REFLEXIÓN PASCUAL ACERCA DE LA LOCURA

La locura humana a nivel eclesial y político vista desde la Cruz de Jesucristo

La 'fiesta de los locos' se vuelve realidad cada misa crismal cuando se reduce a un festejo para exaltar el clericalismo en Filipinas
La 'fiesta de los locos' se vuelve realidad cada misa crismal cuando se reduce a un festejo para exaltar el clericalismo en Filipinas

Como ya dejé dicho en otras ocasiones, el Jueves Santo en mi tierra, sobre todo por lo de la misa crismal, se convierte en la fiesta clerical por excelencia al reducirse la celebración de la institución del sacerdocio en el Día del Clero en que los clericales festejan a sus idolatrados clérigos manifestando que estos son el centro de la vida eclesial y no los pobres, pues en Filipinas, que es una iglesia mayoritariamente compuesta de los pobres, la iglesia está lejos de ser la de los pobres.De ahí esta locura desemboca en el arribismo que sigue dañando la vida eclesial.

Y en la misa crismal en la capital, el cardenal reconoció en su homilía, la primera vez que se hizo en la historia de este archipiélago, del problema de los trastornos mentales del clero puesto que ya ha habido casos de depresión mental que desembocó en el suicidio, a veces no reconocido públicamente para ahorrar tanto al clero como a los familiares los disgustos que conlleva una publicidad no del todo deseada.

Por su parte, un obispo de una diócesis sufragánea dio las gracias a los fieles laicos por su paciencia, comprensión y oraciones por los clérigos. Sabe bien que el poder detrás del clericalismo está en los laicos que lo permiten pero en aquel momento reconoció que la verdadera fuerza que hace que la iglesia pueda moverse como pueblo peregrino de Dios en esta tierra la tienen los fieles laicos, los excluidos de los centros del poder eclesial controlados por los clérigos.

La realidad es que el clericalismo ciertamente tiene raíces patológicas.

Lo mismo puede decirse del despotismo, de la ‘hubris’, de la locura en el ámbito político. Ahora el déspota filipino, que ha matado a sus propios paisanos además de promover una cultura de locura marcada por la violencia y la corrupción y que había insultado a Dios públicamente, está ahora en La Haya por crímenes de lesa humanidad.   Y a este se le compara a Jesucristo, tras haber insultado al Dios Cristiano tachándolo como ‘estúpido’, por la injusticia de su situación carcelaria.

 Mientras tanto sus incondicionales, encabezados por su hija, se enfrentan a sus exaliados, que ahora ostentan el poder y que son retoños del dictador que en su locura había caer a toda la nación en la década de los setenta hasta de los ochenta en una noche oscura colectiva marcada por la locura también de la violencia y de la corrupción. Hasta la fecha el país no se ha recuperado de las consecuencias nefastas de estas locuras.

Y hoy en día el mundo entero está sufriendo las consecuencias de la locura de uno, rodeado también de sus incondicionales, que amén de hacer declaraciones contradictorias actúa conforme a su capricho propio sin luz sino la de sus propios impulsos propensos a la ira y al odio.Esta semana, durante el desayuno de oración de la Pascua, en el domicilio más destacado del mundo, de nuevo se oyeron diatribas contra la fe, contra los más pequeños, contra los que se resistieron a sus llamadas de guerra, odio y violencia que está sacudiendo no solo el país sino el mundo entero, pero a la vez también fue comparado con Jesucristo.Se trataba de una hagiografía desmesurada, insolente, descarada que ha anulado cualquier vestigio sacral con que el acto se había organizado.

La locura de este hombre que encarna una ideología destructiva que muchos cristianos desgraciadamente apoyan está empujándonos al abismo colectivo. Desgraciadamente honró con su presencia en dicho acto irracional y blasfemo un obispo muy conocido como teólogo y predicador mediático. Su presencia y su silencio frente a lo que ocurrió en dicho evento, junto a todo lo que había ocurrido desde que este estilo de gobernación recuperó tras una tregua de cuatro años, demuestra una cara desagradable de la locura del clericalismo: la de perder la voz profética, que suena como denuncia, por dejarse avasallar por el poderío mundano que se ha vuelto inmundo por estar manchado de sangre, lágrimas e incluso petróleo.

Pobre mundo, pobre países pobres como el mío, pobre gente. Estamos todos a la merced de casos claramente patológicos. Para más inri hay muchos entre nosotros, que son víctimas pero que siguen aplaudiendo y apoyando a estas locuras del mundo. Estas son señales inconfundibles de la destrucción de tales sistemas conforme a aquel escolio escrito por Sófocles: Quos Iuppiter vult perdere, dementat prius!

