A SEGUIR LA BATALLA

  La oración como acto de guerra contra la guerra injusta           

El papa León XIV en el momento de iniciar su tercer viaje apostólico
El papa León XIV en el momento de iniciar su tercer viaje apostólico

Escribo estas reflexiones cuando Léon XIV está a punto de emprender su viaje apostólico a África del 13 al 23 del corriente. Nuestras oraciones y mejores deseos acompañarán al papa, su séquito y al pueblo africano de manera especial durante este momento histórico. El primer eslabón de este viaje es Argelia, la tierra de san Agustín.

             Mientras tanto siguen resonando sus palabras por la paz desde el comienzo de la Semana Santa hasta el Segundo Domingo de Pascua. Últimamente se ha endurecido el tono de sus mensajes. No cabe duda de que este tono es oportuno dada la seriedad del problema.  Obviamente no les ha gustado esto a las personas interesadas. Y como era de esperar también estas a su vez han hecho declaraciones públicas contra la persona y la postura del papa con una actitud de mal gusto reflejada en unas palabras irrespetuosas y de mal gusto diseminadas en las redes sociales.

             Desgraciadamente la guerra sigue, y en Líbano se ha visto que el teatro de operaciones bélicas se ha ampliado. Siguen los estragos. Cada día se extiende cada vez más la ola de la devastación por medio de las consecuencias económicas funestas de esta barbarie sobre todo en los países más pobres, entre ellos Filipinas en que los lamentos cotidianos se han intensificado por la subida de los precios y la conciencia de la precariedad de los suministros de los recursos vitales.

Mas la batalla contra la guerra y toda la maldad extendida por medio de la oración sigue. Nuestra oración no acabó con aquella Vigilia de la Oración celebrada el 11.04.2026. Podría afirmarse que este evento es solo punto de partida y no algo concluido.

En la Vigilia, el papa nos recordó que la oración va en contra del ‘delirio de la omnipotencia’. Solo Dios es omnipotente. Pero con la oración nos participamos en este poder omnipotente.De hecho, León XIV ve la guerra como un acto de idolatría. Es adorar a dioses falsos u hombres que se creen divinos. En la audiencia a los obispos caldeos antes de dicha Vigilia había dicho el papa que 'quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas'. En efecto, está afirmando que los que pertenecemos a la comunión que es la Iglesia, por ser discípulos del príncipe de la paz, no podemos estar del lado de lo que causan la guerra. ¡No se puede ser cristiano y amante de la guerra!

Como cristianos, como discípulos de Cristo nuestras vidas se caracterizan por las luchas por cumplir la voluntad de Dios dentro de contextos difíciles. Un gran componente de esta vida de lucha es la oración. Desde que leí por vez primera en fecha temprana el Libro del Éxodo comencé a entender la oración como una batalla incesante que no tiene tregua. He aquí el pasaje: ‘Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec. Y, como le pesaban los brazos, sus compañeros tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo, a filo de espada’ (Ex 17, 11-13).

En el ejemplo de Moisés, se ve el poder de la oración, se ve el poder de la intercesión en que el hombre, en conformidad con la voluntad de Dios, participa en ella. Con las manos altas, que es el mismo gesto que los presidentes de la liturgia y también muchos laicos sobre todo en el rezo del Padre Nuestro, se indica esta participación, pues supone que todo depende de Dios quien exige adhesión constante y permanente con Él. El ejemplo de Moisés nos recuerda que no podemos cambiar la voluntad de Dios con las manos altas pero sí podemos estar en sintonía con su voluntad y de hecho ser instrumentos del cumplimiento de su voluntad. 

Si bien el texto bíblico habla de una guerra, no es un llamamiento a favor de la misma. Amalec y su pueblo, en el texto, son las fuerzas del mal. En estos momentos, ningún pueblo, por muy radical que sea su ideología, no representan las fuerzas del mal. La guerra injusta e innecesaria, en que todos sufren, es el nuevo Amalec con sus huestes. La guerra injusta e innecesaria constituye las nuevas fuerzas del mal contra las que hemos de luchar, empezando con la oración que conlleva un compromiso activo en la historia para hacer todo lo que podamos, dentro de nuestras posibilidades, para vencer este mal.

Y hoy en día, claramente la voluntad de Dios es la paz, el cese de la destrucción que es el bien de todos los hombres. Este bien ha de vivirse, hemos de trabajar por lograrlo constantemente, esto es, sin cesar, con una voluntad férrea que desde la bajeza de nuestra condición finita y culpable se levanta, con las manos o con la integridad de sí mismo, hacia las alturas de Dios, hacia su mismísima trascendencia de la que somos partícipes.

Con las manos levantadas hemos de atrevernos a decir las verdades, pues la oración no se nutre de mentiras. La oración es discurso relacional de verdad que compromete al hombre. Este tiene que luchar no solo con rezos sino con palabras y gestos concretos para que se cumpla la voluntad de Dios que es el despliegue de su verdad en la historia. Pero siempre desde la humildad, desde el conocimiento profundo de sí mismo que conlleva el conocimiento profundo de la voluntad de Dios.

Estos días me vienen acompañando los textos recientes de León XIV. Su parresía nos inspira a todos a que seamos valiente a la hora de elevar nuestras súplicas y de comprometernos por la paz. Por el momento, cuelgo la pluma para reflexionar acerca de estas palabras certeras y valientes pero sobrias y respetuosas del papa pronunciadas en el avión que lo está llevando a África: ‘Yo no soy un político. No tengo ninguna intención de debatir con él. En lugar de ello, busquemos siempre la paz y pongas fina las guerras. No le tengo miedo a la administración de Trump.Yo hablo sobre el Evangelio. No soy un político. Pienso que el mensaje del Evangelio no debería ser abusado cómo lo están haciendo algunas personas. Seguiré dando voces contra la guerra, intentando promover la paz, el diálogo multilateral entre estados para buscar la solución correcta a los problemas.El mensaje de la Iglesia es el mensaje del Evangelio. ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz’. No veo que mi rol sea el del político. No quiero tener un debate con él. Hay demasiadas personas que están sufriendo en el mundo’.

             Que este grito profético de León XIV forme parte del texto de nuestra oración incesante, con las manos levantadas como Moisés, en estos momentos dificilísimos en que la humanidad de la humanidad se ha puesto en juego por los que se creen omnipotentes o dioses.

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