San Juan de la Cruz, metafísico
Desde los retos de Kant y Hegel: Reflexiones breves para este centenario sanjuanista
Doctor de la Iglesia, Maestro de la vida espiritual y mística, san Juan de la Cruz es un gran metafísico. Esto es lo que siempre he querido comprender y demostrar desde fecha muy temprana (sobre todo en mi estudio publicado en 2002), desde categorías cristianas, escolásticas y, ¡cómo no!, neoplatónicas, ya que el neoplatonismo, de origen pagano, entró en la tradición cristiana, sobre todo a raíz de san Agustín y el Pseudo-Dionisio.
Metafísico es quien estudia la realidad y quien propone comprender y vivirla.Metafísico es maestro del pensamiento quien escruta la realidad en su conjunto, comúnmente denominado mundo, mediante el pensamiento. Pero incluso antes que Kant, Juan de la Cruz vio la incapacidad del pensamiento por lo que propuso la primordialidad y la importancia global de la experiencia, no solo como dato de lo percibido y asimilado por los sentidos sino sobre todo como condición de comunión y participación con lo Absoluto, junto a todo lo creado o existente.
Incluso antes que Hegel, Juan de la Cruz había propuesto un camino y proceso hacia lo Todo o lo que el filósofo alemán idealista denominó conocimiento absoluto de lo Absoluto.
De hecho, existen dos estudios grandes, que siguen siendo paradigmáticos, que intentaron leer a Juan de la Cruz desde Kant e incluso Plotino, por preguntarse acerca de las condiciones del proceso hacia la unión con lo Absoluto (el de Jean Baruzi cuya primera edición salió en 1924, a saber, Saint Jean de la Croix et le problème de l'expérience mystique. Paris, Félix Alcan) y desde Hegel, que fue un esfuerzo mental titánico de interpretar todo el proceso místico como problemática, su lógica o realización metafísica, dado que hay una identidad entre ser y pensar, y su simbólica (el de Morel cuyos volúmenes se publicaron en 1960 y 1961, es decir, Le sens de l'existence selon saint Jean de la Croix. Paris: Aubier).
Es cierto que hasta hoy en día, la metafísica sigue teniendo que habérselas con Kant y Hegel. Si bien toda actividad filosófica comienza en lo empírico, pretende ir más allá. Esta pretensión llega a la metafísica que es un conocimiento supremo sobre la realidad que parte de la observación hasta el punto según Kant, de establecer todas las condiciones sobre el conocimiento o el conocimiento a priori. Este se ha establecido como el centro de la filosofía, la gran pregunta ineludible: la metafísica. Por su parte, Juan de la Cruz, quien desarrolla su obra desde la perspectiva del alcanzamiento con la unión con Dios, dice de antemano que es posible a llegar a tal unión, enumerando sus principios y condiciones; hasta sus pasos. Esta unión es más que mero conocimiento; es experiencia englobante, comunión: adhesión a la vez participación en la vida de Dios en clave de amor.
Sin embargo, Kant ponía límites. Deletreaba el principio a priori pero desde el principio había dicho que la empresa de llegar a lo trascendente es un fracaso por lo que es mejor vivir éticamente.Juan de la Cruz afirma, por su parte, la posibilidad del alcanzamiento trascendental de la unión a la vez que expone un programa de vida por lo que su filosofía es de veras una filosofía de la vida. No es meramente ética sino un camino espiritual englobador y no meramente un sector en contraste con la teoría.
Hegel, por su parte, con maestría inigualable enumeró y explicó los pasos hacia el conocimiento metafísico, hasta llegar al conocimiento de lo absoluto que es conocimiento también de sí mismo. Como dejamos dicho, Hegel afirmaba la unidad entre el ser y el pensar de tal forma que el conocimiento metafísico consiste en el conocimiento que el pensamiento o la razón tiene de sí mismo cuyos procesos y tensiones describió Hegel. Este quería reducirlo todo a sistema. La experiencia que es el camino ha de desembocar en el sistema que es el conjunto de todos sus planteamientos acerca del conocimiento absoluto, que él ha fijado sobre todo en su Enciclopedia, tras abrir el camino dialéctico en su Fenomenología del Espíritu e identificar el ser con el pensar en la Ciencia de la Lógica.
Por su parte, Juan de la Cruz intentó reconstruir los pasos hacia la unión con lo Absoluto que es Dios pero no quería una «ciencia del pensamiento puro» sino una empresa amorosa que tiene quiebras, faltas, callejones no cerradas; no solo por no terminar de fijar todos los detalles de su Itinerario, en el caso de Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura, sino porque para él hay amplitud, hay discurrimiento, hay apertura, quizá infinitas posibilidades pero con el mismo espíritu, con la misma meta amorosa:
A zaga de tu huella
los jóvenes discurren al camino,
al toque de centella,
al aderezado vino,
emisiones de bálsamo divino (Cántico Espiritual B, 25).
En otras palabras, el camino de la experiencia, que es seguimiento de Cristo y que es el ideal mas alto que culmina en la unión (pero siempre vista desde el alcanzamiento de esta misma unión) hay apertura. Las bóvedas de la obra sanjuanista están abiertas al discurso, al discurrimiento pero siempre con el ánimo de que el ardor, simbolizado por la juventud que emprende este camino, gozará íntegramente, pues no es simplemente un conocimiento seco, árido o puramente especulativo, sino que es experiencia. Es decir, la metafísica sanjuanista es experiencial; es gozoso por ser amoroso, como el ‘aderezado vino’ y las ‘emisiones de bálsamo divino’.
Además, más allá de precondiciones a priori y reducciones experienciales al sistema, san Juan de la Cruz y su metafísica abogan un compromiso integrador, que es optar por el Todo de Dios o de lo Necesario frente a la Nada de todo lo existente (o las criaturas) que son lo contingente. Siendo así, la metafísica de san Juan de la Cruz, que necesitaría ríos y ríos de tinta y que no podría abordarse en un ensayo tan breve como este, con raíz evangélica, expuesta con categorías escolásticas de su tiempo, con corrientes neoplatónicas, entre ellas, es formidable, es vivenciable…y sobre todo, amable por que cobra su sentido en el amor que caracteriza el Encuentro con lo Absoluto, que en su léxico es ‘unión’ pero que es, en realidad, desde nuestro léxico de hoy, ‘comunión’, pues es unión participativa, de tal forma que el hombre, en esta metafísica, llega a ser ‘Dios por participación’.