Todo se ha vuelto irracional: insoportable porque la conversación digna y respetuosa ha sido sustituida por una agresión irrazonable que ha desatado una ola de destrucción que sigue haciendo estragos.

Ayer, Viernes Santo, durante la lectura de la Pasión oímos a Jesús declarar ante Pilatos que su reino no era de este mundo.Es decir, su criterio de racionalidad es distinto al nuestro que es destructivo. Lamentablemente es este el criterio vigente entre varios que ostentan el poder. Menos mal que hay varios, cuyas voces también resuenan en esta pecera frágil y transparente que todos habitamos y compartimos, que se han negado a participar en la última muestra de locura que ha fracasado miserablemente en capturar un estrecho clave en el transporte de petróleo del que nuestro mundo ultratecnologizado depende.

En el relato de la Pasión según Juan en vez de seguir el patrón del Siervo Sufriente del Segundo Isaías se palpan la dignidad, la fuerza, la inminente victoria del Crucificado, humillado, golpeado y matado todo para subrayar que la victoria final no la tiene la locura del mundo puesto que la Verdad triunfará ya que este Cristo que no pierde su respetabilidad en medio de todo aquel atroz proceso por lo que tuvo que pasar es testimonio de la Verdad. Por esta Verdad esta locura mundana se intensificará y esta intensificación afluirá en su derrota final. De ello tenemos muchos testimonios en la historia.

Frente a toda esa locura mundana, que pasará y que se verá derrotada, está la locura de Dios. La locura de Dios es la de un amor incondicional hacia el hombre hasta el punto de autovaciarse en Cristo para elevar al hombre de su bajeza, de la locura irracional e irrazonable que lo condiciona, a la verdadera gloria que supera los límites egocéntricos y destructivos de la locura del mundo.

Esta locura de Dios tiene un símbolo que es la Cruz que Pablo contrastó con los saberes mundanos, con las filosofías humanas (y paganas) y que hoy en día sobreviven en ideologías ultraderechistas disfrazadas de un cristianismo activista, por ejemplo. Esta misma Cruz descubrirá la Verdad de todas estas ideologías, de que son vanas y vacías, que sus promesas son ilusorias e irreales. Solo traen consigo la destrucción incluida la de los que la promueven, imponen y ejecutan.

El mismo papa León XIV, en su homilía en su primera Misa de la Última Cena como papa, destacó esta locura al citar el lavatorio de los pies por el mismo Jesús, pues esta locura solo puede vivirse por nosotros en el servicio hasta el extremo. En este caso, citó el ejemplo de san Óscar Romero. Esta locura tiene su raíz en el autovaciamiento de Dios en Cristo que el papa, en su primera homilía como Supremo Pontífice en la misa crismal, subrayando que Jesucristo ‘se anonadó a sí mismo’, citando la Carta a los Filipenses.

Esta locura es la que vencerá y que pondrá fin a todo el mal desatado por la locura de los que abusan el poder. Esto es lo que ha subrayado el padre Roberto Pasolini en su homilía de Viernes Santo predicada en presencia de León XIV. El mal se multiplica, sigue circulando debido a personas dispuestas a difundirlo pero Cristo, con su Cruz, propone una lógica nueva, una lógica que desalojará la locura del mundo, y que con esta lógica nueva, con la locura de la Cruz que es locura del amor, se rompe esta cadena.

Esta locura de la Cruz es la fuerza que acabará con la locura del mundo en donde se multiplica el mal y la violencia, pues es una llamada a no devolver el mal por el mal, a deponer las armas y a servir a los demás. 

La Cruz tiene su propio criterio, séame permitido añadir, que deshará el sistema supuestamente racional promovido por las locuras mundanas, tanto a nivel político como a nivel eclesial, que solo tiene la finalidad de dominar a los demás en vez de servirlos.

Para poder resucitar hemos de deponer la locura del mundo y abrazar la locura de la Cruz. Comencemos por no aplaudir a los clérigos que solo buscan rédito social entre sus feligreses, por no asistir a eventos que secundan una retórica falsificadora, por no callar ante hechos inhumanos incluso en presencia de los que los promueven desde instancias del poder que ellos ostentan gracias al Padre. Es este el origen de todo poder como declaró Jesucristo con valentía incomparable en su comparecencia ante Pilatos, conforme al relato de Juan.

En otras palabras, solo la Cruz nos puede brindar el linimento para nuestras heridas patológicas, que nos hemos infligido a nosotros mismos empezando con el consenso y que han confluido en la destrucción de este mundo nuestro que es en realidad una pecera frágil y transparente.

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