02.06.1951, unas semanas antes que la bula) en donde Pío XII, redefiniendo la vocación misionera de la Iglesia, urgía el establecimiento de jerarquías locales nativas, consciente de que era la época del comienzo del fin del colapso de los imperios coloniales.
Por así decirlo, con esta bula, Filipinas, eclesiásticamente hablando, se ha desprendido de sus pañales y faldones coloniales y empezó a ponerse pantalones de tejidos nativos para hacer saber a los cuarto vientos que ha llegado a la mayoría de edad.